Descabello y punto final a las cajas de ahorros

15. febrero 2013 | Por | Categoria: Economía, Magazine

Hace unas semanas comenzó a tramitarse la futura ley de cajas de ahorros que se unirá a las que desde 2010 han ido modificando su régimen hasta convertirlas en una anécdota dentro del sistema financiero español. En este caso, se trata de una ley de punto final. Es cierto que aún operan con dignidad dos mini cajas (Ontiyent y Pollença) pero dada su reducida dimensión quedarán como curiosidad arqueológica. En el fondo la gran mayoría de estas entidades deberían haber operado como estas reliquias financieras, atendiendo a su ámbito territorial más próximo y comprometidos en prestar servicios bancarios sostenibles, prudentes y sin trampas.

A las cajas las mataron

De las cajas de ahorros puede decirse aquello de “entre todas las tenían y ellas solas se murieron”. Achacar a las reformas legales su degeneración es erróneo. Desde mediados de los años ochenta se apartaron del modelo tradicional de banca social. Sus aventuras inmobiliarias, el desprecio a la clientela y su papel como “agencia de contactos” con políticos y empresarios sinvergüenzas fueron las verdaderas causas de su agonía. Desde luego en estas decisiones hay nombres y apellidos concretos.

Fundaciones bancarias y bancos

El proyecto, que se prevé entre en vigor el próximo otoño, incorpora una nueva figura, la de las “fundaciones bancarias” que es como pasarán a denominarse las cajas de ahorros que tengan poder de control sobre el negocio bancario. Habrá por tanto dos tipos de entidad: un “banco” (el antiguo negocio financiero de la caja) y una “fundación bancaria” cuyo objetivo será gestionar la obra social a partir de los beneficios que obtenga del “banco”. El objetivo de la futura ley será la de controlar las relaciones de poder que la fundación puedan tener sobre éste. Pero en el fondo se percibe una clara intención de ahogar la función social y financiera de las cajas de ahorros.

La “OTAN” del capitalismo financiero internacional decide

Lo primero que debemos señalar es que esta reforma viene impuesta desde el Fondo Monetario Internacional que en su Nota Técnica “The Reform of Spanish Savings Banks” de junio de 2012 (páginas 16-17) “recomienda” que una ley estatal determine el papel de las cajas de ahorros y las fundaciones especiales en su calidad de accionistas de los nuevos “Bancos de Cajas”. Estas pautas fueron posteriormente recogidas  por el Eurogrupo a través del MoU (Memorandum de Entendimiento sobre el Sector Financiero y Política Condicional en julio de 2012). El punto 23 dejaba claro su objetivo de reducir la participación de las cajas “a niveles que no permitan el control de la entidad”. Quien impone los reglas de juego son organismos carentes de toda legitimidad democrática y reparten las cartas conforme a los intereses de sus socios bancarios.

Una muerte a cámara lenta

En el fondo se aprecia  una voluntad clara por dejar morir a las cajas y su función social. Esto es perceptible en dos aspectos concretos. Las “fundaciones bancarias” que posean una participación igual o superior al 50% en una entidad de crédito deben hacer dotaciones a un Fondo de Reserva. Ojo, no es el banco quien debe crear este fondo de reserva, sino la fundación. Esto supondrá un límite importante de cara a dotar el fondo para obra social que verá más mermada su capacidad de revertir los beneficios obtenidos en la sociedad de donde los obtiene. El capitalismo depredador no conoce límites: menos para la sociedad, más para sus paraísos fiscales.

Pero aún hay otro aspecto fundamental que contribuirá a recortar obra social. A la hora de que las entidades de crédito controladas por una fundación bancaria distribuyan sus dividendos, los acuerdos de reparto estarán sujetos a un quórum y nivel de mayoría muy exigentes. Habrá que sudar para lograr que se repartan beneficios. Recordemos que la obra social se financia a partir de los beneficios que genere la entidad de crédito. Con estas limitaciones, y otras que recoge el texto, no es difícil percatarse de la lenta agonía que espera al patrimonio social que pertenece a los clientes y a toda la ciudadanía.

Lo que importa es el negocio financiero

Sin embargo, no está de más recordar que, en el fondo, la obra social no es sino el chocolate del loro. La verdadera joya de la corona está en el negocio financiero. Tradicionalmente un bocado muy apetitoso para saciar a los grandes bancos españoles y europeos. Lo más graves de todo es que este patrimonio financiero muy bien podría contribuir a impulsar sectores económicos sostenibles y crear un sistema financiero verdaderamente ético y social. Hay quienes hablaban de reactivar la banca pública. En cambio, nos obligan a regalarlo a una manada ávida de carroñeros que, por si fuera poco, les ayudamos a financiarlo como contribuyentes. Sí, nos toman por imbéciles o al menos por dóciles.

El gran outlet de las cajas y el negocio de la banca

No hay que olvidar que la banca ha adquirido por 2 euros antiguas cajas que han percibido millonarias ayudas públicas. Es el precio que pagaron Banco Sabadell y BBVA respectivamente por adquirir CAM y Unnim.

Banco Sabadell adquirió en “rebajas” en diciembre de 2011 la caja del Mediterráneo (CAM) después de que políticos corruptos y gestores vampiros la parasitaran. Tres meses después se produjo la misma operación con la “venta” a BBVA  de Unnim, fruto de la fusión de Caixa Manlleu, Caixa Sabadell y Caixa Terrassa. Todas estas entidades fueron previamente “nacionalizadas” por el FROB y recapitalizadas. Aunque fue el Fondo de Garantía de Depósitos (teóricamente sufragado por la banca) quien inyectó 6.202  millones de euros para recapitalizarlas y avaló el 80% de sus futuras pérdidas (21.000 millones), es el Estado quien en última instancia debe responder. ¿Creen que la propia banca disponía de semejante capital? Es el mismo negocio de buitres que se espera con las “subastas” de Catalunya Caixa y Novagalicia Banco (NCG)… y el cadáver exquisito de Bankia.

En resumen, el proyecto de ley de cajas y fundaciones bancarias viene a respaldar jurídicamente otro latrocinio a los ciudadanos, el del negocio financiero y la obra social de las cajas de ahorros.

Foto: archivo cronicadearagon.es

 

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