¡A buenas horas, mangas verdes!

26. abril 2010 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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Pues sí señor. Por muy triste que resulte el adagio, parece que así es. Infinidad de conocimientos parece revitalizarnos cuando vamos acumulándolos en los postreros años de nuestra vida. Los impensables avances de los medios de comunicación desde hace no muchas décadas, nos van dando constante información y un enorme compendio de los más variados aspectos formativos, que nos van enriqueciendo intelectualmente. Pero… ¡a buenas horas mangas verdes! 

 

Los ancianos, aprendices de todo, no damos abasto a la impresionante oferta que se nos facilita para saber más cada día. En esa vorágine de sabiduría que nos envuelve, incluso nos atrevemos con el manejo del móvil a la hora de hablar de inmediato con quien nos apetezca y algunos hasta hacen sus pinitos con el ordenador introduciéndose en internet, para conectarse con el más recóndito lugar del mundo. 

 

Lo peor de esta gratísima situación, es que esta enorme catarata de conocimientos que fluye sobre nuestras cabezas sin apenas darnos tiempo para asimilar todo cuanto que se nos presenta en bandeja para nuestro uso y disfrute, nos llega demasiado tarde.

 

Al hablar de este don que representa el saber más y más cada día, hay que tener muy presente los mensajes que de manera reiterada nos llegan por el conducto de la televisión y que nos han enseñado otras formas de vida tan distintas a las que estábamos acostumbrados. Y por si todo este abanico de posibilidades de sabiduría no fuera suficiente, ahí están los libros, cuya lectura lo supera todo.

 

Al hablar del potencial que supone la lectura, me viene a la memoria un programa de televisión, de hace más de cincuenta años, que se titulaba “Tengo un libro en las manos”, el cual nos abría de par en par el enorme valor intelectual que se nos ofrece con la lectura de un buen libro. Claro que, entonces estábamos liados con el pluriempleo y apenas podíamos echarle un vistazo a tan interesante difusión de la lectura. Eran tiempos duros y de emigración.

 

Hoy, con todo el tiempo libre, a los ancianos se nos brinda la posibilidad, no de tener un libro en las manos, sino varios. Por ello es muy plausible que el Gobierno de Aragón (por medio de la Consejería de Servicios Sociales y Familia) amplíe en Zaragoza, para los mayores, los clubs del lector ya existentes, donde a la par que se facilitan libros, se lleva a cabo la iniciativa de promocionar tertulias –entre los mismos lectores– sobre los textos leídos, a la vez que se facilita la visita a las principales bibliotecas de la ciudad y también la posibilidad de cambiar impresiones con reconocidos autores, lo que sin duda supone el complemento ideal para penetrar en profundidad sobre sus obras.

 

Al amparo de todo lo expuesto, el Ayuntamiento ha promovido en el Centro de Mayores Laín Entralgo con motivo del día 23 de Abril la lectura colectiva de “Los episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós, a la vez que ha puesto en marcha la llamada “liberación del libro” mediante un trueque y cambio de textos entre lectores.

 

Toda clase de lectura es buena para ser absorbida por nuestra sesera, a pesar de lo muy gastada que se encuentra por los muchos años que lleva trabajando en otros aspectos, pero a muchos les atrae conocer las biografías de grandes personajes, a otros las etapas de nuestra historia y quizá a los más, todo lo relacionado con nuestras propias dolencias físicas y nos “emborrachamos” leyendo con avaricia todo lo relacionado con las enfermedades renales, la osteoporosis, la perdida del tono muscular, el insomnio, etc.

 

En pocas palabras, “el saber no ocupa lugar”, y de ahí la importancia de la lectura, a la que por lo visto los responsables de la Administración están promoviéndola desde distintos frentes de acción.

 

Lo peor de todo ello, es que la realidad se impone y de ahí lo acertado del adagio “Muriendo y aprendiendo”, lo cual si se piensa detenidamente es una putada,… ¿O no? Ante ello, sólo se me ocurre traer a colación un refrán castellano que dice “Después de muerto Pascual… le sacan el orinal”. Otra putada.

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