FÚTBOL – El milagro de Nayim cumple 21 años

10. mayo 2016 | Por | Categoria: Deportes, Magazine

París siempre será un lugar de culto para el zaragocismo. Mundialmente reconocida como la ciudad del amor, el aficionado del Real Zaragoza siempre tendrá un hueco en su corazón, un vínculo especial, con la capital francesa. Allí, en el Parque de los Príncipes, el club vivió su momento más emblemático e inolvidable de sus más de 80 años de historia. Nayim culminó la gesta con el gol más increíble que se recuerda, surcando el cielo para colarse de manera imposible en las mallas de David Seaman.

El guardameta del Arsenal, perplejo, quedó sentado en el suelo sin creerse lo que acababa de suceder. Porque el centrocampista del Real Zaragoza, cuando la final de la Recopa de Europa 1994-1995 marchaba de manera ineludible a los infartantes penaltis, golpeaba la pelota con la fuerza de toda una región, de todo un país. “La pegó desde Cuenca”, narraba el periodista Paco González. Y no le faltaba razón.

Pero aquella noche lo imposible se convirtió en una imagen de belleza inigualable que quedará grabada por y para siempre en las retinas de todos. Una parábola indescriptible desde cerca del centro del campo que convirtió a Nayim en el símbolo de los Héroes de París. A los protagonistas no les gusta el apelativo, pero lo cierto es que como tal fueron recibidos al día siguiente en una capital aragonesa a rebosar. Con la plaza del Pilar como epicentro de la fiesta.

Cedrún en portería; Belsué, Aguado, Cáceres y Solana en la zaga; Aragón, Nayim y Poyet en la medular; y la delantera formada por Pardeza, Esnáider e Higuera. Ésa fue la alineación titular de aquel 10 de mayo de 1995. Desde el banquillo partía García Sanjuán por Higuera, después sustituido por Víctor Fernández por Geli. El técnico zaragozano ya pensaba en los penaltis. Algo que Sanjuán, que reconoce que no vio el gol en directo, nunca le perdonó.

Golpeó primero Esnáider con un golazo de autor, con el tobillo izquierdo hinchado como una pelota de tenis. “Gardel, me vas a matar”, gritaba Gaspar Rosety en su particular retransmisión después de ver como el esférico besaba las redes. La decepción no tardaría en llegar. Ocho minutos después, en el 75, Hartson igualaba la contienda y dibujaba un halo de incertidumbre en el cielo parisino.

Hasta que llegó Nayim, a escasos segundos para el minuto 120. El ceutí obraba el milagro y, con su golazo, portaba el segundo título europeo de la historia a las vitrinas zaragocistas. El primero, en 1964, en la también extinta Copa de Ferias. Aquel 10 de mayo marcó a más de una generación, que nunca olvidará, como bien dijo Andoni Cedrún, que el Real Zaragoza había reinado en Europa.

 

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