Información o desinformación de Rumanía, el país de los tópicos ¿Peccata minuta?

3. abril 2012 | Por | Categoria: Columna Invitada, Magazine, Opinión

Por José Antonio Mérida Donoso

En nuestros neoliberales días que nos ha tocado vivir, la censura clásica se considera burda, resulta más práctica la desinformación. Tenemos la prueba en la conflictividad social acuciante que plantea la crisis del Estado del Bienestar en Europa en general y en España en particular.

En estos países se ocultan con medias verdades datos objetivos que permiten presentar reformas más interesadas, que obliga a generar una sociedad necesariamente crítica con la información y sus conocimientos. En este contexto quizá conviene detenerse en la idiosincrasia rumana, tras los sucesivos recortes sufridos en el país, como consecuencia de las presiones del FMI, que provocaron entre otras cosas que el primer ministro Emil Boc, desgastado por los conflictos sociales y políticos que azotan al país, dimitiera. Preguntar a personas como Dana Diaconu, catedrática enla Universidad AlexandruIoan Cuza, por las revueltas y la crisis política en Rumanía no deja de resultar un ejercicio de “honestidad brutal” sobre el verdadero interés que España y el eurocentrismo más occidental (esa noción obsoleta pero aún imperante en un anquilosado subconsciente que considera Europa acaba en Polonia, afianzada en el desconocimiento y burdos tópicos) puede tener por dicho país.

Probablemente Dana mirará con su mejor talante al interlocutor y preguntará a su vez, “¿de verdad quieres saberlo?”  La respuesta más obvia será sí, pero quizá la verdadera respuesta sea no, claro que no queremos saberlo, o a lo sumo, en el caso de ser un sí, esperaremos que sea una respuesta concreta, que no abunde en la complejidad de la realidad y que se ajuste a nuestros conocimientos, o mejor dicho desconocimientos, de Rumanía.

Cuando el país entró enla Unión Europeaun profesor de secundaria cobraba unos dos cientos euros. Por aquel entonces, quien escribe tuvo la suerte de convivir con distintos profesores del colegio bilingüe Miguel de Cervantes de Bucarest. Era un centro donde realmente la mayoría de profesores parecía trabajar por vocación y verdadero interés. Sin embargo, con el dinero que se cobraba, para sobrevivir prácticamente todos tenían que realizar otros trabajos. No es una excepción, en Rumanía prácticamente todos los profesores tienen otro trabajo. Eso o simplemente no viven de su salario.

Lo mismo ocurre con los médicos. Gran parte de ellos tienen un trabajo “extra” que les permite vivir dignamente. Pero obviamente esta parte de la realidad a nosotros no nos interesa. Nuestros conocimientos de Rumanía acaban precisamente donde comienzan: No sabemos nada acerca del país y el desconocimiento tiende a relacionarse con el interés.

Repasemos los tópicos de nuestro conocimiento. Básicamente estos podrían concretarse en que es un país que tiene un gran porcentaje de gitanos, tuvieron un dictador comunista y es la tierra de Drácula.

Empecemos a desvelarlos: el primero de ellos nos habla de los romaníes o zíngaros rumanos, que a veces, en países como el nuestro, reconocemos por su indumentaria, muchas veces “salpicada en oro”. De hecho para el español medio, la gran mayoría de rumanos son gitanos. Obviamente desconoce que gran parte de la población, quiera o no decirse, mantiene una actitud de discriminación racial, esa gran lacra de la sociedad. Pero antes de condenarlos y  exculpar nuestra conciencia hagamos por un momento uso de la lógica:

Primera premisa: Rumanía es el país más racista de Europa con los gitanos, seguido de Hungría.

Segunda premisa: Rumanía es el país con mayor porcentaje de gitanos por habitante.

Tercera premisa: En ciertos medios de comunicación de Europa occidental (en especial España e Italia) se tiende a identificar a todo rumano con gitano rumano y a todo gitano rumano con delincuencia.

