¿De verdad somos libres?

6. mayo 2011 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

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Raúl Bruna.- Tengo claro hace mucho, mucho tiempo, que desde el punto de vista de todo lo que tenga que ver con la economía no somos libres, pero durante años conservé la esperanza de, al menos, conservar la libertad de pensamiento.

 

Durante décadas hemos oído a diferentes gobernantes que cualquier idea política puede ser defendida siempre y cuando se aleje de la violencia, pero a la hora de la verdad, como en tantos otros aspectos de la vida ciudadana, nos topamos con otra de las grandes mentiras del sistema.

 

Recuerdo al Lehendakari Ibarretxe, aquél señor que muchos encontraban, no sin razón, un importante parecido con ese personaje cinematográfico que surcaba el espacio intergaláctico. Este señor, probablemente, pase a la Historia por haber presentado un plan: el llamado “plan Ibarretxe”, una defensa de sus pensamientos soberanistas desde el punto de vista político y nunca violento ni justificador de violencia alguna.

 

La presentación de ese plan político supuso que el entonces Lehendakari fuera insultado, vilipendiado y descendido a los infiernos por los entonces gobernantes y aspirantes a serlo, además de ser ridiculizado por numerosos medios de comunicación sin piedad alguna ni respeto por sus supuestamente libres posicionamientos políticos.

 

Ahora nos encontramos con la tesitura de Bildu, que en el momento en el que escribo estas líneas está pendiente de que el Tribunal Constitucional permita o no su presentación a las elecciones del día 22.

 

Los ciudadanos, entre los que me encuentro sin la menor duda, carecemos de la más mínima información veraz y objetiva, y muchos de nuestros conciudadanos carecen también de la menor intención de ser objetivos y respetuosos con la libertad de los demás, así que no me siento con la fuerza suficiente para defender que Bildu es una opción política pura y limpia respecto de la violencia etarra, pero precisamente por lo mismo creo que debo tener mis dudas.

 

A veces tengo la sensación de que realmente hay represión política en este país que tanto se jacta de ser democrático y que tantas veces ha escrito capítulos ciertamente ejemplares, pero que también ha tragado el sapo de la doble moralidad, de la relatividad del según para qué y del que según qué fines justifican según qué medios.

 

En Bildu hay personas, y nadie lo puede negar por ser cierto y comprobado, ocupando puestos de gran relevancia, que se han manifestado con el pueblo exigiendo el fin de la violencia etarra, personas que ahora sufren la acusación de sostener, de la forma que sea, a la banda terrorista.

 

En Bildu se ha condenado la violencia, quizá no en un castellano de Valladolid, pero se ha condenado, aunque parece que alguna coma de por medio consigue que una condena sea sólo una condena por el puto “según” de las narices.

 

No me pongo de parte de Bildu, porque no tengo la información de calidad que me permita adoptar una posición meditada, pero tampoco me pongo enfrente, aunque me preocupa cada vez más la demonización a la que se está sometiendo a las opiniones políticas nacionalistas de territorios que hoy constituyen Comunidades Autónomas, o la imbécil dirección política que muchos de esos nacionalistas ejercen desde sus ideas u, ojo al dato, la también imbécil y peligrosísima defensa contra todo y a pesar de cualquier cosa que se está haciendo de otro nacionalismo que ni es mejor ni peor que el resto: el español.

 

Al fin y al cabo, el nacionalismo no es más que la consecuencia de elegir un momento de la Historia, el que más le apetezca a cada uno, consultar los mapas de entonces y ver dónde estaban las fronteras, esas rayas ficticias que los dirigentes de los seres humanos de cada momento han ido imponiéndonos para su interés, así de simple.

 

Por cierto, hace unos pocos miles de años, poca cosa para la existencia planetaria, ni existían las fronteras ni los países ni  los nacionalismos, tan sólo seres que sobrevivían y que establecían sus lazos con otros seres en función de esa supervivencia, creo que desde hace unos siglos se llama internacionalismo y que ahora no está muy bien visto, sobre todo por los nacionalistas, sean éstos belgas, flamencos, balones, catalanes, vascos, españoles o de cualquier anillo de Saturno.

 

Nacionalismo es nacionalismo, como religión es religión, o sea, la inmensísima mayoría, junto con la economía, de la causa de los enfrentamientos violentos a lo largo de la Historia de la Humanidad.

 

 

Foto: Sede del Tribunal Constitucional, Madrid (autor: Invisgoth)

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