El Rescate tenía un precio

28. septiembre 2012 | Por | Categoria: Economía, Magazine

por Bartleby, el escribiente ··········

O “Por un puñado de Euros”, cualquier título es válido para este serial de cuatreros que es el mal llamado “rescate” a la economía española. Rajoy, el juez de la horca, aparenta no tenerlo claro todavía, ni tampoco Alemania. Como manifestó el ministro alemán de finanzas Wolfgang Schäuble “España no necesita un ‘programa’”. En eso coincide con Mariano. De cara a la opinión pública alemana, y en particular ante los comicios del próximo año 2013, no es fácil justificar las “ayudas” económicas a un estado del sur arruinado por su propia banca tahúr. Sobre todo tras la sentencia del Tribunal constitucional alemán que puso límite al escote de Berlín en los fondos de “rescate” (MEDE). El caso es que ya no se discute el “rescate” en sí, sólo sus condiciones y cómo se viste de seda para los ciudadanos, a este y al otro lado del Rhin.

Es curioso constatar las reacciones que provocan los mensajes en torno al previsible “rescate”. Tanto los ciudadanos españoles como alemanes coincidimos en que no lo queremos. Aunque los motivos sean distintos. Para los alemanes ya lo hemos visto, supone dar dinero a fondo perdido a un estado “manirroto”, aunque la prensa germana pase de puntillas sobre la responsabilidad de sus “eficientes” bancos. Para los ciudadanos españoles, porque sabemos que nos van a recortar hasta la cabellera.

Cortes y recortes, manual de estilo

La Comisión Europea y el Banco Central Europeo han dejado claro que el “rescate” supondría profundizar las contrapartidas ya exigidas en el Memorandum de Entendimiento suscrito por el Gobierno y el Eurogrupo el pasado mes de julio. Bajo el agotador título “Recomendación del Consejo sobre el programa nacional de reforma de 2012 de España y por la que se emite un dictamen del Consejo sobre el programa de estabilidad de España para 2012-2015”, Europa ya nos adelanta algunas recetas amargas. En su página 6 prevé, entre otras medidas, “acelerar el aumento de la edad preceptiva de jubilación” y “subsanar la baja proporción de impuestos procedentes del IVA aumentando la base imponible de este impuesto”.

Por su parte, en el Documento editado por el Banco de España publicado hace unos días y titulado “Los retos para la política económica en un entorno de tipos de interés próximos a cero” se recoge expresamente en su página 31 la necesidad de acometer más “reformas estructurales (como las relacionadas con el sistema de pensiones o el mercado de trabajo) que contribuyan a mejorar la sostenibilidad de las finanzas públicas”. O sea, reducir las prestaciones por desempleo y las pensiones.

La soberanía bancaria: socializar las pérdidas

Hay que reconocer que razón no le falta al Gobierno ya que el déficit sigue creciendo, pero no desde luego por causa de unos derechos reconocidos legalmente. Lo que no se dice es que crece por culpa de las ayudas públicas a las entidades de crédito; y que con ello se impide incentivar el crecimiento, ya que la mayor los recursos quedan succionados por los balances de las entidades corrompidas. Al acometer la reestructuración del sistema financiero el Gobierno proclamó a los cuatro vientos que no iba a costarnos un duro a los contribuyentes. Sin embargo, el Ministerio de Hacienda va a tener que anotar como números rojos en las cuentas del Estado las inyecciones del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) a las entidades bancarias “nacionalizadas”, ya que se estima que tales ayudas no van a retornar al Tesoro Público. Unos 11.000 millones de euros, en torno al 1% del PIB. Suma y sigue. En el momento en que redacto estas líneas, el consejo de ministros afila las tijeras de podar para los Presupuesto de 2013. Intenta así anticiparse a las imposiciones del Eurogrupo en una masoquista apariencia de “soberanía”. Patético. Bueno, siempre nos quedará Gibraltar.

