El otro modelo sueco para Europa

24. mayo 2013 | Por | Categoria: Economía, Magazine

Los disturbios que están asolando durante estos días algunos barrios periféricos en la ciudad de Estocolmo tienen su origen a simple vista en el fallido proceso de integración de la población inmigrante. Sus razones más íntimas sin embargo hay que buscarlas en las políticas económicas que está aplicando el gobierno sueco y que pretendían “aligerar las frondosas” ramas del estado benefactor sin necesidad de talar el tronco.

La chispa de los incidentes fue el asesinato de un vecino de la barriada de Husby a manos de la policía. Suficiente para prender la mecha. Husby tiene una alta población de origen inmigrante, con un elevado nivel de desempleo y fracaso escolar. Nada menos que el 20% de los jóvenes de este barrio carecían de ocupación en 2010, según datos de la Agencia Sueca para el Empleo. Estos sucesos recuerdan a los que tuvieron lugar en Francia hace unos años y que amenazan con reproducirse de manera cada vez más frecuente.

La crisis y las recetas económicas aplicadas por los conservadores “Alianza por Suecia”, en el poder desde 2006, parecen estar haciendo mella en un país envidiado antaño por su política de bienestar. Según un informe reciente de la OCDE “Crisis squeezes income and puts pressure on inequality and poverty” (http://www.oecd.org/els/soc/OECD2013-Inequality-and-Poverty-8p.pdf) de los 34 países miembros Suecia es el país donde las diferencias de ingresos aumentan más rápidamente. En 2010 la tasa de pobreza en Suecia fue del 9%, más del doble del 4% registrado en 1995 (página 5). Suecia sigue a la cabeza de muchos rankings pero los disturbios de los últimos días ofrecen testimonio del significado premonitorio de esas cifras y de las razones que se ocultan tras ellas.

No hay integración sin educación ni empleo, las dos formas tradicionales que permiten a un trabajador y su familia (inmigrantes o no) incorporarse al hábitat social. En estos barrios periféricos se han condensado las consecuencias indeseadas de dos décadas de paulatinos recortes económicos. Lo que empezaron siendo unos meros ajustes para lograr la “sostenibilidad” del Estado de bienestar, han acabado sirviendo de combustible en las barriadas. Esta mentira del “ajuste” tiene su lado más perverso en la falsa creencia difundida interesadamente de que es el modelo que ha contribuido a dar cohesión social, el responsable de una lenta depauperación que ya tiene efectos políticos.

En septiembre de 2010 el partido de los “Demócratas Suecos” (la extrema derecha si traducimos del neolenguaje) obtuvo en las elecciones legislativas un 5,7% de los votos que se tradujo en 20 escaños en Sveriges Riksdag (parlamento Sueco). Su discurso populachero y xenófobo sirve de distracción y cobertura a las políticas de acoso y derribo a las clases populares, pero también como perro de presa de las élites económicas del país. La culpa es del inmigrante primero, de todos los trabajadores después. Luego quizá vengan los judíos y los comunistas… El empobrecimiento rompe el consenso social y sirve a la vez de argumento para la represión.

Desde una perspectiva política, Suecia no está muy lejos de Grecia, de Hungría, de España y de cada vez más países. Parece sorprendente. Europa se está convirtiendo poco a poco en un archipiélago en donde lo que más nos une es precisamente lo que nos separan. Al mecanismo de construcción europea se le esté dando cuerda marcha atrás hasta retrasarlo a 1939. Una Europa cimentada sobre una tregua entre los grandes poderes económicos del continente lleva en sus genes esta tara de fabricación. Al final, sin trabas ni cortapisas, las viejas competencias terminan aflorando.

La burocracia de Bruselas no sólo no ha sido capaz de frenar su curso autodestructivo sino que se ha esmerado en lubricarlo. Un fulminante que está estallando en cadena en las periferias del mundo capitalista, sea en los países del sur de Europa o en los extrarradios de Estocolmo.

Foto: sede del Parlamento Sueco (autor: Ankara)

 

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