FÚTBOL – Real Zaragoza 1 – CD Numancia 2. No se puede, no se sabe, no se quiere

11. noviembre 2013 | Por | Categoria: Deportes, Magazine

POR JUAN ANTONIO PÉREZ–BELLO

El alma blanca y azul, hecha amalgama de jirones ensangrentados, cubrió el césped de la Basílica mientras la noche lloraba después de otra dolorosa derrota que el equipo mereció sin posibilidad de explicación. Tras un partido desastroso construido a conciencia, el Real Zaragoza firmó el sábado otro partido ruinoso que acabó, no sé si con las posibilidades de ascenso, pero sí con la fe de la afición. Fue la primera vez en muchos años en que la parroquia entonó un cántico de reproche a un entrenador, además de silbar a los jugadores con la rabia que proporciona la impotencia. Horrible sensación de muerte anunciada. Horrenda propuesta de vida apagada.

El equipo de Herrera no dio una a derechas. Ni a izquierdas. Comenzó el choque apostando por la imprecisión, el atolondramiento y la estulticia futbolística. Con una defensa nerviosa e inexacta y un centro del campo torpe e inepto, los muchachos enseguida se vieron superados por un Numancia muy bien dispuesto en el campo y con unos jugadores que entienden esto del fútbol como un deporte de asociación. El guión del desastre ya estaba, pues, escrito. Así, en el minuto 12 Leo Franco realizó una extraordinaria parada a chut de Isidoro, señalando con su jugada que el partido era soriano. El equipo aragonés no estaba, no había combinación, no se sujetaba ni un solo balón y las jugadas morían antes de nacer.

Ni Acevedo ni José Mari marcaban una jugada y a Barkero los balones le rebotaban en la espinilla. Las cosas así, fue Del Pino quien puso en esta ocasión a prueba a Franco, que volvió a responder con otra buena parada. Arriba, los nuestros se veían deslumbrados por los rayos rojillos y ni un solo balón les llegaba presto para ser jugado. Roger y Víctor trotaban sin ton ni son y Ángelo se pegaba a la banda por orden del mister para enseñarnos dónde no debe jugar nunca el chileno.

La defensa nos ponía los pelos de punta cada vez que el Numancia manejaba la pelota, que fue en 6 de cada diez minutos, por lo que el temblor del estadio era notorio. Roto el centro del campo, descompuesta la defensa, los muchachos de Anquela nos bailaban con una clase y un acierto propios de un equipo grande. Y otra gran ocasión que desbarataba Franco, ahora en el minuto 31. La defensa seguía ofreciéndonos argumentos para la desazón y nos señalaba uno de los grandísimos males de este equipo ¿Alguien tenía una idea de fútbol? ¿Alguien sabía qué pase dar? ¿Alguien conocía la clave para una reorganización de un grupo deshilachado y mortecino? No, no, no. En todo caso, las respuestas afirmativas tenían todas ellas el sello del Duero, nunca del Ebro.

La segunda parte dio comienzo con la sensación de que, visto lo visto, el cero cero era un buen resultado. Prueba de ello es que en cuatro minutos el Numancia contó con tres ocasiones de gol. Aquello no iba. La nave estaba completamente desarbolada y el Numancia nos enseñaba cómo se rumia un gol: con fútbol, talento, solidaridad y esfuerzo. Sin embargo, esto del fútbol no lo entiende nadie. Cuando mejor estaban jugando los chicos de Soria, un balón atontado en el área pequeña permitió que Angelo fusilase el 1-0. La Romareda se frotaba los ojos. Era tan injusto el gol que incluso la celebración fue sosa. Hubo quien ni lo celebró, pues se tenía la sensación de que, o metíamos tres más, o aquello acabaría en derrota.

Y eso que el balón empezó a teñirse levemente de azul. Movilla, que había salido por un lesionado Acevedo, y Víctor iniciaron una tímida asociación que permitió que el juego circulase según intereses zaragocistas. Fueron unos minutos para la esperanza, pero en seguida esta se difuminó. Angelo, que se estaba ganando el favor del público con su lucha, se retiró tocado y Herrera sacó a Montañés, que volvía después de su lesión. No le dio tiempo a nada al castellonense, que durante unos minutos trató de agitar el ataque aragonés. Al cabo de unos minutos Abraham hizo penalty y el Numancia empató. Terror.

La afición tenía motivos más que sobrados para temerse lo peor. Y lo peor llegó tres minutos después. La salida de un corner, la situación favorita para que el Numancia marque y el Real Zaragoza encaje, se dio y Gaffoor, aquel muchacho que salió de nuestro filial, se comió todo el ternasco en el área pequeña y remató el 1-2 ante la insultante incapacidad de nuestro sistema defensivo ¿Hacía falta más oprobio?

La tragedia pudo ser más dolorosa si Vicente llega a aprovechar un estruendoso fallo defensivo de Álvaro y Franco, ejemplo carnal y espiritual de una debacle merecida que deja al equipo muerto, al entrenador condenado y a la afición destrozada. Si esto es disfrutar no quiero imaginar cómo será sufrir. Y si con estos tengo que volver a sonreír, prefiero que no me cuenten más chistes. Son muy malos. Los chistes y ellos.

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Nota de la redacción: CRÓNICA DE ARAGÓN inicia hoy un acuerdo de colaboración con el blog deportivo REAL ZARAGOZA, AIRE AZUL, que permitirá a nuestros lectores y lectoras disfrutar de las mejores crónicas sobre los partidos que dispute el Real Zaragoza. Quienes hacemos este diario damos la bienvenida a REAL ZARAGOZA, AIRE AZUL, y a su editor Juan Antonio Pérez–Bello, deseando que esta colaboración se prolongue durante muchas temporadas

 

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