Conclusión: Rumanía país que, se quiera o no aceptar, vive con cierto complejo de inferioridad antela Europaoccidental, yace expectante sobre las constantes críticas que en los medios se vierten sobre él. Cuando estás son numerosas, el rumano medio se siente distante de estas. Qué duda cabe que los gitanos siguen enfrentándose a prejuicios profundamente asentados en muchos países europeos, donde son utilizados como chivos expiatorios por los extremistas capitalizando la incertidumbre económica de la crisis financiera y los miedos de que estén involucrados en la delincuencia. Se trata pues de un racismo que en gran parte se origina en la xenofobia o rechazo a lo extranjero, tan propio en países como el nuestro cuando la crisis llega a nuestras puertas. En este lenguaje direccional, es en países  aparentemente tan “políticamente correctos” como España, donde empieza el verdadero racismo, al subrayar el origen del delincuente, cuando éste es rumano y en países como, Rumanía donde concluye.

Quizá el lector de estas palabras, crea que esto es una exageración y que en España en general no se tiene un mal concepto contra el rumano en general y el gitano rumano en particular… quizá es el escepticismo rumano que convive en mi interior, pero en mi experiencia como profesor universitario en Iasi, me encontré en más de una ocasión con alumnos de filología hispánica -en efecto, existen universidades que imparten filología hispánica en Rumanía- al ir a España omitían, siempre que podían, decir el país del que venían. ¿Cree el lector que sería por pura “coquetería” o que  respondía a experiencias negativas vividas?

Lo cierto es que para cuando el 1 de enero del 2007 Rumanía entraba finalmente enla Unión Europea, eran ya millones de rumanos los que vivían fuera de su país. Gente que se iba en busca de una vida mejor. Mientras en España  Amnistía Internacional se encargaba, como lo hace cada poco, de pedir (otra vez) al Estado español, un plan integral que evitara actos y actitudes racistas, xenófobas, antisemitas o islamófobas. Entre los  discriminados, se encontraban los gitanos europeos, especialmente en cuatro ámbitos fundamentales: educación, vivienda, trabajo y sanidad.

Poco antes de la adhesión del país enla Unión Europea, en septiembre del 2006 se anunciaba que tendría que cumplir estrictas normas en materia de control de la corrupción y de limitación de los fondos agrícolas, pero que a todas luces, gozaba de buena salud, que era todo un “Estado solvente”. Daba igual que el estado, más que Estado, no tuviera dinero para pagar dignamente a sus funcionarios y que mantenía una administración extremadamente endogámica, o que tuviera una corrupción institucionalizada, oriunda del comunismo y de la política de privilegios que supuso en su momento ser colaborador de la securitate o ser miembro del partido. En efecto, en tiempos del comunismo, si uno era un decano de la universidad y se iba a España a realizar un trabajo de investigación, una pasantía o un mero intercambio, era un colaborador, o en su defecto, toda una excepción que confirma la norma. Pero todo eso es peccata minuta en comparación con los beneficios que el nuevo país generaría a la especulación europea.

Pronto el sector privado, como hiciera en su momento en Polonia pero de manera más virulenta, “invertiría” en el nuevo país en el suelo –es decir comprando pisos para luego venderlos o terreno para construir- encareciendo el precio del suelo y haciendo que las viviendas y el nivel de vida en general subiera drásticamente. Pero al fin y al cabo, todo  eso no era para nosotros más que peccata minuta, prueba de ello es que pocas voces críticas se alzaron contra el encarecimiento de la vida de un país que ya antes, tenía una cruda realidad social. Además, bien mirado, ¿quién no especularía si pudiera? Si no, no tenemos que mirar nuestro pasado más reciente. Como se preguntaba en su momento Emil Cioran, ¿es imaginable un ciudadano que no posea un alma de asesino?

