El arroz de Isla Mayor

4. diciembre 2013 | Por | Categoria: Economía, Magazine, Medio Ambiente

POR MANUEL SOGAS

En Andalucía tenemos muchas cosas. Lo que más tenemos son andaluzas y andaluces, y la propia historia particular, que se inscribe en la historia general. No estaría de más que empezáramos a conocer algo mejor aquello que consideramos “genuinamente andaluz”, comenzando por los propios andaluces, al objeto de que cuando se hable de Andalucía, dentro o fuera de ella, por propios o extraños, se utilizaran menos las vísceras y el discurso facilón cargado de tópicos y aproximaciones, y más la razón y los datos históricos.

Tenemos también casos gravísimos de corrupción, como son los ERE fraudulentos. Pero esto “man que les pese” a algunos no tiene nada de genuino andaluz. Forma parte más bien del sistema de corrupción generalizada que anida en las entrañas del propio Estado.

A cuarenta kilómetros al sur de Sevilla, concretamente en Isla Mayor, tenemos la mayor extensión de cultivo de arroz del Viejo Mundo, lo que hace al municipio, junto con otros colindantes, el mayor productor de arroz de la península Ibérica, que dicho sea de paso, también es genuinamente andaluz, sin negar ni restar un ápice de importancia a las muchas gentes que llegaron desde diferentes puntos de España, incluso de Portugal, para hacer posible el cultivo del arroz.

Breve resumen de la historia moderna de Isla Mayor

Como tal municipio, Isla Mayor nace oficialmente en 1994 tras un largo y encrespado proceso jurídico-político, y en ocasiones violento, para la segregación del municipio matriz, Puebla del Río, del que era pedanía, en cuyo proceso, no faltaron encierros, manifestaciones, protestas e incluso la ocupación de la Catedral de Sevilla por decenas de vecinos.

El origen moderno de Isla Mayor hay que buscarlo en el poblado Alfonso XIII, a unos tres kilómetros de distancia, hoy pedanía de Isla Mayor. Es decir, los poderes establecidos de la época habían previsto que el núcleo urbano central para el desarrollo agrícola de las marismas fuera Alfonso XIII, pero quizá porque la verdad oficial sea una y los hechos a los que se refieren sean otros, el tiempo acabó por desmentir aquella que en un principio fue la verdad oficial.

En la segunda década del siglo pasado puede afirmarse categóricamente que Isla Mayor, la que hoy puede ser vista, era absolutamente nada. Antes de dos décadas después, en la década de los 50, el aspecto que presentaba era el siguiente (fábrica de papel al fondo).

Y el estado actual:

Resulta obvio que si en Isla Mayor no había nada y hoy es la mayor productora (desde los años 50–60) de arroz del Estado español, la explicación no puede llegar más que de la mano del trabajo realizado por andaluces, extremeños, valencianos, canarios, leoneses, portugueses y algún alemán.

Los primeros pobladores de Isla Mayor

Lo podemos saber de forma directa, porque Isla Mayor es uno de los pocos pueblos del mundo en el que sus principales protagonistas históricos pueden contar la historia de viva voz. Pero además están los alumnos del Colegio Público Florentina Bou que en el 25 aniversario (1974–1999) publicaron un cómic donde se narraba la historia del pueblo, y los libros de Matías Rodríguez Cárdenas o Juan Grau Gálvez, entre otros autores, o la biografía de Miguel Castillo Martínez, al igual que los blogs de Maldonado, Puerta Natural de Doñana; el de Salud Cano, Historias de Isla Mayor; o el de Pepe Hermano, el Mundo de Pepe Hermano.

Todo ello nos sitúa y nos hace que prestemos atención a la historia moderna de poco más de ochenta años de de Isla Mayor, que llevándola al límite de la simplificación, podríamos decir que se resume en que gracias al trabajo de todos los que llegaron a esta tierra, hoy somos los mayores productores de arroz del Estado Español, lo cual, y si se queda solo en eso, en sacar pecho de que somos los primeros en algo no tiene mucha utilidad, salvo que, por ser cierto, este dato, invalidaría la “verdad” oficial de que sea Valencia el primer productor de arroz, con lo que evidentemente, la historia ha quedado falseada y lo seguirá estando hasta que la verdadera historia de Isla Mayor sea conocida universalmente.

Isla Mayor, se llamó antes Villafranco del Guadalquivir, y antes El Puntal

Pero antes de todos esos nombres, concretamente, desde el siglo VIII, Isla Mayor existía como núcleo poblacional, al que los musulmanes, “curiosamente” le dieron el nombre de Qabtur (Isla Mayor), curiosidad que podría quedar en una simple anécdota de no conocerse los datos que aporta Juan Grau Galve en su libro “La Ermita, notas para la historia de Isla Mayor”, como por ejemplo, cuando afirma que  “Abû-l-Walid al-Bâyî… (nacido en Badajoz el año 1013) nos habla del cultivo del arroz en las riveras del Guadalquivir… y en los marjales de su cauce inferior”, dato que vuelve a confirmar el mismo autor al mencionar que Abu-J-Jayr al Isbili que vivió en Sevilla durante el reinado de Almutamid (1040–1095) hizo “una descripción del método de cultivo del arroz en Al-Andalus”.

