FÚTBOL – Real Zaragoza 0 – Nàstic de Tarragona 1. Como esos viejos árboles

23. mayo 2016 | Por | Categoria: Deportes, Magazine, Opinión

POR JUAN ANTONIO PÉREZ-BELLO

Manolo Reina y su cohorte de alborotadores hablan de “gestión emocional” del penalti que Lanza erró. Hacía mucho tiempo que no leía semejante indignidad y solo espero, por el bien del deporte y de quienes lo amamos, que el futuro haga justicia y acabe esta negrura que nos envuelve. El partido que disputó ayer el Real Zaragoza fue un capítulo más en esta historia de ignominias y desprecios continuados que el equipo aragonés viene sufriendo desde hace ya demasiado tiempo. Un golpe despiadado a un escudo, a una afición, a una historia que difícilmente puede soportar más ataques.

Un árbitro claramente insuficiente e inepto, desbordado por unos acontecimientos que solo pudieron ser calificados de vergonzosos y que demuestran que nuestros dirigentes no cuentan con los mejores actores, asestó varios golpes de muerte que se suman a los recibidos en otros partidos. A ello añadamos la actitud cuestionable y de muy dudosa elegancia de un técnico, Morales, que se maneja fenomenalmente en las fangosas aguas de las medias verdades y las afirmaciones maliciosas, como lo volvió a demostrar en la rueda de prensa. Un completo, en fin.

El atraco sufrido en nuestro propio hogar dejó un amargo sabor de boca en una afición que lo dio todo por sus colores y como recompensa recibió, otra vez más, la hiel de la humillación. Algún día tendrá que acabar este infierno. Algún día sonreiremos porque la vida nos devuelva todo lo que el Mal nos ha quitado.

El partido empezó con un Zaragoza atrevido, vívido y luchador. Se quedó con el balón y bloqueó las vías de circulación del Nàstic. Fueron quince minutos de brega, tensión y activo deseo. Luego el juego se equilibró y la mañana dibujó un choque de poder a poder entre dos equipos que saben lo que quieren y conocen muy bien lo que se juegan. La banda defendida por Isaac fue la más castigada, pues por allí circulaban Emana y Naranjo, pero el andaluz, bien compensado por el trabajo de Ros y Gutián, impidió las incursiones catalanas.

El Nàstic es un equipo sólido y compensado y de ello hizo gala en ese tramo del partido. El propio Emana amagó con una peligrosa incursión por su zona de influencia que fue contrarrestada con un magnífico chut de Rico que el portero forastero despejó bien. Pasada la media hora la Basílica contuvo la respiración cuando Isaac interceptó un peligroso movimiento de Naranjo con un gesto arriesgado. Y a su vez el Zaragoza, por medio de Gutián y, sobre todo, Ángel estuvo a punto de inaugurar el marcador, este con un cabezazo que salió fuera por muy poco.

La segunda parte fue un período mucho más calmado y horizontal. El juego se desarrolló en la zona ancha del terreno de juego y la fuerte lluvia caída en esos minutos centrales dificultó la circulación sensata del balón. Un par de llegadas por bando y poco más, a la espera de una jugada a balón parado o un contrataque con marchamo de oportunidad. Pero ninguna de las dos circunstancias se produjo. Por el contrario, a partir del minuto 83 el cielo se desplomó sobre el zaragocísmo cuando el árbitro activó la palanca de la incompetencia.

Señaló un penalti en una jugada que sobre el campo ya se vió que no era. Una decisión incalificable que solo tiene por explicación que haya querido compensar la jugada de Isaac de la primera parte. Mal, muy mal el árbitro castellano. La pena máxima, transformada por Naranjo, destrozó el alma blanquilla. Aun así, el equipo se recompuso y buscó con fe y tenacidad el empate. Este pudo llegar cuando Tejera desvió el balón con la mano. El penalti, este sí, existente, provocó una situación vergonzosa cuando el portero forastero amedrentó verbal y físicamente a Lanza en una acción que le inhabilita como jugador y como persona. Mientras tanto, sus compinches destrozaban el punto de penalti y provocaban una situación de violencia injustificable. Ya digo: “gestión emocional”, lo llaman en Tarragona.

Que Lanza fallara el penalti fue el golpe final. El excelente jugador zaragocista lanzó alto el balón y ahí murió la esperanza blanquilla de luchar por el ascenso directo. Ha sido cruel, demoledor. Una mañana dramática en la que tuvo mucho que ver el siniestro e infausto arbitraje del colegiado.

Y así, amable lector, con estas actuaciones administrativas, es prácticamente imposible que el Real Zaragoza pueda decir en voz alta que juega en igualdad de condiciones. Y atención a lo que nos espera el jueves en Huesca, que yo ya me he bajado de la causa de los hermanamientos y el buenrollismo. Así, desde luego, es prácticamente imposible que podamos recorrer el camino de regreso a casa. A Primera.

Ficha técnica:

Real Zaragoza: Manu Herrera, Cabrera, Dorca, Ángel (Dongou, min. 72), Javi Ros (Diamanka, min. 63), Manu Lanzarote, Isaac, Hinestroza (Pedro, min. 79), Erik Morán, Guitián y Rico

Nàstic de Tarragona: M. Reina, Gerard (I. Bouzón, min. 55), Mossa, Xavi Molina, Lobato (Ferrán, min. 84), Aburjania, Suzuki, Tejera, Madinda, Emana (Assoubre, min. 65) y Naranjo

Goles: 0-1, Naranjo de penalti (min. 83)

Árbitro: Óliver de la Fuente Ramos (comité territorial castellano-leonés). Por parte del Real Zaragoza amonestó a Javi Ros (min. 29), Guitián (min. 81), a Rico (min. 85), a Lanzarote (min. 90). Por parte del Nástic de Tarragona amonestó a Suzuki (min. 43), a Mossa (min. 58), Lobato (min. 59), a Tejera (min. 88) y a Reina (min. 89)

Incidencias: 23.763 espectadores en La Romareda

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Foto: archivo cronicadearagon.es

 

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