Siguiendo con la lista de nuestros tópicos, llega el turno de Ceauşescu. Como sabemos el comunismo acabó con el fusilamiento de Nicolae y Elena Ceauşescu, en todo un proceso de pretendida revolución democrática, netamente rocambolesco. Peccata minuta en este caso, la suma de  1104 muertes, (162 de ellos en las protestas que pusieron punto final al régimen de Nicolae entre el 16 al 22 de diciembre de 1989). Películas como las de Corneliu Porumboiu A fost sau n-a fost? “¿Fue o no fue?” han planteado las dudas e incógnitas que rodearon este proceso revolucionario, claro que ésta apenas estuvo en nuestras carteleras. Lo cierto es que según dice la historia, la suerte estaba echada mucho antes del famoso episodio en que Ceauşescu intentaba dirigirse a la multitud desde uno de los balcones de la sede del Comité Central del PCR en Bucarest, para calmar a la gente que se concentraba en su contra. 

Allí, sólo obtendría abiertas muestras de rechazo, el mismo 22 de diciembre, cuando el ministro de defensa del gobierno de Rumania, Vasile Milea fuera encontrado asesinado, bajo circunstancias que a día de hoy todavía no han sido suficientemente, esclarecidas… Pero no abriremos aquí las “venas abiertas de Rumanía”, esa es labor de los historiadores. Ellos son los que se encargan de demostrarnos que las visiones diacrónicas no son un proceso simple, sino complejo. Los que entienden la historia como un sinfín de piezas, que si en su aspecto exterior se mantienen como unidades independientes, juntas, inseparables y ligadas a través de la abstracción, constituyen un puzzle, a modo de una perspectiva amplia de lo ocurrido. Una lección que permite considerar globalmente, por vocación propia, al hombre, como definió en su momento Gurvich, en su realidad, en su contexto de instituciones y de organizaciones económicas y sociales, a expensas de  que nunca podrán tener  todas las piezas del puzzle. ¿Cómo fue la democratización de Rumanía?

Cómo se explica que hace apenas unos pocos días la gente saliera a las calles tachando de nuevo dictador al presidente Traian Băsescu, reelegido democráticamente en su segundo mandato?

Pero nosotros no somos historiadores. Simplemente buscamos simplificar toda información en un acto más de arrogancia propia de las perspectivas del eurocentrismo más occidental, aquel que cree que la historia de Europa acaba allá en las fronteras de Polonia y Hungría. En nuestro desconocimiento ignoraremos que la salvación llegara de la mano de un “nuevo” grupo gobernante, el Frente de Salvación Nacional (FSN), surgido de la segunda fila del PCR con apoyo de los militares disidentes del gobierno de Ceauşescu y que sería el antecesor de dos de los tres grandes partidos políticos rumanos de la actualidad: el Partido Socialdemócrata (PSD) y el Partido Demócrata (PD). Del FSN, pronto sobresaldría Ion Iliescu, a la sazón, el antiguo miembro del Partido Comunista nacional, con una meteórica proyección política culminada con el cargo de ministro de Juventud en 1967. Presidente del Consejo del FSN, en las primeras elecciones sería elegido presidente, ahora ya de un nuevo partido, el PSD, con el que gobernaría durante tres legislaturas (1990-1992 y 1992-1996 y 2000-2004). Peccata minuta que en la constitución aprobada tras la dictadura comunista se especificara que los presidentes sólo pueden gobernar por un máximo de dos legislaturas.

En su primer mandato tendría que hacer frente a la “mineriada” del  mes de junio del año 1990, cuando, a raíz de unas confrontaciones entre la policía y manifestantes del centro de Bucarest, concentrados en protesta al mantenimiento de las estructuras comunistas en el marco del nuevo poder instaurado en Bucarest, miles de mineros invadirían la capital para “restablecer el orden”. “Peccata minuta” que cientos de ciudadanos inocentes fueran perseguidos durante los días 14-15 de junio,  cayendo víctimas de la violencia y del escarmiento.

