El “cabreo” justificado del Rey

6. junio 2011 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

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Juan Perpiñá.- Públicamente jamás habíamos contemplado el cabreo de Juan Carlos como el día en el que –en una en una audiencia en La Zarzuela– rompió el protocolo para dirigirse a los periodistas que cubrían el acto mostrándoles su disgusto por cómo se venía informando respecto a su estado de salud.

 

En mi opinión, algún medio se mereció la regañina. Vaya que sí. Sirva como una muestra de ello la manera en que trata lo referente a la salud del Jefe el Estado el periódico “El Mundo” en su edición del pasado 1 de mayo. Según es costumbre del controvertido Pedro J., el sensacionalismo que acostumbra le llevó a dar como notición el hecho de que no asistiera en Palma de Mallorca a la tradicional misa del Domingo de Resurrección, aderezándolo todo con una retahíla de cánceres que le estaban llevando –poco menos– que al último viaje y que a raíz de ello no se desplazó a Mallorca a la misa.

 

¿Y qué pasa si no fue porque, según la Zarzuela, al monarca le dio la real gana y prefirió quedarse en su casa? Si se hubiese tratado de un acto oficial, allí hubiera estado presente, pero esa misa no era más que una costumbre familiar y Juan Carlos pasó olímpicamente del obispo y los canónigos del cabildo catedralicio, quienes, por ellos fuera, lo hubieran recibido bajo palio como hacían con Franco en los años del máximo poder de la Iglesia.

 

Y pasando a otro tema del lúcido reportaje, ¿a qué viene comentar ahora, si Juan Carlos usa un bastón en la intimidad? Los que hemos padecido el dolor de rodilla antes de ser intervenida, sabemos bien que ni con ayuda de bastón podíamos dar un paso. Esa es toda la gravedad que parece desprenderse del uso del bastón. Luego con la prótesis y la consiguiente recuperación te quedas –al menos ese es mi caso– como un pincel. Así que, menos lobos señores profetas del mal augurio.

 

Claro está que cuanto comento sobre las tres páginas del referido trabajo periodístico encierra cosas más importantes. Y tanto que sí.

 

El fin último de este trabajo periodístico es el politiqueo tan al uso en El Mundo de poner a caldo al actual Gobierno. Hay varios párrafos en los que se les ve el plumero. Entre ellos selecciono el siguiente: “En los últimos meses, don Juan Carlos se ha implicado muy personalmente en ayudar al Gobierno a atraer inversores extranjeros y de momento, su relación privilegiada con los países árabes ha conseguido sus frutos”.

 

Cualquier ciudadano de bien considerará que eso es digno de encomio. Pues bien, en el periódico al que nos referimos, no hacen otra cosa que ridiculizar a los amigos árabes del rey, llamándoles sátrapas y al emir de Qatar orondo y bigotudo, lo cual no era la mejor bienvenida hacia una persona que el mismo medio de comunicación manifiesta que “la visita del mandatario árabe era vital para España, cuestión de vida o muerte para la maltrecha salud de nuestra economía”.

 

Una vez más, Pedro J. da rienda suelta en sus páginas a cosas que no son de recibo. Desde el sensacionalismo más ramplón a la política de parte, todo va a beneficio de inventario. Al expresarme en estos términos hago caso omiso de los principios deontológicos de la prensa, pero encuentro muy razonable que el rey cuando, tras mostrar su cabreo, les dijo en tono conciliador, que no era toda la prensa la que se merecía las muestras de su enfado, pero sí algunos medios. 

 

Ahora, tras la intervención y las intensas sesiones de fisioterapia (al igual que Puyol, el defensa del Barca, que estos días también ha sido operado) en un par de meses volverán, de nuevo al trabajo como cada hijo de vecino.

 

Dos meses darán mucho juego para que la prensa sensacionalista haga lo que acostumbra, es decir, enmendar todo lo que pueda. Y si de paso lo hace con Zapatero o Rubalcaba, mejor que mejor. Es su signo. Enmerdar y enmerdar, aunque para ello se utilice al rey, a quien respeto, aunque sea la Monarquía lo más alejado de mi ideal. Pero lo cortes no quita lo valiente y el respeto es lo que debe estar por encima de todo.

 

 

Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores de Estonia

 

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