“Deudas ilegítimas”, un programa político para la ciudadanía

18. octubre 2012 | Por | Categoria: Economía, Magazine

En un artículo anterior dábamos cuenta de las similitudes de la situación de crisis en Europa y la vivida en gran parte de países latinoamericanos durante los años ochenta. La entrada torrencial de capitales en forma de créditos, la prioridad inicial por salvar a la banca, la desigualdad entre estados a la hora de renegociar la deuda y la aplicación de políticas de recortes, eran algunos de los puntos comunes que destacábamos.

Además de las causas fijábamos la atención en las consecuencias por la aplicación de políticas de ajustes impuestas a los países endeudados. Advertíamos que la “consolidación fiscal”, los recortes sociales y las privatizaciones nacían más allá de la voluntad de ser medidas temporales para pagar la deuda. Lo hacían con vocación de permanencia, hasta el punto de que una posterior “recuperación económica” del país no se trasladaba a las clases populares ni suponía mejorar los indicadores sociales de bienestar. Era una herramienta para asegurar la perpetuidad de los privilegios. La deuda insostenible arruinó a esos países tanto como las medidas impuestas posteriormente para cobrarlas. Pocas dudas caben, de que llevamos el mismo camino que hace treinta años los países latinoamericanos.

Un país en la miseria

En efecto, diversos índices publicados por Eurostat (oficina estadística de la UE) demuestran el grado de empobrecimiento actual en España. Uno de ellos es el Coeficiente de Gini, que calibra la desigualdad de ingresos en un país, siendo el valor “0” la igualdad perfecta y 100 la desigualdad más extrema. Este índice establece para España un valor de 34 en 2011. En 2007, año de comienzo de la crisis, se situaba en el 31,3. Además, el Coeficiente de Gini nos muestra que durante la época en que “España iba bien” (o sea, se endeudada a velocidades de crucero) tampoco la diferencia de ingresos logró reducirse considerablemente, siendo el valor más bajo el 30,7. Según este baremo aquellos años fueron pura quimera para las clases populares. Por cierto, Islandia, el país cuya ciudadanía plantó cara al gobierno y dijo “aquí no se rescatan bancos”, disfruta en 2011 de un valor de 23,6, mientras que en 2006, en plena exuberancia financiera, se cifraba en 26,3. Echen un vistazo y saquen conclusiones (http://epp.eurostat.ec.europa.eu/tgm/table.do?tab=table&plugin=1&language=en&pcode=tessi190)

La ciudadanía exige explicaciones

¿Por qué se tolera un endeudamiento insostenible? ¿A quién beneficia y a quién corresponde su pago? ¿Por qué soportar unas políticas injustas para pagar una deuda ajena? Preguntas similares se hicieron décadas atrás la sociedad civil de muchos países latinoamericanos, pero también en otras muchas partes del mundo. Fue uno de los primeros movimientos sociales de carácter global que se conocen y cuyo aliento se puede rastrear hoy día. De ahí resurgió el concepto de “Deuda ilegítima o deuda odiosa”.

Contra lo que pueda parecer, éste es un concepto con una dilatada historia y con variables conceptuales. Para sintetizar tomaremos la definición dada por la UNCTAD en la Sexta Conferencia Interregional de Deuda, que tuvo lugar en Ginebra en noviembre de 2007. En ella se cataloga a la deuda odiosa en tres categorías: “deuda ineficiente”, “deuda injusta” y “deuda criminal” ¿Entra la deuda en España en alguna de estas categorías?

Los trucos de socializar pérdidas

Responder a esta pregunta exige previamente resolver la cuestión de qué tipo de deuda es la que tenemos e España. En un artículo anterior ya comentábamos que el gran problema es el endeudamiento privado. Y cuando decimos privado nos estamos refiriendo al sistema bancario, entrampado en delirantes proyectos inmobiliarios. Son decisiones posteriores de los dos últimos gobiernos que convierten esa deuda privada en pública. Es la alquimia de los “rescates bancarios”.

Ahora, para garantizar que vamos a pagar ese gran pufo convertido ya en déficit de Estado nos obligan a pasar la cuchilla en sanidad, educación, pensiones, etc. ¿Quién nos obliga? Los acreedores: la banca alemana, francesa y holandesa, que son quienes a través del mercado de deuda y con la colaboración de sus gobiernos, presionan para cobrarnos más caro el dinero que nos prestan. Un chantaje paradójico: los mismos que provocaron la crisis van a salir victoriosos y de rositas. Para fumarse un puro.

