Insectos, medusas y especulación financiera: la dieta milagro del siglo XXI

31. mayo 2013 | Por | Categoria: Economía, Magazine

Hace unas semanas la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación  (FAO en sus siglas en inglés) hacía público un informe en el que ponía de manifiesto que incluir insectos en la dieta alimenticia resultaba saludable. A esta sugerencia le ha seguido, a modo de segundo plato, otro estudio reciente donde anima a consumir medusas (http://www.fao.org/docrep/017/i3169e/i3169e.pdf). Es perspicaz la FAO. Si somos capaces de tragarnos sin rechistar las indigestas recetas de la Troika ¡lo que íbamos a disfrutar degustando un soufflé de tábanos o de medusas!

Si leemos el mandato genérico de la FAO, dice textualmente: “Alcanzar la seguridad alimentaria para todos, y asegurar que las personas tengan acceso regular a alimentos de buena calidad que les permitan llevar una vida activa y saludable (…) El mandato de la FAO consiste en mejorar la nutrición, aumentar la productividad agrícola, elevar el nivel de vida de la población rural y contribuir al crecimiento de la economía mundial” (http://www.fao.org/about/es). Retengan esta última idea por favor, que luego les preguntaré.

Cachondeo en la cocina mundial

Es harto dudoso que estas últimas recomendaciones nutricionales de la FAO respondan adecuadamente a su mandato. Al menos en lo que concierne al acceso a alimentos de buena calidad y mejora nutricional de la población mundial. Por mucho que vengan avalados por sesudos entomólogos culinarios. Reconozco que no he leído los informes y si han tenido en cuenta por ejemplo factores culturales, tan importantes como la mera descripción química de sus componentes nutricionales. Es igual. No puedo imaginarme a estos avezados científicos tapeando cortapichinas por su barrio un domingo por la mañana. Muy posiblemente porque no tengan necesidad de ello.

Su recomendación parece un intento por convencernos de la necesidad de adaptar nuestro estilo de vida a una “realidad” de recursos cada vez más escasos y más caros. Pero ¿es la escasez o el precio lo que en verdad dificulta el acceso a una alimentación mundialmente sana y culturalmente congruente con los respectivos hábitos de una comunidad determinada? ¿Qué determina ese precio?

Hay oferta, pero los precios suben

Si nos referimos a los cereales, según las últimas perspectivas alimentarias que publica la FAO (http://www.fao.org/docrep/017/al993s/al993s00.pdf), su producción mundial en 2012/2013, habría descendido un 2,7% con respecto a la cosecha récord del año anterior, pero correría casi pareja con la de 2008, que fue el segundo resultado mejor. En el mercado de arroz habría incluso un incremento del 0,7%. Crecimiento que se observa en la yuca, semillas oleoginosas, azúcar, carne…

Si analizamos por contra la variación del índice de los precios de la FAO desde el año 2000 (http://www.fao.org/worldfoodsituation/wfs-home/foodpricesindex/es) podremos comprobar un crecimiento espectacular en los mismos. De 90,4 puntos en ese año ha pasado a 215,5 puntos, según datos de abril de 2013. Por productos el incremento más espectacular se ha dado en los cereales, la dieta básica a nivel mundial. De 85,2 puntos en el año 2000 a 234,6 en abril de este año.

Si contrastamos datos de producción de cereales de los últimos años con la evolución del índice de precios comprobamos que no ha existido riesgo de escasez en la última década, pero sí precios que han subido considerablemente. No es por tanto un problema de producción (oferta).

Especular con las necesidades humanas

Hay factores imponderables que contribuyen a encarecer el precio de los alimentos, como las malas cosechas. Otros derivan del paulatino y deseable desarrollo humano en determinadas regiones del planeta, como los llamados “países emergentes”. Hay causas cuyo origen hay que situarlo en decisiones de política ambiental, como el empleo de determinados productos agrícolas en biocombustible.

Sin embargo existen otros condicionantes que no se nombran de manera tan habitual, como las políticas impuestas por el Banco Mundial y el FMI desde los años setenta, forzando a los países a abrir sus mercados y tierras a las agroempresas multinacionales y a las exportaciones de alimentos subsidiados provenientes de los países ricos.

Entre estas causas del encarecimiento figura la especulación financiera. Un juego en el que aumentar el precio de alimentos es el objetivo ya que provoca como efecto elevar las rentabilidades para los apostantes pero perjudica a los consumidores, especialmente en aquellos países en los que un porcentaje grande de sus ingresos van dirigidos a comprar productos de primera necesidad.

Alpiste de oro para la mano invisible

La “financiarización” es el dominio que la lógica financiera depredadora ejerce sobre el conjunto de la economía. En el mercado mundial de alimentos lleva instalada hace años. Fondos “buitre”, bancos de inversión, fondos de pensiones…, todos husmean aquellos factores que pueden contribuir a hacer escaso un determinado producto y por tanto ser susceptible de incrementar su precio. Con ello especulan. Es decir, no producen, no transforman la mercancía o la distribuyen, lo que sería propio de una economía real. Apuestan comprando contratos vinculados a esa mercancía, con el objeto de ganar a partir de la variación de los precios futuros de esa mercancías.

Pero no son incautos jugadores en un casino provinciano. Juegan con las fichas marcadas, que para eso son también la banca. El poder de estos tahúres es tal que apuestan sobre seguro. Estas rapaces compran miles de toneladas de un producto a precios actuales para acapararlo, disparar su precio y recoger ganancias. En enero de 2009 supimos que Citigroup, a través de su filial Phibro LLC, acumulaba crudo en gigantescos petroleros en las costas escocesas. Y seguro que recuerdan hace apenas un año la noticia de que Goldman Sachs almacenaba en el puerto asturiano de El Musel, centenares de miles de toneladas de carbón pagado al contado para venderlo en el momento apropiado. La mano invisible con as en la manga.

Lo mismo sucede con la especulación en alimentos. Estos terroristas financieros están comprando tierras cultivables a gran escala en África y Latinoamérica para producir o no, y hacerlo sólo en aquellos productos que les renten en su cuenta de resultados, nunca en función de las necesidades humanas esenciales. Con esta “lógica” si no hay trigo, no nos quedará otra que comer chinches.

Para concluir, merece la pena recordar que a principios de julio de 2012 tuvo lugar en Roma una reunión organizada por la FAO para evaluar el papel de la especulación de los mercados financieros y su impacto en los precios de los alimentos. En su intervención el director general de esta organización, José Graziano da Silva, quiso dejar claro que “no estamos hablando de la especulación relacionada con la previsión de precios y el normal funcionamiento de los mercados de futuros. Estamos hablando de la especulación excesiva en los mercados de derivados de productos básicos, que puede afectar a las fluctuaciones de precios y a su velocidad”. Quizá el problema sea dar por hecho que existe un “funcionamiento normal de los mercados” financieros y que resulta tolerable un grado X de especulación, siempre que no resulte “excesivo” para alguien (llamémosle X también).

Y ahora, amable lector o lectora, es menester recordar aquello que al inicio del artículo le pedía. El mandato de la FAO ¿lo recuerda? “contribuir al crecimiento de la economía mundial”. Tienen claro cómo hacerlo. Para unos nutritivas cuentas corrientes, para nosotros… ¡marchando una de orugas y medusas, paga la FAO!

Foto: Andy Sadler 

 

Tags: , , , , ,

Comentarios cerrados