El hospital de Alcañiz, ¿será público?

13. marzo 2013 | Por | Categoria: Columna Invitada, Magazine, Opinión

POR DEMETRIO CALVO NUENO (*)

Será de colaboración público–privada, nos dicen nuestros políticos de cámara: un conjunto de empresas con ánimo de lucro construyen el hospital y lo gestionan total o parcialmente; la administración paga un canon por la construcción y la gestión, durante un periodo entre 20 y 30 años. Este canon será incrementado anualmente al menos con el IPC. A esto hay que sumar las aportaciones extraordinarias de dinero público que, de manera más o menos  opaca, se suelen producir.

Un negocio redondo para estas empresas, riesgo nulo al tener los pagos asegurados; un mercado cautivo y una alta rentabilidad. No así para el presupuesto público: cálculos realizados en Inglaterra y España determinan que el costo final es, al menos, cuatro veces superior al se que hubiese registrado si se hubiera asumido el proyecto en exclusiva por parte de la Administración. El hospital de Alcañiz va a ser una experiencia piloto en Aragón, y probablemente la punta de lanza para este tipo de experiencias en nuestra comunidad, de ahí su alto valor simbólico.

La experiencia acumulada en España y sobre todo en Inglaterra con amplio recorrido en este tipo de prácticas, desaconseja este modelo de gestión por las deficiencias que se generan a medio plazo en la calidad asistencial y en las condiciones de trabajo de los profesionales de la salud (ver el ultimo y trágico escándalo en el hospital de Stafford). De hecho, la Organización Mundial de la Salud no lo aconseja.

Pero es que además es una perversa “trampa financiera” ya que supone entrar en una dinámica de pago de cánones crecientes a cargo de unos presupuestos sanitarios cada vez más reducidos a causa de las políticas de ajuste, de manera que progresivamente una parte cada vez más importante del este presupuesto irá a estas empresas con afán de lucro, en detrimento del sistema público. Así, esta penuria financiera, finalmente, será compensada por los bolsillos de los usuarios. Pasaremos así de un sistema eficaz y perfectamente sostenible como el actual, a otro ineficaz e insostenible, pero altamente rentable para estas empresas.

Dentro de este proceso es especialmente peligroso el que asumamos la idea de que “da igual quien nos atienda”, como piensan algunos ciudadanos poco informados. No, no es igual, no solo para la protección de nuestra salud como demuestra la experiencia existente, sino porque si aceptamos esto estarán poniendo en nuestras manos la piqueta que derribará el sistema público de salud.

Pero hay más, si estas experiencias se muestran lesivas en Inglaterra, tanto más lo serán en España. Recientemente nos ha visitado una delegación del National Health Service británico. En su informe señalan que aquí los contratos público–privados son tan laxos (“flexibles”, dicen ellos) que nunca serían admitidos en su país, que hay una escandalosa connivencia entre políticos gobernantes e industria privada y que todo ello está amparado por una gran opacidad.

De las empresas “colaboradoras” de la Administración hablaremos otro día. Una historia de lo más inquietante. Esta es una muestra más del proceso de desmantelamiento a que está sometida nuestra sanidad pública. Hay que cambiar este estado de cosas. Ante tanta confusión y opacidad queremos hacer visibles este y otros problemas que nos afectan directamente en la manifestación que se celebrará el domingo 17, partiendo del Paraninfo de Zaragoza a las 12 horas.

Si los profesionales de salud y los ciudadanos no somos capaces de articular un contrapeso a esta situación, entonces tenemos un problema muy serio. Hay que impulsar dinámicas de cambio y para ello el primer paso es manifestarnos mostrando que nos sobran las razones. Como ciudadanos y usuarios del sistema sanitario también tenemos una responsabilidad: la sanidad del futuro dependerá de lo que nosotros hagamos en el presente.

(*) Portavoz de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Aragón

 

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