El negativo milagro español

2. junio 2011 | Por | Categoria: Economía, Magazine

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Para afrontar la crisis económica, el Gobierno de Rodríguez Zapatero decidió, empujado por los mercados e instituciones financieras y políticas internacionales, poner en marcha diferentes reformas que bien podrían resumirse en tan sólo dos.

 

Por un lado, la reforma del sistema financiero, todavía por cerrarse, no ha mostrado sino signos negativos para la sociedad. La conversión de Cajas de Ahorros en Bancos es un claro ejemplo pues se pierde, con ello, buena parte del compromiso social que las Cajas ejercen, por ejemplo, con sus aportaciones en actos y proyectos culturales. Las fusiones, si bien fortalecen los fondos de capital de las entidades financieras, arrojan sus primeros resultados en forma de masiva destrucción de puestos de trabajo, mientras el problema del crédito sigue sin asomo alguno de solución.

 

La segunda pata reformista es, sin duda, la laboral, en la que podríamos encuadrar perfectamente la propia reforma del mercado laboral, la de las pensiones y la de la negociación colectiva, todas ellas con una directa afectación sobre el mundo del trabajo.

 

Cambiar el sistema de pensiones puede que garantice una mayor longevidad de esta protección social, aunque bien podrían haberse buscado otras fórmulas que no acabaran castigando a la parte más débil, los propios pensionistas del futuro, que ven el día de mañana cada vez con mayor inseguridad.

 

En cuanto a  la reforma del mercado de trabajo, los números cantan.

 

Si su objetivo principal era la creación de empleo indefinido mediante la rebaja del coste del despido y la instauración del contrato de fomento, lo conseguido hasta el momento es que la temporalidad alcance el 24,8 %, según el Banco de España.

 

El martes, el organismo supervisor emitió su boletín económico del mes de mayo, en el que la cifra citada iba acompañada por otras como la del descenso de la contratación indefinida en un 7,7 % respecto del mismo mes de 2.010, o la que asegura que durante el primer trimestre de 2.011 han sido los puestos de trabajo indefinidos los que más han aumentado, en concreto un 1,4 % durante los últimos doce meses.

 

También decrece peligrosamente el porcentaje de contratos temporales convertidos en indefinidos (contrato de fomento del empleo), pasando del 15,5% en los últimos meses de 2.010 al actual 3,8 %.

 

Con estos datos era cuestión de tiempo que alcanzáramos el dudoso honor de figurar en el primer lugar, en cifra de desempleo, de los Veintisiete, con un 20,7 % de paro en el mes de abril y en un entorno europeo cuya porcentaje se sitúa en el 9,9 %.

 

La tercera “reforma laboral”, la de la negociación colectiva, tampoco parece que vaya a aportar solución alguna, al menos tras el fiasco propiciado por el ala dura de la C.E.O.E., tal como publicó CRÓNICA DE ARAGÓN la pasada semana.

 

Tras el batacazo electoral del P.S.O.E. en las municipales y autonómicas, Rodríguez Zapatero justificaba su permanencia al frente del Gobierno en la necesidad de culminar las reformas emprendidas. Es posible que todavía espere ese milagro, ese golpe de suerte que caracterizó a su personaje en los inicios de su andadura en la primera fila de la política estatal, pero lo único cierto es que esas reformas no están dando fruto alguno a pesar de tratarse de decisiones impuestas por esos mercados e instituciones causantes de la crisis y que tienen un carácter totalmente conservador.

 

Dentro de un año, con toda probabilidad, habrá cambio de signo político en el Gobierno de España y será un Gobierno conservador el que tendrá que tomar las decisiones que saquen a nuestro país del atolladero económico y social, y no será fácil.

 

Por un lado, se encontrará con la presión internacional que dicta los designios de cada país y por otro, con una sociedad que, por mucho que le apoye con sus votos, no quiere bajo ningún concepto políticas de derechas.

 

Quizá, por eso, nadie sepa qué hará Rajoy. Puede que ni él.

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