Alambre, ladrillos, insolidaridad: Idomeni

6. abril 2016 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

POR JOSÉ ANTONIO MÉRIDA DONOSO (DESDE IDOMENI, GRECIA)

Atendiendo a lo que ocurre en Europa y por ende, en su pretendido apéndice –Grecia en general e Idomeni en particular– el Diccionario de la Real Academia Española debería revisar las definiciones de “refugiado”, “refugio” y “campos de refugiados”.

En Idomeni no se da asilo, acogida ni mucho menos amparo, tal y como aparece en la primera acepción de refugiado. De igual manera no es un refugio, entendido como lugar adecuado para refugiarse. En Idomeni cunde el caos, pese a los esfuerzos por las Organizaciones no Gubernamentales y voluntarios que intentan paliar las vergüenzas de la Unión Europea, empeñada en que los Derechos Humanos solo sean una mera retórica a la que acudir de vez en cuando –especialmente en momentos electorales– sin mayor implicación que la palabra.

La gente se sitúa por todo el campo, frente a los muros de alambre, mientras intentan seguir su vida. Los niños juegan al futbol cerca de la alambrada mientras aparecen improvisadas peluquerías. Por su parte, los griegos de poblaciones cercanas siguen por lo general con sus quehaceres ordinarios si bien, en las farmacias las organizaciones y voluntarios acuden a comprar medicamentos básicos, pomadas para la piel, el sol, infecciones y antibióticos.

En la carretera algunos salen a protestar intentando cortar la circulación para hacerse oír. Abrid las fronteras gritan desesperadamente, alegrándose siempre que un cámara o un reportero acude a cubrir la noticia o les acompaña por momentos. Son conscientes de que están aislados, y de que, si la opinión pública no reacciona, su suerte está echada. A sus 17 años Mahmoud dice que no piensa volver. Tras 25 días en Idomeni está determinado a no dar un paso atrás. Sus labios cortados por el sol y su cara de cansancio no le quitan las ganas de conversar y dar a conocer su/sus realidades. La gente ocupa las vías del tren… ¿Pero qué podemos hacer? ¿Qué harías tú en nuestro lugar?

Como Mahmoud están Ahmad, Lina, Mohamad, Rana, Ali, Huda, Khaled… y así miles de personas que tras sufrir una auténtica odisea para llegar hasta suelo europeo, se encuentran con la insolidaridad de los muros.

El asilo humanitario es la práctica de ciertas naciones de aceptar en su suelo a inmigrantes que se han visto obligados a abandonar su país de origen debido al peligro que corrían. Los refugiados se ven forzados a huir porque no disponen de la suficiente protección por parte del gobierno de su propio país. En Grecia, hoy como ayer, estos migrantes forzados se apiñan expectantes a una oportunidad que les deje pasar. Mientras, a tal día como hoy martes 5 de abril, una veintena de niños refugiados en Idomeni realizan una protesta pacífica en las simbólicas vías del tren. En una de las pancartas se lee en inglés: “nos matan silenciosamente”.

Imposible no alzar la voz y proferir gritando ¡BASTA!

Fotos: José Antonio Mérida Donoso

 

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