¿Liberalismo carretero?

30. agosto 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Una de las premisas fundamentales del liberalismo clásico es que el papel del Estado en economía debe limitarse a proveer ciertos bienes y servicios orientados a mejorar el proceso productivo que, por su naturaleza, no resulten rentables para la iniciativa privada.

 

Buena parte de esta filosofía estaba contenida en la intervención que ayer realizó el consejero de Obras Públicas, Urbanismo, Vivienda y Transporte del Gobierno de Aragón, Rafael Fernández de Alarcón, durante su comparecencia ante la correspondiente Comisión de las Cortes de Aragón.

 

La anunciada revisión del Plan Red de mejora de las carreteras autonómicas de Aragón será una medida positiva si racionaliza el esfuerzo inversor en función de las necesidades de la población. Por el contrario, si se priorizan las zonas con mayores potencialidades económicas en detrimento de los demás territorios rurales de Aragón, estaremos dando un gran paso atrás en cuanto a la calidad de vida de la población aragonesa.

 

La argumentación ofrecida por el consejero en el sentido de que las infraestructuras, el transporte y la vivienda deben estar orientadas a favorecer el desarrollo económico de la Comunidad Autónoma con la creación de empleo estable y de calidad, no resulta demasiado halagüeña. En primer lugar, por el propio enfoque utilitarista de la misma, y en segundo lugar, porque estos factores influyen mínimamente en la creación de riqueza, respecto a otros mucho más importantes como la estimulación de la demanda interna a base de incrementos salariales importantes, o la promulgación de una legislación laboral que erradique la temporalidad y apueste por una verdadera estabilidad en el empleo.

 

Otro de los retos que ayer se fijó Fernández de Alarcón fue apostar por “la vivienda social basada en el alquiler de vivienda para los más necesitados”. La vocación social del Gobierno de Rudi tiene en este terreno una buena piedra de toque, teniendo en cuenta el inmenso stock de viviendas existente, y las crecientes necesidades de la población en este aspecto. En cualquier caso, los criterios técnicos que plasmen el desarrollo de esta idea pueden considerar como “los más necesitados” a 15 personas o a 100.000, en función de los requisitos que se establezcan.

 

Al tratarse de competencias del Gobierno central, más margen de maniobra permite al consejero su apuesta por el desdoblamiento de la N–II y de la N–232, así como por la reapertura del Canfranc y por la construcción de la Travesía Central del Pirineo (TCP). No obstante, el nuevo Gobierno de Aragón debe tener en cuenta que habrá que seguir planteando estas reivindicaciones en el más que hipotético caso de que Mariano Rajoy ocupe La Moncloa a partir del próximo mes de enero.

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