El Museo Pablo Gargallo propone un viaje retrospectivo al universo pictórico de Salvador Victoria

27. junio 2012 | Por | Categoria: Cultura, Cultura y Ocio, Magazine

El Ayuntamiento de Zaragoza y el Museo de Teruel han organizado conjuntamente una exposición retrospectiva del pintor turolense Salvador Victoria (Rubielos de Mora, 1929 – Alcalá de Henares, 1994), considerado como uno de los artistas de referencia del llamado informalismo pictórico español. La exposición se inauguró ayer por la tarde y mantendrá abiertas sus puertas al público hasta el próximo 28 de octubre.

La muestra se compone de las 43 obras que su viuda legó al Museo de Teruel y que recogen piezas representativas de cada una de las diferentes etapas artísticas por las que pasó el pintor aragonés durante más de cuatro décadas. La obra más antigua data de 1952, mientras que la más reciente lo hace de 1994, por lo que la exposición constituye una oportunidad de especial valor para aproximarse a la evolución artística del pintor.

Considerado una de las figuras de referencia de la corriente informalista española y de la abstracción geométrica, Salvador Victoria trabajó con una amplia gama de técnicas como la acuarela, el guache, la serigrafía o el óleo. Todas ellas presentes en la muestra que se exhibe en el Museo Pablo Gargallo.

Una vida dedicada a la pintura

Salvador Victoria se formó en la Escuela de Bellas Artes de Valencia y durante su etapa de formación recorrió buena parte de la geografía española, hasta que en 1956 decidió instalarse en París, donde entró en contacto con las corrientes abstractas de la época. Es su etapa informalista y de confrontación. En 1960 participó en la XXX Bienal de Venecia y funda, junto con Nicolaus, Gentry, Kaner y Sornum, el Grupo Tempo, con el que realiza exposiciones por diferentes países europeos.

En 1964 se instaló definitivamente en Madrid y entró a formar parte de los artistas adscritos a la Galería Juana Mordó. En esta época comenzó a incorporar nuevos soportes y materiales, experimentando el relieve con cartulinas plegadas pintadas al temple. El Ateneo madrileño organiza en esos años una exposición individual dedicada a su obra.

En 1968 volvió a exponer en las Bienales de Venecia y Alejandría, y durante los últimos años de esa década emprende su etapa más monocromática, en la que configura la superficie del cuadro con un solo color. Comenzó a abandonar el uso de materiales pegados, quedando el óleo sobre tabla como el único elemento que conforma ese cosmos volumétrico de esferas, conos y pirámides. Empleó los rojos, cárdenos, morados, marrones y dorados en gamas calientes, antes excluidas de su pintura.

Entre 1976 y 1979 Victoria atravesó una etapa constructivista con formas geometrizantes (círculos cruzados por cintas), sin la simetría característica de la época anterior. En 1979 inicia su labor docente en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. A partir de la década de los 80, se suceden las exposiciones antológicas en el Centro Cultural de la Villa de Madrid (1984), la Lonja de Zaragoza (1985) y el Museo de Bellas Artes de Huesca (1985). Son años de una intensa actividad expositiva (en 1986 participa en Arte español en Nueva York (1950-1970); en 1988 presenta una retrospectiva en el Museo de Teruel; desde 1989 su obra está presente en la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y participa con el Grupo Ruedo Ibérico en las exposiciones realizadas en Madrid, Praga, México, etc.

Durante esos años, su obra va depurándose paulatinamente hasta llegar al estadio de su pintura más pura, despojada y silenciosa. Un proceso que se truncaría con su fallecimiento el 27 de junio de 1994 en Alcalá de Henares (Madrid), tras una repentina enfermedad.

Foto: archivo cronicadearagon.es

 

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