A río revuelto, negocio redondo

A tenor de las medidas sugeridas, y en contraste con la voluntad de la ciudadanía, la clase empresarial española, alemana y del resto de la Zona Euro, sí claman por un rescate lo más pronto posible y como sea. Así lo han manifestado muchos nombres propios. El presidente del BBVA, Francisco González, pidió que el “rescate” se hiciera “cuanto antes”. González sabe bien de qué habla. Fue nombrado a dedo por Aznar tras la privatización de Argentaria. El muy pícaro, como otros de su calaña, tiene claro que en río revuelto puede haber ganancias. El indultado delincuente Alfredo Sáez, consejero delegado del Santander, ya ha dicho que prevé que en España queden menos de diez bancos y que entre BBVA y Santander se repartirían casi un tercio del negocio. El resto para la banca foránea.

A la patronal también le ha faltado tiempo para exigir sin más pamplinas el “rescate”. Para la CEOE es la ocasión para profundizar esas “reformas” y recortes que siempre ha exigido. Y sin necesidad de ceder un ápice. No es de extrañar el vasallaje manifestado por la patronal española ante la visita de Merkel el pasado 6 de septiembre ni de que pinte al Euro como “un proyecto irreversible” (Boletín de Noticias CEOE, nº 372 página 3).

Las mentiras del “rescate”

En este sentido hay que aclarar que son falsos los argumentos de que el rescate lo es para “tranquilizar” a los mercados, esa manada jurásica con cerebro de burbuja, o para lograr la “supervivencia” del euro. Lirismo wagneriano. Este “rescate” se hace para recomponer y reforzar la posición de dominio de los grandes grupos económicos. Por tanto, a quien favorecerá es a la clase empresarial española pero también europea como tendremos ocasión de comprobar ¿Llegaría el dinero de un “rescate” a la economía productiva, la que crea puestos de trabajo? Pues no. La banca necesita fagocitarlo para digerir sus agujeros negros contables y cumplir con los requisitos de capital impuesto. O para reflotar el negocio inmobiliario, dados sus excedentes.

Política de austeridad, don “erre que erre”

Todo ello sin negar la tesis mayor, que nos advierte que apurar el cumplimiento del déficit y recetar más austeridad y recortes es una ruina. Y no por una razón meramente ideológica, que también, sino porque las matemáticas son tozudas. Da escalofríos leer las ocho primeras páginas del Boletín Económico del Banco de España del mes de septiembre, donde retrata en cifras la situación que padecemos en nuestro país después de más de 2 años de recortes. Ahorraré datos que, además, no logran transmitir la intrahistoria humana de dramatismo que arrastran.

Las páginas siguientes del Boletín muestran una radiografía no menos sombría para el resto del mundo, incluido China. Y es que las decisiones de austeridad en Europa están alcanzando al resto, como reconoció la presidenta de Brasil Dilma Rousseff durante su intervención en Naciones Unidas. Todo sea por garantizarle el pago de la deuda a la banca acreedora.

Pagaremos las deudas de otros a un precio muy caro

No está de más recordar que a finales de 2011, la deuda externa española ascendía a 1,78 billones de euros. 423.000 millones corresponden a empresas y familias y nada menos que 716.000 millones, al sector financiero. Las familias están pagando sus deudas, ya que su tasa de morosidad está en torno al 3%. El verdadero problema es la monstruosa deuda de la banca que ha arrastrado a los ingresos públicos. Según el Banco Internacional de Pagos, la deuda de España con los bancos internacionales, vía deuda pública, asciende a 529.000 millones de euros, de los que la banca alemana y francesa absorben casi el 40%, unos 197.000 millones de euros. Con este panorama no es de extrañar que los buitres que vuelan ya en círculos sobre nuestra piel de toro vengan de Europa. Si Grecia arrienda islas, aquí tenemos en venta dos “mercancías” suculentas que ofrecer: el mercado financiero que ocupaban las extintas cajas de ahorros y, muy especialmente, los Derechos Sociales que se van a convertir en solares listos para empaquetar.

