Gobierno elegido… pero por error

12. febrero 2013 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

Vamos a ver, hay que ser muy, pero que muy pepero o muy, pero que muy, antisociata para no reconocer la pifia, la enorme pifia que ha supuesto poner en el Gobierno al partido popular.

Nunca fui un defensor, ni lo soy, del partido que se denomina socialista y obrero, además de español, todos ellos calificativos discutibles hoy en día y desde un punto de vista objetivo, no te lo pierdas, que eso sí que tiene narices.

Reconocer como socialista a ese partido es de una fidelidad, a quien corresponda, digna de reconocimiento, valga la redundancia.

Reconocer a ese partido como obrero es, objetivamente, de juerga que te partes el pecho. Por no llorar.

Lo de español, ya, se lo tendríamos que preguntar al sector catalán que, metidos en un malabarismo evidente, no tienen ni idea si son de más de izquierdas o más de la cosa de Mas (Artur), porque, cómo no, hay que tener en cuenta que, por lo visto, hay que ser más de lo que convenga que de lo que se sea.

Y, traduciendo un pelín esta cosa que acabo de escribir, la cosa es que se supone (si la Democracia siguiera viva), que un partido es como es, responde a una forma de ver las cosas, las explica e intenta convencer, mediante argumentos, para intentar cambiar la Sociedad en todos sus ámbitos. Los que sean. Los que hayan.

Los que nazcan, se supone, deberán adaptarse a las ideas que ese partido represente y que, por supuesto, tienen que adaptarse a los avances, tecnologías y bla, bla, bla.

¿No?

Pero dejemos al supuesto partido socialista, obrero y español que, al fin y al cabo, son oposición, o sea, la representación de la cómoda irresponsabilidad, para centrarnos en quienes tienen, hoy por hoy, la responsabilidad y, por tanto, la repercusión en la Sociedad con sus actuaciones y sus decisiones.

Elegimos hace un tiempecillo, entre todos, a un Gobierno que se formó por un partido que obtuvo mayoría absoluta, que es mucho decir.

Y elegimos a un Gobierno que, tiempecillo después, no solo ha demostrado que está aplicando un programa diametralmente opuesto al que presentó, sino que está fracasando estrepitosamente en el ámbito laboral, en el económico y, para qué contar, en el internacional.

Ver los titulares internacionales a día de hoy es para convertirse en tortuga y, así, poder esconder la cabeza.

Si quien nos representa ante la opinión internacional, consigue esa opinión internacional, perfectamente podríamos avergonzarnos de ser españoles.

Retrocedemos, internacionalmente, cuarenta años.

Volvemos a ser la pandereta y la frontera africana con Europa, dicho desde aquella antaña interpretación que, en Europa (Continente) nos situaba como país tercermundista.

Viva el PP, y viva Rajoy y las madres que los parieron.

Y viva la España del tercer mundo y de los chistes internacionales, que mira que son sosos porque, afortunadamente, Cádiz está en España. Algo teníamos que tener.

Retrocedidos 40 años, también ideológicamente (que hay que ser ciego, o quererlo, para no verlo), recurramos al buen humor hispano, a la chirigota y, si la cosa se pone fea, a Gila.

¿Está el enemigo? Que se ponga.

Y el enemigo estaba pero no se puso.

Así lo hizo en la campaña electoral, así lo hace con la (y con su) corrupción, y así lo hace con todo.

No se pone cuando su reforma laboral ya ha demostrado, con datos, que solo sirve para destruir.

No se pone cuando la reforma judicial no la entiende ni dios, ni la comparte.

No se pone cuando la reforma educativa ni dios, ni nadie, ni la entiende, ni la comparte, ni la aprueba.

No se pone cuando en Europa hacemos la risa.

No se pone cuando la corrupción contamina su propio partido.

No se pone cuando eluden la responsabilidad de la muerte de las jóvenes de Madrid.

No se pone y… cuando se pone… da asco porque miente, esconde, manipula y escupe indignidad por todos sus poros.

Que se ponga el enemigo, decía el gran Gila, y el enemigo no sólo lo tenemos en casa, sino que lo tenemos gobernando.

Váyase señor….

Y es que nunca se puede escupir al cielo.

En cualquier caso, los escupitajos entre cerdos me importan un carajo, lo que me importa es que se vayan, que se vayan todos y, diría más, que se vayan las pes, de p.p., y pes, eses, oes y es, de p.s.o.e.

Que se vayan y que nos dejen en paz.

Que nos dejen empezar de nuevo, olvidar toda la ponzoña que representan hoy en día y poder volver a pensar en el futuro.

Váyase, señor Rajoy.

Y señor Rubalcaba.

Y señor y señora…

Váyanse, por dios, por mahoma, por buda, por lo que sea pero, sobre todo, por los seres humanos, váyanse.

 

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