Historia real de la vida sacrificada de un agricultor

23. noviembre 2009 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

banda_seccion_opinion

Juan Manuel Puértolas.- Quiero expresar que el relato que expongo no es mío, sino de quien me lo ha contado. A mí me ha impresionado mucho. Es la pura realidad. Si a alguien le molesta o no se lo cree, le puedo presentar a Manuel, quien se lo contará con lujo de detalles documentados.

 

Manolo tiene 66 años, es agricultor y ganadero. No sabe hacer otra cosa que trabajar desde los 14 años. A los 18 años se quedó sin padre. Desde entonces a lomo caliente ha hecho su patrimonio. Compró tierras que ha pagado con su sudor trabajando más que de sol a sol.

 

Al igual que se hizo con un rebaño de ovejas, construyó una granja y ha comprado una inmensidad de máquinas agrícolas. Con el que lleva ahora ha consumido 4 tractores, 4 remolques, una empacadora, 4 arados de vertedera, 2  arados cultivadores, una cortadora de hierba y varios rastrillos mecánicos, dos rodillos–cultivador, dos gradas de discos, 3 sembradoras, picadora, arado roto–batidor de tierra, ha puesto sus fincas en regadío automático por aspersión, ha construido un almacén, ha comprado docenas de utensilios pequeños, necesarios para el campo, ha gastado miles de euros en comprar comederos para su ganado. Naturalmente, su casa no se la ha regalado nadie, ni su furgoneta nº 5 tampoco.

 

Manolo ha facilitado que durante cada año de su larga vida laboral, hubiese docenas de empleos indirectos en fábricas, en talleres, en la construcción, en la industria de las multinacionales con las semillas, los abonos, etc. Su movimiento ha provocado el correr del dinero que ha facilitado ingresos de forma muy considerable, tanto de forma directa como indirecta en la Hacienda Pública de la Comunidad Autónoma de Aragón y del Estado Español.

 

Manolo ha dado de comer a media España y parte del extranjero.

 

Las vacaciones de Manolo han sido y son trabajando, su mayor disfrute cuando puede recoger sus cosechas sin que hayan sido castigadas por las inclemencias del tiempo, o, cuando puede vender una buena porción de los corderos que ha criado, gracias a que se ha librado del azote de alguna enfermedad en el ganado.

 

Su disfrute es cuando en una venta regular, ve compensadas pérdidas anteriores con ganancias actuales. “Por lo menos, que pueda pagar los gastos” es su expresión más común. Con esfuerzo respeta el medioambiente premiándolo con mantener vivos sus ruinosos olivos y almendros. 

 

Toda su vida activo, autónomo agrario, sus crisis gripales las ha pasado trabajando, sus “fiebres” incluyendo la producida por una brucelosis que padeció, las ha combatido con antibióticos y antitérmicos en el tajo, sus traumatismos incluyendo una intervención quirúrgica en un hombro por caída los ha combatido trabajando a medio gas hasta reponerse del todo.

 

No vayan a pensar que Manolo es un “gañán”.  Manolo se ha leído el Quijote, está capacitado para opinar desde la historia de Roma, la revolución Francesa y hasta el último libro de Saramago.

 

Manolo es así, le gusta vivir en el medio rural y cuidarlo.

 

Manolo tiene opinión, pero es su único valor. Por lo demás no tiene nada. Su granja, a punto de cerrar porque se arruina a causa de los bajos precios, ya vale poco. Sus tierras actualmente no producen suficiente para cubrir los gastos, dado el bajo coste del precio del cereal. Su maquinaria agrícola tiene el valor de la chatarra, no puede más con sus olivos y almendros que merman como la ilusión de su dueño. Su pensión de un autónomo agrario, considerado ante la Seguridad Social como empresario por contratar jornales ocasionalmente, a pesar de haber cotizado un grado superior no llega ni a 700 euros.

 

Querría trabajar y cotizar 3 años más para que la pensión sea un poco más alegre, dice. Manolo que movió a España, rebelde contra esa mísera jubilación, a pesar de estar machacado por el esfuerzo sigue trabajando, pero le “canta” el pecho y se cansa. Sabe que a pesar de la mecha que él ha dado, ahora se apaga todo. Sabe que este año invierte y teme que al próximo sea el banco quien tenga que socorrerle a cambio de sus tierras.

 

Manolo, entre sí, maldice. Sabe que es un “campesino” (como le gusta decir) anónimo, como tantos oprimido por un sistema neoliberal salvaje sin leyes reguladoras, sin legisladores valientes y atrevidos capaces y con ganas de plantar cara ante tal barbarie. Segado y fagocitado por las multinacionales, reflexiona diciendo: los legisladores actuales, Diputados y Senadores, son unos “vividores”. “Tenemos un gobierno ruinoso y una oposición inepta que sólo saben chillar para decir que están”, asevera con tristeza, entre todos han logrado convertir la “política” en un “bación y ellos en cochinos”. “Han perdido la vergüenza porque han perdido la cordura. Son muy cabrones”, concluye Manolo.

 

Está desilusionado, triste y desencantado. Lo peor –soltero él– es cuando Manolo dice: “es que no veo dónde voy a poder estar cuidado decentemente cuando no pueda más”.

2 Comments to “Historia real de la vida sacrificada de un agricultor”

  1. Lorenzo dice:

    Personas como esta son las que han levantado este país, las que han dado de comer y las que han mantenido los puestos de trabajo, y por supuesto es vergonzoso, que en este país se gasten los dineros en tonterias, se den dineros a multinacionales sin conocimiento, se hagan infinidad de obras por el mero hecho de cobrar comisiones y no se ayude a quien realmente lo necesita, para poder ayudar a los demás.

  2. Mariano dice:

    Pobre señor, toda la vida luchando para acabar poco menos que pidiendo limosna. No hay derecho
    a que no se le ayude, que estemos ayudando a los chinos que nos están invadiendo, no entiendo que clase de convenio han hecho con ellos, lo único que se es que no pagan impuestos durante los primeros años, mientras los tontos no hacemos otra cosa, para ayudarles a ellos, nuestros impuestos deberían ir ayudar a quien lo necesita, y a quien nos lo ha dado todo durante tantos años, tenemos unos políticos de pena, por no hablar del Gobierno de Aragón, que en estos temas se lavan las manos, porque aqui no se les hace la foto.