Con los ojos de otro hombre

16. marzo 2011 | Por | Categoria: Cultura, Magazine

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Y otra vez desarmado, incapaz. Sin argumentos ni teorías, sin explicaciones lógicas ni científicas; hablando, otra vez, desde los sentimientos y las emociones, crítica impresionista, subjetiva y pasional. Y hoy, ahora, renaciendo; pintados de azul los días laborales, pensando en esas canciones en inglés de las que no entiendo la letra, tan sólo palabras sueltas que encajo a la medida de mi apetito y mí deseo, canciones que me seducen y emocionan por su melodía, banda sonora de un sentimiento, una noche, un recuerdo, un lugar. Y estos versos tuyos serán uno de esos libros que guardaré en mi botiquín particular. Libro efecto, libro medicina, libro provocación. Inspiración, descubrimiento, lanzamiento; hombre bala, pólvora, ignición; trampolín, belleza y alimento; euforia, aplauso, admiración.

 

Y mientras, muchos, cientos, miles, millones no conocerán jamás tu nombre. Continuarán viajando entre las avalanchas de papel multicolor, seducidos por los grandes nombres, las cifras de ventas y las campañas de publicidad. Y mientras, la belleza pasará inadvertida, silenciosa, ignorada, despreciada. Y ellos seguirán quedándose con las aventuras y sus películas, los días iguales, teledirigidos, industriales, y tus poemas, mensajes cifrados, días pintados de azul; pasarán desapercibidos, desoídos, desdeñados y ocultos.      

 

Pero yo guardaré tus versos con la emoción arrolladora de la belleza recién descubierta con los ojos de otro hombre. Mirarse en el espejo, beber viento, escribir a escondidas. Con el valor del arma y su poder, leer sin parar, borracho de palabra, ritmo y paisaje. Ciudades y hormigas, mundos posibles, cierzo, río y niebla, criaturas salvajes, hombres, mujeres, niñas en miel. Cuatro días lentos, pintados de azul. Alimentado con tus pequeños y sabrosos frutos. Carne que arrancar a los huesos y a la luz. Leer sin parar, embriagado en la melodía. Releer por vez primera, sin quedar saciado. Releer por segunda vez. Releer por tercera vez y naufragar; deteniéndome en una línea, un verso; dos, tres, cientos, otra vez. Releer y volver a empezar.

 

Porque en tus versos hay canciones, hay mirada de cíclope, amaneceres y noches de tierra, piedra, cristal y promisión. Hay madrugadas, bares, taxis compartidos; azoteas, veranos, agua, puentes de piedra y hierro, otras vidas, olores, domingos y horas extras. En tus versos hay verdad, belleza indescifrable; presente, futuro y revelación.

 

Los días no importarán, sólo valdrá su fruto, su camino; el instante. Tus versos son la piedra desbastada, pulida con tus palabras. Sí, a veces tenemos suerte, escuchamos la música entre el ruido, el anuncio de algo hermoso confundido entre las horas muertas.

 

Todo pasa rápido y el planeta está repleto de escenarios en llamas. Miramos el horizonte desde escaparates en rebajas y no vemos las rendijas por donde nos escurrimos diluidos en los aguaceros de la nada. Esos días laborables; días de víspera y limosna, me perderé en tus versos; apartaré las zarzas, las ortigas a mordiscos y machetazos. Encontraré el valor, en tus versos mi aliado. Para los niños se hace el alba, para los locos. Sobre esta mañana caminan los elegidos.

 

Ramiro Gairín. “Pintar de azul los días laborables”. Isla Varia. Granada, 2011. Premio de poesía “Ángel Miguel Pozanco” 2008.

 

 

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