Y llegamos al final de la historia. El 20 de diciembre de 2004, el antiguo alcalde de Bucarest, Traian Băsescu, se convertía en presidente después de ganar las elecciones presidenciales y ganaba un segundo mandato después de las elecciones del diciembre de 2009. La gente se había cansada de un PSD endogámico, que parecía haber hecho oídos sordos a la fuerza destructora del capitalismo y algunos aún mantenían esperanzas en un cambio de poder. Desde el 89, el país había crecido en un modelo bipolar, desatendido los motivos de justicia social propia de cualquier pretendido partido de izquierdas. 

Deteriorada la imagen del PSD, llegaba el tiempo del antiguo PD, ahora Partido Demócrata Liberal (PD-L) que se vendía así mismo como partido de centro derecha. Un nuevo cambio de cara, el turno de Băsescu. Pero como anunciaba E. Cioran “Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos”. Pronto el pretendido centro se presentó como una derecha neoliberal. El Estado seguía resquebrajándose y el capitalismo arrasaba a los más desprotegidos. Así las cosas, las medidas de austeridad aprobadas en 2010 para mantener un rescate de 20.000 millones de euros del Fondo Monetario Internacional (FMI) provocaron en su momento pocos signos de rebeldía por parte de una población totalmente desesperanzada. Sin embargo la protesta ante un controvertido proyecto de ley que anunciaba un drástico recorte en la seguridad social, provocó la chispa necesaria a todo un cargamento dinamita que llevaba años esperando. Pronto las protestas se levantaron en repulsa de las medidas de austeridad, de los recortes en el salario de los funcionarios y pensionistas, (a quienes el gobierno ha recortado el 25 y 15% respectivamente de sus salarios y prestaciones), la subida del IVA, la supresión de la pensión a los revolucionarios y un largo etcétera que acumulaba más y más piezas de un puzle a todas luces desquebrajado.

A mi vuelta a Rumanía ha empobrecido, muchos profesores que trabajaron conmigo se han ido, otros perduran, manteniendo una visión profundamente escéptica ante todo. Los medios de fuera que se hacen eco de la noticia parecen afirmar que todo un país se rebela. La verdad es que la lógica del escepticismo nos dice que el cambio de un gobierno no arreglará las estructuras viciadas del sistema que continúan retroalimentándose.

¿Qué piensas de las protestas que se han vivido, Dana? Por un momento me mira con la bondad infinita propia de una madre compasiva, que mira a su  hijo cuando éste, por primera vez, intenta formular una pregunta medianamente trascendental. Luego se apresura a desviar la mirada y me pregunta, ¿Sabes que Abraham (Bram) Stoker, el creador de Drácula (que no de Vlad Tepes), nunca estuvo en Rumanía?… La pregunta da para pensar en lo que apuntaba el filósofo Emil Michel Cioran “Lo esencial surge con frecuencia al final de las conversaciones. Las grandes verdades se dicen en los vestíbulos”. Y sí, Cioran era rumano o no, no me parece peccata minuta.

Hoy, el frío vuelve al corazón de Rumanía, congelando posibles manifestaciones. Apenas una cincuentena de personas sigue concentrada en la plaza dela Universidaden Bucarest, soportando diez grados bajo cero. El sábado cuatro de enero, en Bucarest dos hombres morían en su propia casa por culpa del frío.

Ayer como hoy, las primeras víctimas del frío son las más necesitadas. El lunes día seis de febrero, Emil Boc, primer ministro desde el 22 de diciembre del 2008, dimitió, según sus propias palabras “para aliviar la tensión social y política del país”. Mientras Ungureanu fue elegido primer nuevo ministro, gracias al apoyo de la coalición que respaldó al anterior gobierno de porte conservador y cercano al impopular presidente Traian Băsescu, a día de hoy una decena de personas resiste los diez grados bajo cero manifestándose en la plaza dela Universidad. Por su parte el nuevo jefe del Gobierno se comprometió a continuar con los acuerdos de Rumanía con el FMI y la política de ajuste económico. ¿Peccata minuta?

Foto: CaptainFugu (Bucarest)

Tags: ,

Comentarios cerrados