De Madrid al cielo (con permiso de Esperanza Aguirre)

29. noviembre 2010 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

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Juan Perpiñá.- Llegar a la capital del Reino (por muchas veces que lo hagas) es un verdadero deleite para el visitante. Siempre que paso frente a la Puerta de Alcalá, no puedo resistirme –atraído por su grandiosidad e historia– a tararear la entrañable canción interpretada –como nadie– por Ana Belén, y parece resonarme en los oídos el famoso estribillo “Ahí está, ahí está, viendo pasar el tiempo, la Puerta de Alcalá”.

 

Otro tanto se podría decir –cuando el gentío llena al completo la Gran Vía, Preciados, o plaza del Callao– de las estrofas de Sabina al que con su gracejo inigualable dice que “Cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al sur donde nací, aquí ya no queda sitio para nadie… pongamos que hablo de Madrid”.

 

Efectivamente, las aceras de la Gran Vía son un hervidero de gente e incluso, cuando abriéndome paso –en ocasiones con alguna dificultad–, al pasar frente a Chicote (el famoso barman que conocí en Panticosa hace ya muchos años) y cuyo museo/bar de bebidas se conserva como en sus mejores tiempos, me veo obligado a retrotraerme a los últimos años 40 cuando la popularísima canción del maestro Lara, que nos hizo el gran regalo de su “Madrid, Madrid, Madrid, en México se piensa mucho en ti” con su inolvidable referencia a la “cuna del requiebro y del chotis” y su recuerdo al bar de Chicote, es obligado mencionar algunas de las muchas páginas hermosas que ha inspirado la capital de España.

 

Por si esto fuera poco, junto al bullicio del personal, ahí mismo, al lado, nos reserva la historia el deleite de pasear tranquilamente por el Madrid de los Austrias, con sus bellos edificios renacentistas y barrocos de una época imperial española, sobre los que destaca la majestuosidad de la Plaza Mayor y el epicentro de la ciudad, su conocidísima Puerta del Sol, cuyo reloj entrañable penetra en todos los hogares españoles año tras año a la hora de tomar las uvas de la suerte.

 

En otro orden de cosas, siempre gratísimos de admirar, están los Paseos de la Castellana, Recoletos, y el del Prado en cuyo entorno se ubica probablemente la mayor riqueza pictórica del mundo con sus museos del Prado, el Thyssen y el Reina Sofía.

 

Este Madrid, enriquecido por la heroicidad de sus gentes y su historia nos lo recuerda al pasar por las cercanías del Puente de los Franceses –sobre el río Manzanares– por la Ciudad Universitaria y el parque del Oeste, cuyos lugares fueron auténticos campos de batalla durante la crudeza de los enfrentamientos de la guerra civil, en aquel Madrid que se defendía como el corazón de España, que lo era, con uñas, brazos y dientes, según nos lo hace constar Rafael Alberti en su emotivo “Romance de la Defensa de Madrid”.

 

Ese Madrid, cuyas pinceladas han quedado aquí expuestas, son las que han merecido el repetir tantas veces aquella frase “De Madrid al cielo”, dándonos a entender que nada hay mejor que el paraíso celestial, tras haber visto Madrid.

 

Claro que ello es la parte entrañablemente romántica referente a la capital madrileña. La actual y cruda realidad es en cierta materia completamente distinta, es decir, cuando se trata de enviar al cielo de manera despreocupada a muchos miles de madrileños, por falta de un sentido de la responsabilidad. La cosa ya pinta de esa manera negativa cuando la máxima autoridad, es decir, doña Esperanza Aguirre, ha hecho caso omiso de leyes permitiendo que los bares y restaurantes de su Comunidad estén abiertos a los fumadores. Sólo he podido ver uno, el amplísimo restaurante Casa Mingo, en la avenida de Valladolid, que tiene un cartel que dice “no se permite fumar”. A pesar de ello, el local se llena a tope.

 

Sin duda, doña Esperanza ignora que en nuestro país mueren –como fumadores pasivos– 3.000 personas al año, a las cuales deben sumarse las 52.000 causadas directamente a los que no dejan el tabaco. De todos ellos ¿cuántos madrileños no se irán al cielo de manera forzada? A partir del 2 de enero próximo entrará la nueva ley, en la línea de prevención y concienciación contra el tabaquismo.

 

¿Seguirá Madrid siendo líder de no actuar consecuentemente con estas nuevas medidas? Mucho me temo que sí y que Madrid será la pista más directa para ir al cielo a empujones, al no poner los medios para evitar el infierno terrenal del tabaquismo en que se ha convertido la ciudad del Oso y el Madroño.

 

 

Foto1: Kauczuk

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