Botín, un gángster para un milagro bancario

12. septiembre 2014 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

POR BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE – El nivel de bancarización en España es directamente proporcional al número de periodistas lameculos. Esta afirmación no sorprenderá al lector que haya echado una simple ojeada a lo publicado estos días con ocasión de la muerte de Emilio Botín.

En el fondo no hay ningún misterio. El Santander junto a otras entidades financieras es el primer accionista del Grupo Prisa; Rodrigo Echenique, miembro del consejo de administración del Santander, es a su vez presidente no ejecutivo del Grupo Vocento y a ello debemos añadir la jugosa publicidad y patrocinios que ejerce en diversos medios de comunicación. No venimos desde luego a matar al mensajero pero sí a desnudar al rey de los oropeles con que un sector importante de la casta periodística había revestido la figura de Emilio Botín. Unos ropajes y epítetos que responden precisamente a ese modelo de “emprendedor” que pretende transmitir la ideología neoliberal para justificar y negar los abusos de un mercado financiero descontrolado.

De entre todos los panegíricos lanzados por las plumas plañideras sin duda sobresale el de “banquero de la Transición y de la Democracia”. Conociendo el nivel de nuestra democracia no podemos desde luego acusarles de mendacidad.

Si hay banca en la sombra, esa que opera alejada de la luz y taquígrafos de los supervisores, no hay duda de que hay política en la sombra y en ella la banca es consumada maestra. La habilidad de Botín para moverse en los claroscuros del poder le ha resultado muy provechosa. Desde el fraude fiscal por las famosas “cesiones de crédito” hasta las millonarias cuentas ocultas en Suiza, la crónica de sus devaneos por los márgenes de la ley ha sido nutrida y su cintura para driblar la justicia muestra de ese ejercicio de poder siniestro.

De todos estos escándalos, yo quisiera destacar uno en especial que no solo retrata al personaje y sus métodos para llegar al poder absoluto en el Santander, sino que pone de manifiesto la capacidad tentacular del poder financiero.

A mediados del mes de julio del año 2006 se publicó una sentencia del Tribunal Supremo por la que declaraba jurídicamente inocente a Emilio Botín de los delitos que se le imputaban por el caso de las denominadas “jubilaciones millonarias”. Unas “jubilaciones” que Botín para despejar su camino hacia la presidencia de la entidad otorgó con fondos del banco al antiguo ex copresidente, José María Amusategui, y al ex consejero delegado, Ángel Corcóstegui. La cantidad ascendía nada menos que a 43,5 y 108 millones de euros respectivamente.

Pese a la cuantía exorbitante, el Tribunal Supremo entendió que estos pagos no quebrantaban las finanzas del banco ya que tales retribuciones se hicieron “conforme a criterios de mercado”. Sin embargo, los magistrados firmantes de la sentencia advirtieron que no existía delito porque en el mercado “no existen topes máximos” establecidos por ley, como sí existen para todas las funciones que se desarrollan en una sociedad. Pero respecto a estos límites, añadían, “sí los hay éticos y de sensibilidad social, que aquí (en referencia a la “actuación” de Botín) quedan ostensiblemente transgredidos”.

La impotencia se trasluce en esta sentencia cuando el Tribunal afirma que “no es función de este Tribunal penal suplir los mecanismos de funcionamiento del mercado”. Esto significa, ni más ni menos, reconocer que el sector financiero constituye una tierra de nadie por encima de la ley. Un limbo jurídico por el que trajinan facinerosos haciendo que la maquinaria funcione al compás de sus intereses.

Es falso que el mercado tenga mecanismos que escapan al control social. Si sus ruedas y poleas se mueven y engrasan con las decisiones de colectivos e individuos de carne y hueso, es evidente que no debe tolerarse que la engañifa de los “mecanismos de mercado” se deje sin regulación y supervisión por las instituciones democráticas. Es lo que llamamos corrupción y que hoy día nos presentan como exclusiva del poder político olvidando deliberadamente la tenebrosa fuerza gravitatoria de los poderes financieros y sus responsables directos, y entre ellos Emilio Botín.

Foto: Yearofthedragon

 

Tags: , ,

Comentarios cerrados