Golpe de Estado financiero

Retomemos la cuestión ¿Es “odiosa” la deuda en España? Ya hemos dado una primera respuesta: sí, lo es puesto que no es una deuda pública en su origen, y sin embargo, se están trasvasando recursos públicos para pagar una deuda cuyo responsable es el sistema bancario.

Por supuesto esto tiene su lectura política. De manera gráfica podemos decir que estamos vaciando de contenido el artículo 1.1 de la Constitución que dice que España es un “Estado social”. De ahí el eslogan que habrían leído en las manifestaciones de que estamos ante un auténtico golpe de estado financiero. Y no perdamos de vista que la decisión de convertir la deuda privada en pública fue una decisión política, y no consecuencia de un fenómeno natural irremediable.

Financiar la ruina

Esta deuda es odiosa por ineficiente. Porque con ella se apostó a un negocio insostenible que no provocó prosperidad social sino endeudamiento, como sabemos y hemos visto al comentar las estadística de Eurostat. El crecimiento del PIB fue un espejismo delirante del tamaño de un aeropuerto. Con cargo a  futuro y a costa exclusivamente del consumo interno se olvidaron las inversiones para mejorar la productividad y fomentar el comercio exterior. Eso tan importante que ahora nos aseguran con datos científicos que es necesario emprender a marchas forzadas y recortes salariales.

No cabe duda de que la responsabilidad en todo esto no la tiene menganito, fulanito ni naranjito. Que además están en el paro, han perdido su vivienda o están logrando pagarla con muchos sacrificios. Recordemos que la morosidad de los promotores inmobiliarios es del el 27,3% mientras la de los hogares es sólo del 3,1% ¿Por qué pagar entonces una deuda ajena si las nuestras ya las estamos pagando? El neoliberalismo apela a la ética del individualismo y la responsabilidad sólo para lo que le interesa.

La responsabilidad de la banca

Cabe afirmar además que esta deuda fue contraída de forma ilegítima. La banca no tuvo el más mínimo empacho en dar euros como billetes de Monopoly. Despreciando los criterios de prudencia que exige un mínimo control de riesgos, la banca alemana hacía fluir sus excedentes de capital en dirección a la banca española, quien a su vez concedía hipotecas con idéntica falta de rigurosidad. Eso sí, llenando los préstamos de los consumidores con “cláusulas suelo”, “permutas financieras”, etc., que picardías y mala fe no le faltan

La UE será insolidaria y neoliberal o no será.

Como vemos, poco a poco las razones se aceleran y llegamos a cuestiones más profundas. La primera de ellas hace referencia a la propia construcción Europea. Los criterios de convergencia económica establecieron en su día límites al déficit y endeudamiento público pero no al privado. El Banco Central Europeo fracasó en su misión de controla el exceso de liquidez. Quizá es que nunca fue esa su misión.

Hubiera sido necesaria, en tal caso, una herramienta para frenar endeudamientos privados insostenibles. Claro que, bien mirado, cabría dudar de su eficacia. Aquellos criterios de convergencia fueron reiteradamente incumplidos precisamente por quienes ahora, como acreedores, los exigen a los Estados, vía Constitución si es preciso. Y si somos un poco menos ingenuos quizá nos podremos dar cuenta de que una Europa de mercachifles (que eso es la UE) necesita que la gente se entrampe.

Nada de redistribuir justamente la riqueza, de relaciones de igual a igual, nada de sistemas de solidaridad entre las regiones y países. Como aquella película sobre los juicios de Nuremberg, la UE debe ser de “Vencedores y vencidos”. De premio Nobel, oiga.

Banco de España, culpable

En el penúltimo lugar en esta lista de responsables por pretender hacernos tragar una deuda ilegítima, tenemos al Banco de España. Las sucesivas reformas del mercado bancario desde los años ochenta parieron un ratón. Un organismo regulador tolerante y vacuo, cuyos dos últimos gobernadores han actuado ante la banca como esos perritos que decoran la parte de atrás de los coches y cabecean asintiendo siempre.

El Banco de España conocía la situación perfectamente. Han ido apareciendo por ahí actas de inspectores que lo atestiguan. Sólo añadiré que los Informes del Banco de España advertían del carácter ficticio de esta “riqueza inmobiliaria” al reconocer que los precios estaban muy por encima de los niveles justificados por “los fundamentos económicos”. Esta sobrevaloración se cifraba entre el 8% y el 20% ya en 2003 y entre el 24% y el 35% en 2004 (Banco de España, Informe Anual 2004, año 2005 páginas. 40-41). Una mera advertencia que no fue seguida de necesarias actuaciones para contener esta auténtica bomba de relojería, lo que demuestra la tomadura de pelo del Banco de España.

