La derrota de ETA

21. octubre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Una mezcla de optimismo y desconfianza invadió ayer a la población española después de que la banda terrorista ETA anunciara a través de un videocomunicado que ha decidido “el cese definitivo de su actividad armada”.

 

Estas siete palabras ponían fin a medio siglo de violencia, de terror, de chantaje, de miedo, de consternación, de rabia contenida y, sobre todo, de serena firmeza ante a la barbarie por parte de la sociedad española. El día de ayer, 20 de octubre, será recordado como aquel en el que se puso en marcha la cuenta atrás para la desaparición total de un grupo de criminales que ha sembrado dolor e indignación por todos los rincones de nuestro país.

 

A pesar de que en el comunicado no hay ni una sola palabra dedicada a las víctimas de la banda, ni tampoco el menor atisbo de autocrítica, no cabe duda de que este es el punto final definitivo de la actividad criminal de ETA, básicamente, porque las gentes de la llamada “izquierda abertzale” no entenderían una hipotética vuelta al tiro en la nuca.

 

Más bien, cabría entender la arrogancia que rezuma el comunicado como un mensaje destinado al consumo interno de quienes, en su infinito fanatismo, todavía consideran a unos simples asesinos cobardes como gudaris liberadores de una patria que jamás existió.

 

ETA ha sido derrotada, y ETA lo sabe. Su comunicado, sin petición “militar” alguna, es la prueba fehaciente de que la banda terrorista ha sido vencida por la acción policial, por la colaboración internacional, y sobre todo, por la casi inquebrantable unidad de los demócratas, sólo rota por la miserable demagogia que ciertos líderes del Partido Popular desplegaron durante el bienio 2006–2007.

 

Algunos de ellos puede que tengan que verse en la tesitura de pilotar a partir del 20N las consecuencias de esta rendición incondicional de ETA, sobre todo, en lo relativo al desarme de la banda, a la aplicación de posibles beneficios penitenciarios a los presos que hayan apostado por la paz, y a la normalización institucional en el País Vasco.

 

En cualquier caso, este momento es idóneo para sentir la “legítima satisfacción por la victoria de la democracia, de la ley y de la razón” de la que ayer hablaba José Luis Rodríguez Zapatero en sus primeras declaraciones tras rendición de ETA.

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