Las oportunidades de negocio también para fondos, consultoras y banca extranjera

La consultora Roland Berger, encargada de evaluar los balances de las entidades de crédito españolas, ha reforzado su división financiera en nuestro país. Una manera descarada de afilar cuchillo y tenedor ante el despiece tocinero de las antiguas cajas de ahorros cuyo patrimonio, propiedad histórica de sus clientes, se sacrifica en un vergonzoso ritual de decretos leyes y silencios cómplices.

Por su parte, Robert S. Kapito, capitoste del Fondo de Inversión BlackRock, que gestiona unos activos de 2,7 billones de euros (sí, 2,7 billones de euros) declaró en su reciente visita a España que el “rescate” “daría más certeza sobre el futuro”. Particularmente al de sus negocios, ya que este fondo invierte en la “industria de la salud” (¡que así la denominan el pirata en sus informes!) y en servicios financieros.

Crearán un desierto y lo llamarán “rescate”

El nuevo mapa económico va a echar raíces gracias al humus de las privatizaciones y recortes que vendrán. Planes de pensiones, seguros de salud, financiación privada de la educación, etc. se plantean como rentables sustitutivos de nuestros Derechos a una salud, educación y pensión dignos. El que pueda que lo pague. Que no quepa la menor duda sobre la naturaleza colonialista de todas estas maniobras que constituyen para el partido Popular el “modelo de salida de la crisis”. Convertir los servicios públicos en nutriente de rapaces y entregar en bandeja el antiguo sector de las cajas a los grandes colmillos privados constituyen el “potencial de crecimiento de España”.

Un programa político que obtiene su recompensa

Desde luego para las élites económicas es un programa para chuparse los dedos. El verdadero menú electoral del partido que ahora las representa, el PP. Lo ha sido siempre, desde hace siglos. El engorro es tener que pasar cada cuatro años por la ventanilla de las “elecciones”. Este es el único dilema de Rajoy. Si pudiera también privatizaría esa incomodidad electoral. Bueno, en el fondo ya se hizo, no sin complicidades es cierto. Ceder “soberanía” (siempre popular) a un proyecto Europeo manifiestamente anti democrático y controlado por una tecnocracia neoliberal, ha sido una exitosa operación de expropiación política que anticipaba la “grande bouffe” que se avecina. No perdamos de vista que la base ideológica del liberalismo, que es como se travistió la clase cacique española durante la Transición, responde a esos mismos parámetros. Como dice el profesor Félix Ovejero Lucas en su artículo “Las democracias y los indignados”, la esencia del liberalismo es “evitar que los ciudadanos se interesen por la política” (Revista “Papeles  de relaciones ecosociales y cambio global”, página 14) En el trasfondo del asunto lo que se está ventilando es la formación de un nuevo proceso constituyente favorable a los poderes económicos. Un reseteo político que legitime los nuevos privilegios del Capital.

El “rescate” debe ser una oportunidad para la ciudadanía

Decía Marx al inicio de “El 18 de Brumario de Napoleón Bonaparte” que todos los grandes hechos de la historia aparecen dos veces: una como tragedia y otra como farsa. En este esperpéntico callejón del Gato que es España sucede al revés. A la farsa de un proyecto constituyente incompleto le ha sobrevenido en buena lógica la gran tragedia política y económica que nos asfixia. Tras el papel de la constitución de 1978 no hubo una verdadera y necesaria transformación social. Las humedades de las élites económicas se filtraron a la letra del texto hasta difuminarla. Hicieron partidos, “representaron” al pueblo, impusieron decretos y se adaptaron a la situación. Por eso ahora la defienden con tanto ahínco, porra en manos si es menester. ¡Qué ironía de la historia!

Va siendo hora de un nuevo proceso constituyente para la ciudadanía y la clase trabajadora. El “rescate” puede ser el último tren. Y debemos cogerlo aunque nos lleve a Gun Hill.

Foto: archivo cronicadearagon.es

 

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