Las Cajas de Ahorros, la deuda criminal

Y por último, las cajas de ahorros. Hacer una biopsia a las cajas de ahorros bastaría para argumentar la odiosidad de la deuda pero sobre todo para comprender el quiste de un modelo económico y político insostenible. Las cajas de ahorros son un ejemplo perfecto de deuda odiosa por “criminal”, por corrupción, delirio y lucro egoísta de muchos de los miembros de sus consejos de administración.

La caída de las cajas constituye la mejor parábola para entender las causas y consecuencias de los desmanes y arbitrariedades que han llevado a la ruina a la economía española. El fraude financiero y democrático, la falsa coartada de su labor social y sus conexiones político-empresariales son trasuntos en miniatura para entender la sociedad española de los últimos 30 años. Convertidos en cadáveres exquisitos, sus reliquias van a servir de fermento para que los supervivientes de la crisis, los Santander, BBVA y compañía, medren hasta dimensiones peligrosas. Es irónico que una crisis se salde con un sistema financiero más poderoso.

¿En manos de los tribunales?

Como vemos, argumentos no faltan para que esta deuda que nos oprime pueda ser impugnada como odiosa. Otra cuestión es demostrarlo, exigir responsabilidades y lograr que se anule. La vía judicial es una posibilidad. En Argentina la Sentencia Olmos puso en cuestión la deuda de aquel país en el período 1980–2000. Tras veinte años la sentencia remitió la responsabilidad de pronunciarse políticamente al parlamento, ya que jurídicamente los delitos habían prescrito.

No obstante sirvió para demostrar las conexiones entre poderes económicos y políticos. Por esta vía, en España se han abierto varias causas penales contra gestores de cajas de ahorros por diferentes colectivos como Bankia, Caja Castilla La Mancha, Catalunya Caixa, CAM, etc. Lo que necesitan estas causas es visibilidad social y apoyo ciudadano.

El gran teatro del parlamento español o la vía islandesa

Otra vía de actuación es la vía parlamentaria, empleada por muchos países como Brasil, Ecuador o Perú. En este último país se constituyó la Comisión Valencia Dongo en Auditoría Oficial de la Deuda Externa, para evaluar la deuda contraída por el gobierno peruano entre 1990–2000 y que logró demostrar casos evidentes de corrupción.

En España, la Comisión de Economía y Competitividad del Congreso de los Diputados citó a diversos personajes como Rodrigo Rato o el ex Gobernador del Banco de España Fernández Ordóñez para que informaran sobre la reestructuración bancaria y el saneamiento financiero. Su objetivo no era abrir una causa general sobre la deuda contraída. Faltaría más. En el fondo se trató de una faena de aliño entre los dos grandes partidos que acabó convertido en un teatrillo de guiñoles del que sólo cabe extraer una conclusión: “Dios es bueno pero mata a la gente”.

Es evidente que una comisión parlamentaria de semejante naturaleza en nuestro país supondría poco menos que la apertura de un proceso constituyente. Quién sabe. Quizá la una venga de la mano de la otra. Ya saben el tirón social que tienen los problemas económicos antes de convertirse en políticos. Es la vía islandesa. Deuda ilegítima por las bravas, y de paso nueva Constitución.

Deuda odiosa o un balance del poder

Hora de concluir. La deuda injusta es una moderna forma de esclavitud. Es lo que vamos aprendiendo con este curso acelerado de economía neoliberal. “Sea libre para encadenarse a cómodos plazos”. No cabe duda de que el crédito hace funcionar la economía productiva pero también tiene peligrosas tendencias hacia la especulación y la explotación humana.

Según las condiciones en que se otorgue un crédito puede significa ahondar las diferencias sociales y mantener posiciones de sometimiento, no sólo económico.

El crédito tiene una dimensión jurídica y por tanto política. Atacar a la una significa en el fondo desvelar el dominio político que oculta. Este es el objetivo último de toda actuación que se emprenda para catalogar de ilícita u odiosa una deuda. Decir que “esta deuda es ilegítima y que no la pagamos” es el programa de acción política más importante en los últimos 20 años ya que supone poner en cuestión las relaciones de poder vigente. Digámoslo bien alto: “esta estafa yo tampoco la pago”.

Foto: Sede central del Banco Santander, en Santander (autor: Yearofthedragon)

 

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