Si no dispusiéramos de ningún dato y dando por sentado que el cultivo del arroz fue introducido en España por los árabes, cosa que nadie pone en cuestión, sería deducción lógica afirmar que dicho cultivo se inició en Sevilla, y concretamente en Isla Mayor, dado que sus tierras eran ideales para su cultivo y que los musulmanes entraron a la península por Gibraltar en el año 711 y 712, desde donde se extendieron por prácticamente todo el territorio. Pero, además, los datos disponibles, avalan esta tesis.

Que el geógrafo almeriense Al-Vdri al visitar Valencia (Valensiya) en el siglo XI afirme que el “… arroz, traído también por los árabes… se exportaba a todo el resto de la España musulmana…” (Cultura Andalusí Balensiya.com) confirma que el arroz no es originario de Valencia, y el hecho de que sea la proveedora de dicho cereal a todo el mundo musulmán hispano, que nada tiene que ver con ser la primigenia productora del mismo, lo explica perfectamente Juan Grau Galve en su libro No es difícil comprender el estado en que quedó Isla Mayor: “en apenas sesenta años sufrió un ataque y saqueo portugués (1226) […] más tarde […] 1264 -66 […] la revuelta mudéjar […] y finalmente […] el asalto, saqueo y destrucción de los benimerines en 1285 […] A partir de aquí la Isla Mayor perderá su estructura o sistema agronómico heredado de los musulmanes […] En definitiva, se había consumado la liquidación de la estructura socioeconómica de la Qabtur (Isla Mayor) musulmana, con población estable y entidad propia, que no se recuperará hasta nada menos que seiscientos años después […] que culminará en 1994 (página 69)”.

A estos datos aportados por Juan Grau Galve referentes a los saqueos que se llevaron a cabo sobre Isla Mayor, hay que sumarle muchos otros de otros tantos saqueos o revueltas sociales anteriores, y todo ello podría explicar perfectamente que ante la inseguridad  imperante en Isla Mayor, los agricultores se fueran a otras tierras que ofrecieran una mayor seguridad, como era el caso de Valencia en aquella época, lo que a su vez podría explicar que se convirtiera en la mayor productora (no primigenia) y por consiguiente en la principal proveedora de arroz de toda la península musulmana.

Conocer o no conocer la historia, he ahí la cuestión

El tópico dice, aunque en este caso puede que no sea tan tópico, que el pueblo que no conoce su historia está obligado a repetirla.

La historia de Isla Mayor desde el siglo VIII al XIX es prácticamente desconocida a niveles generales, y la que va del XIX a nuestros días muy mal conocida.

De ser esto así la conclusión a la que se llega no puede ser más inmediata: los isleños y las isleñas tenemos la imperiosa necesidad de conocer nuestra propia historia para poder exigir que se nos reconozca como somos.

Del conocimiento de la historia no podemos esperar el efecto milagroso que caiga el maná del cielo y nos resuelva los problemas inmediatos y urgentes que nos afectan. Por ejemplo, si un vecino pasa hambre, no podemos entretenernos en ver que dice la historia acerca de este vecino o de la historia del hambre. Si un vecino pasa hambre, por razones de justicia y no de caridad,  lo que se tiene que hacer de forma inmediata y efectiva es que ese vecino deje de pasar hambre, y esto pertenece a la práctica política diaria.

Del conocimiento de la historia solo se puede desprender, que no es poco, la explicación de lo que somos y el posible punto de referencia de lo que estemos dispuestos a ser en el futuro.

Ya sabemos por los datos aportados por Juan Grau Galve que la destrucción de la estructura socio-económica de la Isla Mayor en el siglo XIII supuso la ruina de la misma y el oscurantismo histórico durante seis siglos, lo cual no es ninguna anécdota, sino un dato histórico de primera magnitud que conviene tener presente, porque lo que pasó es susceptible de que vuelva a pasar si no se trabaja para que no pase.

Si antaño fue la desaparición de la estructura socio-económica existente la que determinó la ruina y el oscurantismo histórico de la Isla Mayor, hoy la amenaza susceptible de producir semejantes efectos no es la desaparición de la estructura socio-económica existente, sino paradójicamente, la permanencia en el tiempo de la misma.

La estructura económica que hoy existe está basada en relaciones de producción capitalistas, y estas no tienen otro objeto que el acrecentamiento indefinido de los capitales que constituyen su único fin sin reparar en nada ni en nadie.

Objetivamente las relaciones de producción capitalistas desde que se convierten en las relaciones de producción dominantes a partir del siglo XVI y hasta hoy son las auténticas protagonistas del desarrollo económico y social de prácticamente todo el mundo. Desde este punto de vista y sin entrar en consideraciones de tipo moral, el modo de producción capitalista puede ser considerado como un elemento fundamentalmente progresista con respecto del Antiguo Régimen, del feudalismo.

