FÚTBOL – Real Zaragoza 0 – FC Barcelona B 2. No hay Idus sin Arzo

3. febrero 2014 | Por | Categoria: Deportes, Magazine

POR JUAN ANTONIO PÉREZ-BELLO

¡Qué pocas palabras necesitamos para escribir el relato del partido de ayer! El Real Zaragoza protagonizó un encuentro tan lamentable que la vergüenza que nos hizo pasar nos impide encontrar las frases apropiadas para construir una crónica razonable. El paso atrás es preocupante, la imagen ofrecida, indignante, y la escasez de ideas (tanto en el césped como en el banquillo), alarmante. Mal, muy mal. Horribles sensaciones, humillante mensaje el que nos deja el equipo.

Ni siquiera da para explicar que el planteamiento ha sido así o asá, porque a los seis minutos el equipo visitante ya había metido un gol que se convirtió en una enorme losa apta para sepultar cualquier argumento futbolístico. Con varios pases, tres regates y una punta de velocidad envidiable, el joven grupo adversario se hizo con el partido y le sacó los colores a nuestro equipo, que nació muerto para acabar enterrado.

Desde el primer momento los blanquillos entregaron el choque. No lucharon, no ligaron tres pases, no supieron estar cada uno en su sitio, no controlaron ninguna de las artes de la competición, y solo uno de los once jugadores zaragocistas, Leo Franco, estuvo a la altura de las circunstancias. Hasta cinco, ¡cinco!, paradas determinantes protagonizó el argentino, cuya aportación fue determinante para no irnos al descanso con una goleada escandalosa en contra.

Los de Herrera corrían y corrían, siempre lejos del balón, siempre tarde, siempre famélicos. El juego visitante deshilachaba las muy débiles costuras de un equipo que ayer nos recordó que lo de enero fue una casualidad, que hay varios jugadores que no nos sirven, que en partidos como el de ayer el entrenador se convierte en un mal lector de fútbol, y que la afición ha debido de cometer algún gravísimo crimen contra la Humanidad para merecer tanto dolor y tanta miseria.

Solo en una ocasión pudo el Real Zaragoza lograr un gol, en jugada de Montañés, pero el once local cerró los ojos cuando chutó, y el balón rebotó en las piernas de Masip, un portero que juega con los pies y piensa con la cabeza, y lo hace con mayor claridad que muchos de nuestros jugadores de campo, por cierto. Por lo demás, la nada. Bueno, no: la nada de la nada. El suplicio nos llevó al descanso. Los aficionados se miraron los unos a la cara de los otros buscando alguna explicación, alguna frase o palabra que nos calmara. No la encontraron.

Como respuesta a todos los males, Herrera sustituyó a un insultantemente inoperante Luis García. Con eso se logró una muy mínima reacción. En vano. Traoré, un muchacho vigoroso, potente y hábil, consiguió el segundo gol a los quince minutos y la noche se adelantó. Aunque Víctor puso a prueba poco después a Masip con un buen chut, y Álamo, con su salida, le dio algo más de profundidad a la banda derecha, todos sabíamos que el partido estaba perdido. Y esa sensación se escenificó en la vieja Basílica con un significativo abandono de parte de la afición, que no pudo soportar el dolor de ver a su equipo caer de forma tan triste.

Está muy claro que el partido de ayer nos duele mucho. Está muy claro que los problemas se le acumulan a Herrera en forma de lesiones. Y está muy claro que los entrenadores siempre mueren con los suyos, pero habrá que decirle al mister que hay que cambiar el guión y advertir a algunos protagonistas que ya no caben en esta película. Por lo menos si no se saben los diálogos. Hablo, claro está, de Luis García, de Barkero, de Álvaro, de Lagu, de Rico, de Mario, de Acevedo. No quiere decir que los demás, salvo Leo Franco, por supuesto, se salven, pero al menos no nos han hecho sentir el ridículo de ver cómo les rebota el balón en la espinilla a unos profesionales que trabajan poco y mal. Y no está el horno para bollos.

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