El 15-M, insensible ante la JMJ–2011

27. julio 2011 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

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Por Juan Perpiñá

 

El Movimiento del 15 de Mayo –que traspasó nuestras fronteras con la Spanish Revolution– parece haberse detenido ante la avalancha de jóvenes (se espera a un millón y medio) que pulularán a sus anchas por las calles de Madrid entre el 16 y el 19 de agosto, fechas en las que se celebrará la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), un evento organizado por la Iglesia Católica que contará con la presencia de Benedicto XVI.

 

Quienes han mostrado su disconformidad, entre otras muchas cosas, con la política de nuestro gobierno, con la globalización de la economía, y la impresentable forma de actuar de nuestros políticos, han mostrado su propia debilidad manteniendo un silencio sepulcral ante el poder fáctico que mantiene en nuestro país la Iglesia Católica, apostólica y romana.

 

Ni tan siquiera la gran cantidad de dinero público que gastarán el gobierno central, el autonómico y el local de Madrid, ha suscitado la menor protesta. Está claro que el potencial de la JMJ–2011 ha dejado sin respiración a los envalentonados okupas de la Puerta del Sol y de otros lugares señeros de la geografía española.

 

Cómo es posible que a lo largo de interminables asambleas, tan complicadas de por sí para tomar decisiones, no se haya profundizado en que la llegada del jefe espiritual de una iglesia a la capital del reino, no reciba la crítica que merece por el gasto que ello lleva consigo y el trato especialísimo que recibirá –sin duda– al menos por parte de los responsables políticos de la Comunidad de Madrid (con Esperanza Aguirre a la cabeza) y por el Ayuntamiento de la capital de España (presidido por Ruiz Gallardón) ¿Cómo es posible que ello se haga de esta manera en un Estado que constitucionalmente se denomina aconfesional?

 

Solo cabe una contestación a esta pregunta. La misma que le dijo don Quijote a Sancho Panza: “Con la iglesia hemos topado, Sancho”.

 

Esto mismo deben de decirse a sí mismos los rebeldes con causa del 15-M. A no ser que el verano –con sus habituales calores– haya dejado reducido a cenizas a esos grupos ilusionantes que parecía iban a comerse el mundo, hasta que unos cientos de miles cargados con la fe del carbonero les han parado los pies en su propio terreno: la calle.

 

 

Foto: torvindus

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