Cumplida su función histórica de desarrollar las fuerzas productivas que es evidente, y tanto más evidente cuanto más se le estudie, lo que fueron fuerzas de progreso económico y social se convierten indefectiblemente en fuerzas regresivas, contrarias al desarrollo económico y social.

Si se estudia bien la historia moderna de Isla Mayor se podrá comprobar que el desarrollo económico y social que en la misma se produce es consecuencia de la introducción y posterior desarrollo de las relaciones de producción capitalistas. Y si se siguiera estudiando bien esta misma historia moderna, también se vería claramente que lo que fue agente principal de su desarrollo económico y social se convierte (se está convirtiendo) indefectiblemente en su principal agente de regresión económica y social.

El fin de la historia no es el fin de la historia, sino el fin del modo de producción capitalista que es el que ha escrito la historia hasta hoy, para dar lugar al nacimiento de una nueva historia.

¿Las crisis capitalistas habidas a lo largo de la historia se producen porque los capitalistas se vuelven majaretas en un momento determinado y no sabiendo lo que hacer no las evitan? Absolutamente no.

Las crisis capitalistas son el resultado lógico de la propia dinámica de funcionamiento del mismo modo de producción capitalista.

El capitalista extrae su riqueza de la fuerza de trabajo que utiliza en proceso de producción, y su único afán es ver crecer su capital sin reparar en ninguna otra cuestión. Si sustituye mano de obra por máquinas es porque puede incrementar su producción y como consecuencia puede vender más y como consecuencia obtiene mayores beneficios. En este proceso el capitalista crea paro, pero eso a él no le preocupa. Llega un momento en que ha incrementado tanto su producción que ya no es capaz de vender todo lo que produce, y es aquí donde se manifiesta la crisis capitalista, debido a la interrupción del proceso de obtención de beneficios, dado que no puede vender todo lo que produce.

El capitalista sale de esta crisis arruinando a numerosos pequeños y medianos capitalistas y acumulando más capitales, para poder realizar mayores inversiones de manera que pueda producir más y a un costo inferior al que lo hacía antes de que se manifestara la crisis “superada”, sin variar la filosofía capitalista: acrecentar los capitales, lo que equivale a decir que sale de una crisis preparando los cimientos de la siguiente que será más aguda que la anterior.

Este ciclo de crisis es posible mantenerlo en tanto en cuanto pueda extraer directamente del ciclo productivo la tasa de beneficios suficiente para mantener en pie los capitales invertidos. Pero llega un momento en que la suma total de los capitales invertidos es tan monumental que la tasa de beneficios extraída directamente del ciclo productivo, no es suficiente para cubrir la rentabilidad esperada, razón por la cual, los capitales dominantes en ese momento, a través de los correspondientes gobiernos de los correspondientes estados, ordenan que se saqueen directamente de las rentas del trabajo en la cantidad suficiente para cubrir la parte de la tasa de beneficios que no puede proporcionar directamente el ciclo productivo, y  es aquí donde hay que inscribir los recortes en los derechos sociales y económicos de los trabajadores que en todo el mundo capitalista se están llevando a cabo.

Dragado del Guadalquivir  y extracción de gas en Doñana: el actual caballo de Troya en Isla Mayor que nos podría llevar al siglo XIII

Proyecto del dragado del Guadalquivir, al que se oponen la totalidad de los sectores económicos, sociales y grupos de científicos que han participado en su estudio, desprovisto de la hojarasca de palabras que le acompañan y maquillajes de quedar bien con que lo presentan sus promotores, en esencia consiste en una gran masa de capital con la consideración oficial de inversión, cuando en realidad no se trata más que de un auténtico gasto social improductivo, sin ninguna utilidad positiva para la sociedad, que correría por cuenta de todos los españoles, con el único propósito de asegurar la rentabilidad económica de unos grupos de capitalistas en cuyas manos se pondría esa masa de capital para que la manejaran a su antojo valiéndose del paripé del dragado del río, sin reparar el los daños que causaría a los agricultores y pescadores de toda la rivera al aumentar la salinidad como consecuencia de la mayor profundidad del cauce al ser dragado para que lleguen al puerto de Sevilla cruceros de turistas de alta calidad, como si los que ya llegan hoy lo hicieran a nado o andando por las márgenes de río.

Otro tanto cabría decir del proyecto de obtener gas en Doñana mediante el proceso de craqueo o cracking, que consiste en introducir en el subsuelo unos catalizadores (óxido de aluminio o anhídrido silícico) con el fin de modificar químicamente (romper las moléculas)  otros compuestos para la liberación del gas a extraer, causando graves daños y contaminación en el subsuelo que afectaría a las aguas.

Todo lo dicho, que no puede ser considerado más que como una minúscula pincelada a brocha muy gorda, para tener una primera aproximación a la realidad, nos podría llevar a la siguiente

CONCLUSION

Que para cualquier persona con dos deditos de frente, y en este caso particular, a los vecinos de Isla Mayor y otras localidades colindantes, conocer la historia propia y prevenir el futuro, debería ser uno de los panes nuestros de cada día.

Fotos: Manuel Sogas, blog ‘Historias de Isla Mayor’ (Salud Cano), Ayuntamiento de Isla Mayor

 

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