El incierto futuro del Pabellón de España

25. noviembre 2014 | Por | Categoria: Cultura, Economía, Magazine, Opinión

POR JAVIER GRIMAL (*)

Si la candidatura de Zaragoza como sede de la Expo del 2008 y la posterior celebración de la muestra fueron capaces de aglutinar numerosos impulsos económicos, sociales e institucionales hacia la consecución de un mismo fin, la realidad post-Expo está suponiendo la antítesis de lo anterior. De la evolución del recinto Expo tras la muestra, sólo destacan como elementos positivos la reconversión del Frente Fluvial llevada a cabo en 2009 por el Ayuntamiento de Zaragoza, y la posterior actuación del Gobierno de Aragón para transformar los edificios Lluvia, Viento y Sol en el actual parque empresarial Dinamiza, y el edificio Ríos y el pabellón Oasis y Desiertos en la Ciudad de la Justicia.

Mientras tanto, CAI e Ibercaja se desentendían de sus compromisos de revitalizar la Torre del Agua y el Pabellón Puente como símbolos arquitectónicos y culturales de la nueva Zaragoza; Aramón (empresa mixta participada al 50% por Ibercaja y por el Gobierno de Aragó) privaba a la capital aragonesa de la Telecabina como elemento de atracción turística; y el Ejecutivo autonómico congelaba la reutilización del Pabellón de Aragón con el nitrógeno líquido de la falta de presupuesto.

Especialmente peculiar e incierto es el caso del Pabellón de España, un magnífico edificio de última generación dependiente del Gobierno central, que a pesar del escaso coste que supondrían las obras necesarias para su reapertura, ha visto cómo eran descartados uno tras otro los posibles usos que hubiera podido albergar después de la Exposición Internacional.

En primer lugar, la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales (organismo público dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda, hoy refundido en la entidad interministerial Acción Cultural Española) puso reparos a que este espectacular edificio diseñado por Patxi Mangado (galardonado con el Premio de la Unión Internacional de Arquitectura, con el Premio García Mercadal y con el Premio de Arquitectura Española 2009) se convirtiera en la sede de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Zaragoza. La estrambótica razón ofrecida por los responsables de la SEEI fue que introducir alumnos universitarios en el edificio podría ser preludio de futuros actos de vandalismo.

Posteriormente, se barajó la idea de que el edificio albergara la sede del nuevo Instituto de Investigación sobre el Cambio Climático (I2C2). En septiembre de 2010, la ministra socialista Cristina Garmendia anunciaba la inclusión de una partida de 1,5 millones en los Presupuestos Generales del Estado de 2011 para este fin. Nunca llegó esta inversión, ni tampoco se formó jamás el consorcio que iba a dar soporte al I2C2, con la participación de los ministerios de Ciencia e Innovación, y de Medio Ambiente, Rural y Marino, del Gobierno de Aragón, de la Universidad de Zaragoza y del Centro Superior de Investigaciones Científicas.

En junio de 2013, el gobierno de Rajoy anunciaba la suspensión definitiva del proyecto del I2C2, a pesar de que la partida consignada a la rehabilitación del Pabellón de España seguía figurando en los presupuestos de 2012, 2013 y 2014. Partidas que quedan sistemáticamente sin ejecutar año tras año, y que por lo tanto, terminan figurando como ahorro presupuestario. En el proyecto de presupuestos para 2015 que se está debatiendo ahora mismo en las Cortes Generales, la partida destinada a la rehabilitación del Pabellón de España se eleva hasta los 1,7 millones de euros.

Sin embargo, el único gasto destacable que el Gobierno de España ha realizado en el edificio desde la clausura de la Expo ha tenido que ver con la retirada de la fila superior de piezas cerámicas que componen la columnata, para evitar que siguieran desprendiéndose. La intervención se realizó en verano de 2013 por orden del Ayuntamiento de Zaragoza, en calidad de institución encargada de velar por la seguridad de los edificios.

La reinstalación de estas piezas cerámicas, sin embargo, nunca se ha realizado a pesar de los requerimientos de la Comisión Provincial de Patrimonio, que también ha ordenado tomar las medidas necesarias para evitar el progresivo deterioro que sufre el estanque situado alrededor del Pabellón. El Gobierno central se escuda en que, tanto la reposición de las cerámicas como las reparaciones en el estanque, forman parte de un proyecto más amplio de rehabilitación del edificio, que nunca llega a materializarse a pesar de contar -como decimos- con una partida presupuestaria consignada a este fin.

El último proyecto de uso para el Pabellón de España propone su cesión a la Universidad de Zaragoza para la instalación de una Escuela de Doctorado. La institución académica señala que su cada vez más exiguo presupuesto es incapaz de afrontar los gastos de mantenimiento del edificio, por lo que sería necesario que éstos corrieran a cargo del Gobierno de España o del Gobierno de Aragón.

Lo que estas dos instituciones deberían tener en cuenta antes de confirmar su negativa es que quizá este proyecto sea el último, no sólo en el sentido cronológico, sino también desde el punto de vista de la supervivencia de un edificio emblemático que corre el riesgo de entar en situación de ruina por abandono, tal como vaticinan sotto voce algunos técnicos municipales del Área de Urbanismo.

(*) Director de CRÓNICA DE ARAGÓN y coautor del libro “Una pasión compartida. Zaragoza y su exposición internacional”

 

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