El último Carrillo

19. septiembre 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

por Ignacio Bruna ··········

Yo me quedo con el Santiago Carrillo de los últimos años, cuando desde diversas tribunas respondía con inteligencia a los avatares políticos de España con una inteligencia, sutileza y pragmatismo que ya quisiéramos ver en algunos de los actuales responsables políticos.

Tras su muerte y después de una larga vida donde han predominado más los fracasos que los éxitos, Carrillo se reinventó a sí mismo después de su renuncia a la secretaría general del partido comunista y su ulterior postergación por parte de los mismos camaradas que durante muchas décadas le habían seguido ciegamente.

En estos momentos en que desde todo el espectro político le cubren de alabanzas –en este país no hay nada como morirse para que hablen bien de uno–, es conveniente destacar que el antiguo militante comunista, aquel que el régimen de Franco le achacaba toda suerte de bellaquerías, tuvo una trayectoria en la que no faltaron graves acontecimientos: desde la temprana ruptura con su padre por entender que había traicionado a la República y con las juventudes socialistas que presidía hasta su largo exilio, jalonado por episodios lamentables como la expulsión de militantes como Jorge Semprún, Fernando Claudín, o Jordi Solé Turá, a los que se les calificó de «cabezas de chorlito» por defender una salida del comunismo hacia la democracia representativa.

Curiosamente, aquella que Carrillo junto a Enrico Berlinguer y Georges Marchais, bautizaron como la vía del Eurocomunismo.

Decía pues que me quedo con el Carrillo de los últimos 20 años, cuando libre de las ataduras de una dura militancia era capaz de diagnosticar perfectamente el estado en cada momento de la política española, conseguía empatizar con sus adversarios ideológicos y desprenderse de cualquier sectarismo, todo ello defendiendo unos puntos de vista claramente socialdemócratas y que hubiera suscrito el antiguo canciller alemán, Willy Brandt.

El gran soñador de la libertad, el magnífico hacedor de eso que se ha llamado la Transición española, el viejo político muñidor de grandes acuerdos volvió en la fecunda última etapa de su vida a profesar los grandes principios de Rosa Luxemburg.

Foto: photoAtlas

 

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