El Banco de España y la ley del silencio

19. septiembre 2014 | Por | Categoria: Economía, Magazine

POR BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE – Dentro del ruido de nueces que está levantando la comisión de investigación de las Cortes de Aragón sobre la gestión de Caja Inmaculada, le ha tocado el turno al mudito de este circo de enanos, el Banco de España que, en su carta a la Comisión, hace una referencia genérica a todas las cajas, pero no es difícil advertir que entre las señaladas se encuentra la propia CAI.

Compareció a tal fin el responsable de supervisión de las cajas de ahorros de este organismo, Jerónimo Martínez Tello. Lo de comparecer es un decir ya que en una muestra de total desprecio por las cuestiones humanas, lo hizo a través de una carta. La desaparición de una entidad de crédito de carácter social en una comunidad autónoma exige poder interrogar al organismo supervisor, cuyo Gobernador -por cierto- tiene un cargo de naturaleza y designación política, ya que lo nombra el Rey, a propuesta del presidente del Gobierno. Supongo que la Comisión de las Cortes reflejará en sus conclusiones una crítica a este proceder, por mucho que la ley lo ampare.

A parte de estos vergonzosos ninguneos, en su escrito de contestación el Banco de España dejó claras dos cosas: que él no es responsable y que la culpa fue de los administradores y máximos directivos de la CAI. De esto último no tenemos duda alguna, ya que quien gestiona mal es el principal responsable.

Pero la primera respuesta nos plantea a los ciudadanos y ciudadanas, como contribuyentes del desaguisado bancario, la cuestión de la utilidad del Banco de España. Si han de ser sus menesteres los de servir de palanganeros de la banca y mantener en omertá sus fraudes a la sociedad, no entendemos el derroche del erario público, salvo que esta democracia sea de cartón piedra, claro. No obstante, del contenido de su escrito se pueden apreciar contradicciones sobre las que habrán tomado buena nota los responsables de la mencionada comisión de las Cortes.

De este modo, sorprende que en su contestación el Banco de España reconozca que es “un supervisor de la solvencia y de la normativa específica de las entidades de crédito”. En este sentido, es conocido que al menos desde 2002 el Banco de España era plenamente consciente de la situación y “alertaba” de la “sobrevaloración” de la vivienda y “advertía” del carácter ficticio de esta “riqueza” al reconocer que los precios observados estaban muy por encima de los niveles justificados por los fundamentos económicos. Esta sobrevaloración se cifraba entre el 8% y el 20% ya en 2003 y entre el 24% y el 35% en 2004 (BANCO DE ESPAÑA, Informe Anual 2004, año 2005 páginas. 40-41). El Banco de España asistió como privilegiado espectador de la catástrofe que se avecinaba sin decisiones ni reacciones contundentes a través de los mecanismos que le permite la normativa (desempólvense las recientemente derogadas leyes de coeficientes de inversión y recursos propios de 1985 y de disciplina e intervención de 1988).

Añade el responsable del Banco de España en su escrito que tal organismo “no es una brigada de delitos económicos, ni es la fiscalía, la Judicatura o la Inspección de Hacienda”. Es evidente, y por ello el tono resulta ofensivo y de una impertinencia supina hacia un organismo democrático. Sabrá el Banco de España porqué mienta la bicha y saca a relucir a “la brigada de delitos económicos”, pero en cualquier caso dentro de sus funciones de inspección, todo organismo administrativo debe en su caso denunciar al órgano competente cualquier indicio de delito detectado en sus inspecciones. ¿Lo hizo el Banco de España?

Lo que resulta llamativo es que la carta de contestación ponga de manifiesto que “a partir de 2004 (el Banco de España) empezó a enviar señales inequívocas de su preocupación mediante escritos de recomendación sobre la necesidad de reconducir los desequilibrios que se estaban registrando.” Aquí tenemos al máximo organismo supervisor haciendo el indio, mandando señales de humo que en el lenguaje de la desregulación financiera y el imperio de la soft law el propio Banco de España denomina “persuasión supervisora” ¿Es así como se embrida al sector bancario y evita una crisis? En caso contrario ¿dónde esta el principio de responsabilidad de los Poderes públicos, básico en todo Estado democrático?

Ya veremos qué depara el nuevo sistema de supervisión bancaria establecido a escala europea. Por de pronto, y como ha sucedido en otros ámbitos como el hipotecario con las numerosas sentencias del Tribunal Europeo contra la normativa española, los hechos relatados por el Banco de España son una demostración más de que el sistema financiero español es un cortijo que se maneja entre caciques y capataces ineptos.

Foto: Luis García

 

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