Indefensión

9. marzo 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

El mercado laboral lleva ya muchos años bastante alejado de esa cosa del Estado de Derecho, en la práctica, claro.

De puertas para adentro, cada empresa ha funcionado siempre como una isla en el mar normativo, cada una según sus propias “políticas”, con las únicas excepciones de aquellas con representación sindical no sólo potente, sino seria, cuestión harto complicada.

De hecho, la propia representación sindical ha sido un objetivo en sí mismo para multitud de empresas que participaban, muchas sin el menor disimulo, en sus procesos electorales y, cómo no, en el desarrollo de la actividad representativa.

El amarillismo sindical, los sindicatos domésticos, vienen de décadas atrás y, en lugar de haber supuesto una lucha frontal por parte de los sindicatos llamados de clase, han acabado siendo la mayor razón para que todo se haya amarilleado en una competición suicida por la mayor obtención posible de porcentajes electorales.

Así nos va.

El caso es que se supone que nadie es culpable mientras no se demuestra, mientras en el interior de unas empresas (en otras no) se toman decisiones arbitrarias un día sí y otro también, y no sólo arbitrarias, sino abusivas e, incluso, represoras.

Castigo sin culpabilidad, culpabilidad sin pruebas.

Tan sólo el recurso a los Tribunales, vía minuta, ofrece la posibilidad de revertir esas situaciones, pero… ¿hasta dónde puede un trabajador demostrar lo que pasa en el interior de su empresa?

En definitiva, el único modo de parar abusos y represalias era la propia evidencia de su existencia o la torpeza de algunas empresas en aplicarlas, posiblemente por su convencimiento de inmunidad.

La defensión de los trabajadores, en una crisis como la actual, se sitúa bajo mínimos por el temor a que le golpee directamente pero, llegada ya la reforma reciente, bajo mínimos se, convierte en una expresión optimista.

Crisis, reforma y, por supuesto, un Pueblo derrotado, están terminando de situar a los trabajadores en una práctica indefensión, figura que, por cierto, jurídicamente y por sí sola, es motivo suficiente para darles la razón.

Solamente un problema: si ya costaba dar el paso a los Tribunales, repito que vía minuta, ¿quién lo va a hacer ahora?, ¿y para defender el qué?

 

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