ESPeranza y ESPaña. Empiezo a tener miedo.

3. mayo 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

Esperanza Aguirre ha decidido, y ha escenificado, ser la líder del nuevo movimiento nacional.

Qué miedo.

En serio.

Si una manifestación es una algarada, si no duelen prendas al avisar de su San Martín a los cerdos sindicatos, si la bandera que debe unirnos (gustando más o menos)  es interesadamente apropiada y si la palabra patria o alguna similar, empiezan a formar parte de discursos oficiales, no me queda otra que empezar a tener miedo.

La Historia está repleta, saturada, de ejemplos en los que religiones y patrias han sembrado la tierra de sufrimiento, de enfrentamiento, de mutilación y de muerte.

La dirigente popular madrileña, por sí misma, no debiera suponer un temor generalizado ni real porque también la Historia está plagada de líderes y lideresas iluminados y quijotescos, pero a la lideresa en cuestión debiera haber un o una líder o lideresa, o varios o varias, que la pusieran en su sitio, en un sitio que tan sólo es el de la mesura, el del sentido común, el de la inteligencia y el compromiso público… y el del compromiso con España y con la paz.

Pensé que nunca iba a ver un ataque contra la Democracia como el que viví aquél 23 de febrero famoso y triste, pero al final alegre y consolidador de la Libertad y la Democracia.

Eso pensé.

Pensé que ante la Historia, la rica y extensa, y la también rica pero próxima, España no volvería a caer en las mismas tonterías, en la misma estupidez del enfrentamiento por el odio puro y duro, sin esfuerzos ni razonamientos, el enfrentamiento del sí porque sí, porque tú eres de aquí y yo de allí. Y vale.

Pensé, y no pensaba… ahora ya sé que sólo soñaba.

Y me rendí ante la evidencia, aunque mucho ya no me faltaba, cuando vi a Esperanza, la Aguirre, celebrando SU congreso con la bandera de España como apropiada, pegatinas en los pechos españoles, los únicos pechos españoles, los que están con su único pensamiento único: el odio, la razón absoluta basada en el odio, en el mismo odio que no encuentra otra razón que aplastar a la diversidad, que revitalizar un movimiento nacional siempre mal llamado y siempre mal utilizado.

Pero alguien debiera frenar esa tentación ultraderechista, fascista y falangista; alguien de su entorno político, porque la responsabilidad de estos achaques no sólo es de Esperanza, la Aguirre, sino de quienes pudiendo, y debiendo, defender la Democracia, permiten, seguro que por interés personal, que ésta y la propia paz de la que tanto hablan y tanto se apropian, no sólo estén en riesgo sino en claro riesgo.

Acciones como las de Esperanza, la Aguirre, sólo pueden afrontarse desde la divergencia en dos formas: una, aplicando la sensatez que alguien siempre debería aplicar, o sea, no respondiendo en la misma medida sino con la mesura que merece la paz; la otra, movilizando al Pueblo para que demuestre su apoyo a la Libertad y a la Democracia callando esa y otras bocas sobrantes.

Ambas debieran ser válidas, ambas son democráticas, pero responder democráticamente con la movilización popular ya se ha declarado, por parte de Esperanza, la Aguirre, como algarada callejera, y ya ha sido aceptada esa definición por el Gobierno de España porque, como siempre se ha dicho, el que calla otorga.

Tengo miedo. Sí.

Y lo tengo porque si callamos o asumimos, como ya ha pasado recientemente, la Libertad y la Democracia están en claro riesgo.

Y lo tengo porque si no callamos ni asumimos, el riesgo sigue siendo igualmente claro y el sufrimiento parece garantizado, salvo que alguien cierre el pico de Esperanza, la Aguirre, y de cuantas Esperanzas asomen tras el parapeto de la mayoría absoluta y del millón de dólares en excusas.

En cualquier caso, que cada persona elija su opción pero que, por favor, no se olvide de que España no es nada sino los españoles, todos y todas, de aquí y de allá en todos los sentidos posibles.

Yo ya tengo la mía.

 

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