Justificaciones injustificables

11. junio 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

Pues nada, que la cosa sigue tal como que a los ciudadanos nos dan de hostias día sí y día también mientras sale a la luz, posiblemente, un pequeño número de sinvergüenzas de entre los que existen y viven holgada e impunemente parapetados tras el muro de la vergüenza que la “clase alta”, económica y política, han levantado delante de nuestras narices.

Los parados lo son porque el desempleo está incentivado, o sea, que son unos vagos redomados, todos, mientras cepillarse miles de euros públicos en un fin de semana son gastos justificables.

Los ciudadanos tenemos que pagar todo tipo de servicios, o sufrir incrementos desproporcionados, mientras hundir un banco cobrando millones de euros, supongo que como incentivo, merecido por supuesto, sale gratis.

No me voy a extender en comparativas, más que nada porque cualquier ciudadano, seguro, tiene un montón de ejemplos rondando por su cabeza, así que me voy a centrar en el que, me parece, es el fondo de la cuestión.

Código Penal.

Defensa de lo público o, lo que es lo mismo, defensa del país, de sus ciudadanos y de sus recursos, los de todos.

Leyes.

Nuevas o modificadas, pero con el fin que deben tener las Leyes, que no es otro que el de ordenar el funcionamiento del país, el de dotar de libertades o limitarlas en defensa del colectivo, o de otras individualidades.

Que ese ente que llama “el legislador”, y que no es otra cosa que los políticos elegidos por los ciudadanos, se ponga a trabajar para ordenar el país, y para hacerlo con proporcionalidad, y para hacerlo en defensa del propio país, de los propios ciudadanos que elegimos al “legislador” sólo para que legisle, pero para que legisle en condiciones.

En nombre de absolutamente nada se pueden permitir desfases económicos como las indemnizaciones, o como demonios se llamen en cada caso, que han repartido cientos, quizá miles de millones de euros, entre gentuza que ni siquiera ofreció un rendimiento profesional adecuado. Ni entre la que lo ofreció.

Cuestión de proporcionalidad. Un ser humano es un ser humano.

En  nombre de absolutamente nada se puede admitir justificación alguna para que un trabajador público, y creo que privado tampoco, ocupe el cargo que ocupe, gaste indecentes cantidades de dinero en una cena, en un hotel, en un viaje, aunque sea de trabajo.

Me da igual que sea Juez, Presidente de Comunidad Autónoma o iluminado banquero, me da igual.

A legislar.

A poner lo necesario para que no suceda y, cuando suceda, a la cárcel.

Cuestión de proporcionalidad, cuestión de confianza, cuestión de profesionalidad, cuestión de responsabilidad, cuestión de justificar sólo lo justificable.

Y lo injustificable, ni se justifica ni se perdona.

 

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