Después del fútbol, un aperitivo político

16. mayo 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

Por José Antonio Mérida Donoso

Poco se ha dicho en la prensa nacional acerca de la caída del gobierno de Mihai Răzvan Ungureanu tras su corta, intensa y agitada vida política de dos meses y medio. Una moción de censura presentada por la oposición socialdemócrata (PSD) y liberal (PNL) el viernes día 4 de mayo ponía punto a su breve episodio político en el poder.

Designado primer ministro el pasado 6 de febrero, ante la minada credibilidad del Gobierno de Boc y su política de ajustes impuesta desde el FMI en su momento, diversos analistas opinaron que este desgaste no era provocado por las medidas de austeridad ni por las manifestaciones esporádicas de una parte importante de la población, sino por la impresión de debilidad perpetua del gobierno.

Lo cierto es que hoy como ayer, la población se mantiene profundamente escéptica ante unos cambios que parecen corresponder más a un juego de intereses, provocado por unos tránsfugas, que a un cambio en la estrategia política del ejecutivo. En efecto, el gobierno rumano de centroderecha ha caído finalmente por el transfuguismo de varios miembros de la coalición gubernamental. Como consecuencia de la moción de censura presentada por la Unión Social Liberal, la política de alianza formada por los principales partidos de oposición desde el 5 de febrero del 2011, ha hecho que se vote la investidura del nuevo primer ministro del país, vinculado al PSD, Victor Ponta, previendo un breve mandato hasta las elecciones legislativas de noviembre.

El mismo día de la votación, como no podía ser de otra manera, se entrevistó con la delegación de la troika –FMI, Banco Mundial y Comisión Europea– que acordó un crédito a Rumanía de 13.000 millones en 2009. Ponta anunció su compromiso de no sobrepasar el 3% de déficit presupuestario establecido por la Comisión Europea como límite.

Grandes propuestas y grandes palabras se precipitan, desde la reducción del IVA a productos de primera necesidad, así como una nueva promesa de crecimiento de los salarios de un 8%, con otra subida del mismo nivel prevista para el 1 de diciembre. El objetivo es que a lo largo de 2013 el funcionariado recobre el poder adquisitivo que tenía en 2010 (todo sea dicho, ya por aquel entonces más que insuficiente).

La segunda mitad del 2012 se presenta trepidante con una doble cita electoral: en junio elecciones municipales y en noviembre legislativas. Pero cabría preguntarse sobre la honestidad del movimiento, o si se prefiere enroque, gestado desde la cúpula del poder. Parece ser que es la política y no la sociedad civil la que genera el verdadero cambio.

Si Mihai Razvan Ungureanu, fue investido tras la dimisión del anterior Ejecutivo por las protestas contra las políticas de austeridad, se contestaba ahora con una misma moneda de cambio: más de lo mismo. Mientras los recortes ahogaban, tal como ahogan, a las familias rumanas, el jefe de Estado, Traian Basescu se ha visto obligado a proponer al líder del PSD, Víctor Ponta, como el próximo premier, ante las amenazas de proceder a su suspensión, a modo de una constatación de práctica política definida por su capacidad de actuar sin carencia de una legitimidad electoral.

Sin embargo, cabe preguntarse qué legitimidad da a un diputado cambiar de partido de la noche a la mañana ¿No existen consecuencias políticas? ¿Es este el nuevo modelo de cambio que se intenta imponer desde la “democracia”?

Seamos optimistas, quizá las movilizaciones ciudadanas lleguen a gestar un cambio, si no en la clase política, en la toma de conciencia de que ésta tiende a actuar de espaldas a la ciudadanía. Ante todo, un juego de malabares realizado por los tres partidos mayoritarios, a cual más desgastado, PNL, PSD y PDL, junto a partidos minoritarios extremistas, con un Romania Mare de Vadim Tudor o George Becali, el presidente del fútbol club Steaua y del partido PNG CD, dos extremos que coinciden en su discurso ultranacionalista su xenofobia, homofobia e irredentismo, dos personajes grotescos que se mantiene ante la complacencia de los medios y la mediocridad e inconsistencia de sus rivales.

Pero ¿a quién le importan los avatares políticos de Rumania? Desde luego, a la prensa española no parece importarle mucho, sumergida en análisis sobre la ratificación reciente del triunfo de Hollande en las urnas francesas.

Menos mal que llega el fútbol español, a coronarse en el reciente campo creado en el corazón del antiguo París del Este. Nuevamente, el fútbol nos redimirá de la información y permitirá que asome una Rumania lejana de tópicos y que nos acerque a ella desde la información y el conocimiento de su país.

Quizá entonces se hable de cómo la política de drásticos recortes que ha sufrido Rumanía, con medidas tan austeras como una reducción del 25% de salarios a los funcionarios, y una congelación de las pensiones en un país donde un profesor de secundaria puede cobrar menos de 200 euros (jornada completa) y un pensionista 50 euros, no ha servido más que para empobrecer todavía más al país.

Puede que entonces se empiecen a vislumbrar nuevas posibilidades en el horizonte que no respondan al dogmatismo de austeridad, austeridad y más austeridad para todos (es decir, todos vosotros, los de siempre).

Cierto es que el momento no da para frivolizar, la situación es para asustarse, cierto es. Pero si usted es uno de los 20.000 afortunados que ha estado estos días en Rumanía animando a su equipo en el Estadio Nacional de Bucarest, un escenario majestuoso, vivir la final más rojiblanca de la historia de la Europa League y le ha dado por interactuar con el país y preguntar a algún ciudadano por el cambio de viraje del gobierno, es posible que sea ignorado o en su defecto, encuentre cierto escepticismo en las respuestas.

Si usted, como buen rojiblanco, insistió y le preguntó por el posible fin a la letanía constante de promesas de cambios y un nuevo planteamiento político y democrático, para acercarse  a una democracia más real, es posible que le digan ¿Democracia o trasfuguismo? A la sociedad no se le engaña tan fácilmente como a veces se cree… No parece una osadía decir que la política puede aprender algo del fútbol, ya que si en la primera muchas veces gana el menos malo, en el fútbol tiende a ganar el mejor.

En el campo Nacional de Bucarest ganó el mejor, tres goles mejor. Dos grandes equipos que aplaudieron y lloraron, mostrando una lección de lo que es saber ganar y saber perder. Toda una lección de democratización del fútbol.

¡Enhorabuena a los dos!

Foto: Palacio del Parlamento Rumano (autor: Ferran Cornellá)

 

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