El negocio canalla de la banca y sus “cláusulas populistas”

10. febrero 2017 | Por | Categoria: Economía, Magazine

POR JOSÉ S. LÓPEZ

Ibercaja tachó la pasada semana de “populismo judicial” las soluciones adoptadas para atajar el problema generado por las cláusulas suelo. Por boca de su consejero delegado, Víctor Iglesias, la entidad aseguró que al menos un 80% de los clientes tenían claro lo que estaban firmando. Los tribunales sin embargo no están muy de acuerdo ya que el porcentaje de sentencias favorables a los clientes es abrumadora.

Pero en parte hay que darle la razón en algo. La extensión de estas cláusulas se difundió hasta tal punto que prácticamente todas las entidades de crédito en España, con contadas excepciones, contribuyeron a hacer popular un abuso que ha requerido incluso la intervención del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

Como sin duda el lector sabrá, pues muy posiblemente tenga en su préstamo esta “cláusula populista”, en virtud de la misma el prestatario no puede beneficiarse de un descenso de la cuota que paga al banco aunque descienda el Euribor, históricamente bajo desde hace años, ya que la cláusula de marras actúa como tope. La consecuencia es que el cliente paga de más.

Resolvió en 2013 el Supremo sentenciando que, efectivamente, tales cláusulas eran abusivas, pero metió la cuña del “perjuicio económico” que causaría a las entidades imponerles la devolución de todo lo cobrado en exceso. En base a ello estableció la fecha del 13 de mayo de 2013 como límite de posibles devoluciones en virtud de futuras sentencias que condenasen a las entidades. Es decir, una “jurisprudencia-suelo” que le evitaba al banco afrontar la devolución de todo el exceso cobrado desde la firma de la hipoteca. Pensemos que ya en octubre de 2008 el Banco Central Europeo comenzó a intervenir con bajadas de tipos, por lo que bancos y cajas eran conscientes de que el Euribor comenzaría su descenso de forma paralela.

Tamaño entuerto jurídico tuvo que resolverlo el TJUE el pasado mes de diciembre, poniendo en solfa a la sentencia del Supremo y advirtiendo que si una cláusula es nula, lo es desde que se firmó, no desde cuando le parezca al Supremo. A los máximos ejecutivos de las entidades les ha escocido que una sentencia europea haya puesto orden y obligado al Gobierno a adoptar como solución, mediocre por otra parte, un procedimiento para que las entidades lleguen a acuerdos con sus clientes para devolver todas las cantidades cobradas en exceso sin límite alguno.

Como respuesta, el presidente del BBVA llegó a afirmar con insolencia que “me gustaría ser Papá Noel todas las mañanas”. Habría que recordar a Francisco González, colocado en su cargo por el dedazo navideño de Aznar, que no son obsequios, sino decisiones judiciales y que aunque así lo crea, no vive en un cortijo de su propiedad.

Por su parte, la consejera delegada de Bankinter María Dolores Dancausa se atrevió a decir que la banca “no es en absoluto perversa” y “ha pagado con creces sus errores”. No sé lo que entenderá por “pagar con creces”, pero basta echar un vistazo a la cifra de ejecuciones hipotecarias (entre 2010 y 2013 se produjeron una media anual de 38.000 ejecuciones hipotecarias de primera vivienda), de cierres de empresas, de despidos y recortes sociales sufridos estos años para comprobar que quienes hemos pagado los “errores”, y seguimos en ello, no fuimos los causantes del desaguisado.

Todo lo contrario. La banca no sólo ha engordado al calor de la crisis, a base de fusiones y altos beneficios (en 2016 Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Bankinter obtuvieron 12.551 millones de beneficios, un 9,9% más que en 2015), sino que se ha visto rescatada cuando no generosamente auxiliada por el Banco Central Europeo o por ese pozo de inmundicia que pagamos todos y que es la Sareb. Una ingente cantidad de dinero destinado a apuntalar y favorecer su negocio en detrimento de otras necesidades sociales y productivas del país.

Pero la puntilla del despropósito le corresponde a José Mª Roldán, capitoste de la patronal bancaria, quien no tuvo ningún empacho de cinismo a la hora de afirmar “lo eficaz y lo bien que funciona y ha funcionado nuestro mercado hipotecario (…) al permitir que muchas familias -más de un 80%- tengan su casa en propiedad, a un buen precio”.

Habría que responder que el “excelente” funcionamiento de ese mercado ha sido precisamente el causante de la mayor crisis económica sufrida por nuestro país en tiempos recientes. Sin olvidar que los precios pagados por las hipotecas han superado la media europea. En España, la banca cobraba una media de un 2,20% en intereses en diciembre de 2016, mientras que en la Zona Euro era del 1,76%; casi 0,45 puntos más caro. En diciembre de 2014 se alcanzaron los 1,69 puntos de diferencia: 4,36% en España frente a un 2,67% en la Zona Euro. Datos que dicen mucho de la “excelencia” del sistema bancario a la hora de exprimir a la población.

Tampoco estaría de más añadir, con copia a quienes aprueban las leyes, que la propiedad es sólo una de las posibles formas de acceder a una vivienda y, sin embargo, es la única que se ha fomentado merced a unas decisiones propias de La escopeta nacional. Las políticas de vivienda desde los años sesenta han favorecido la propiedad como alternativa única. Ello ha derivado en un clan de intereses empresariales de enorme peso que llevó hasta el delirio la expansión del negocio inmobiliario.

En los años del boom, las cifras de construcción de vivienda nueva triplicaban a las de la Unión Europea: 18 viviendas por cada 1.000 habitantes, frente a una media europea de 5,7. Esta política de intereses creados alcanza incluso a las VPO. No es hasta el Plan Estatal de Vivienda 2009-2012 que no se contempla el alquiler como forma deseable en la promoción de vivienda de protección oficial. No es serio que en otros países europeos la propiedad sea testimonial. Conviene recordar que los tres países con mayor tasa de alquiler en Europa son Suiza, Alemania y Austria.

El resultado es que el mercado de la vivienda y del dinero para financiar su adquisición está en manos de un oligopolio insaciable ¿Que tienen que devolver las cláusulas suelo…? Pues elevan los tipos de los préstamos hipotecarios. Entre noviembre de 2015 y el mismo mes de 2016, los intereses aplicados a los nuevos préstamos hipotecarios oscilaron entre un 3,26% y un 3,22%; mientras la referencia Euribor bajó del +0,08% al -0,07%. Ganancia redonda.

Con todo, lo más hipócrita de la intervención de Roldán fue la bastarda inocencia con que afirmó que “hemos descubierto, no sin gran preocupación, que la instancia última no es nuestro Tribunal Supremo, sino el Tribunal de Justicia de la Unión Europea”. Su preocupación, que no ignorancia, es que existan tribunales que caigan fuera de su propiedad y que, por tanto, tengan legitimidad para imponer coto a sus canalladas.

Foto: Oblongo

 

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