Como cuando un familiar agoniza

23. diciembre 2011 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

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Pocos dolores son tan intensos como la espera de la fatalidad.

 

Algo así es lo que nos está pasando a los que queremos a nuestro Real Zaragoza.

 

Años y años viendo cómo este símbolo era acosado por los dos representantes más eficaces de la parca.

 

Malas gestiones deportivas o económicas, hasta que Agapito ha conseguido juntarlas como guinda de un pastel cuyo segundo ingrediente es el paralelismo, ya instalado, entre el fútbol y la realidad social de este capitalismo decadente y fracasado.

 

Pero el amor nos ciega y, cuando el estertor es sufrido por quien amamos nos da igual la razón porque simplemente queremos que obre un milagro, que algo o alguien, aún rompiendo nuestros propios esquemas, aparezca de donde sea y pronuncie cualesquiera palabras mágicas que puedan funcionar.

 

Llevo toda mi vida sufriendo y disfrutando de mi zaragocismo, con mi Real Zaragoza, con sus éxitos y con sus fracasos, pero jamás había alcanzado esta cota de dolor, de un dolor que ya siento como el que produce la agonía de alguien amado.

 

Situación que reconozco también, a la perfección, porque no dejo de esperar un milagro.

 

Acabaré rezando, ya verás.

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