En memoria de Jordi Solé Tura

5. diciembre 2014 | Por | Categoria: Columna Invitada, Magazine, Opinión

POR ALBERT SOLE BRUSET

Ayer hizo 5 años que perdí a mi padre, una de las personas más lúcidas que he conocido jamás. Su historia, ya la conté en “Bucarest, la memoria perdida”. Nació en el lado de los perdedores de la guerra civil, y hasta los 18 años no pudo empezar el bachillerato. Se examinó de 36 asignaturas (3 cursos) en un solo día. Luego se licenció en Derecho con el premio extraordinario de carrera.

Hubiese podido convertirse en catedrático, en abogado de prestigio, tener una vida cómoda al amparo del régimen, o convertirse en un revolucionario de salón, como tantos otros, pero eligió seguir la lucha contra la tiranía, aunque esto le costara exilio, cárcel y pasarlas canutas.

Eligió ser consecuente con sus sueños de justicia social. Lo que más recuerdo era su cuestionamiento constante de cualquier dogma, lo cual le ganó no pocos enemigos, ya sea entre los franquistas, entre los ortodoxos comunistas o entre los nacionalistas de uno y otro bando. Fue muy crítico con la burguesía catalana y con Jordi Pujol y su doble lenguaje que le permitió gobernar Catalunya como coto privado durante 23 años.

Pagó un precio alto en forma de inquina continua del nacionalismo más intolerante. Las instituciones catalanas siempre le negaron el pan y la sal por su participación en la ponencia constitucional que cimentó la recuperada democracia. Aún hoy leo maledicencias sobre él de gente que pone en su boca lo que jamás dijo, o interpreta su pensamiento político sin haber leído ni una sola línea de sus libros y más de 3.000 artículos de prensa.

Nunca ha sido fácil ser librepensador. Mi padre siempre tuvo muy claros sus puntos cardinales. Se le conoce por su actividad política aquí, pero lo cierto es que pasó una gran parte de su vida trabajando en política internacional, consciente como era de que la política es un delicado juego de equilibrios, y de que cada decisión tiene efectos en cadena.

Acumuló muy pocas cosas materiales pero se hizo muy rico en experiencias y conocimientos, que intentó transmitir con pasión a todas la generaciones de alumnos de la universidad que todavía hoy lo recuerdan.

Pero por encima de todo esto, fue un hombre tranquilo, capaz de elevarse por encima de los problemas hasta verlos a vista de pájaro, profundamente enamorado de su mujer y fiel a sus creencias. Pero también fue mi amigo, y esto, honestamente, es lo que más echo de menos.

Foto: Siglo XXI Editores

 

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