La añoranza del “Tubo” zaragozano

14. septiembre 2010 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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Al regreso a casa –tras el asueto vacacional de todos los años en la costa levantina– me veo en la obligación de mostrar a mis anfitriones valencianos, por expreso deseo de ellos, el sector de la ciudad conocido popularmente como “El Tubo”. Su añoranza de aquellas callejuelas, por las que pasearon en todas sus visitas por aquel entonces a Zaragoza, es un perenne recuerdo de aquellos bares y restaurantes encadenados entre sí, que le dieron –junto a otros establecimientos allí ubicados– un sabor singular con su original atractivo a los  visitantes allá por los años 50 del pasado siglo. “Vayamos a ver el Tubo” han insistido una y otra vez, y a pesar de que aquello no era ni por asomo lo que fue en su época, no me fue posible disuadirles de su empeño.

 

“Tenías tu razón. El alma se nos ha caído a los pies al contemplar en lo que ha quedado convertido El Tubo de nuestra juventud”, me decían algunos de los antiguos visitantes.

 

Al ver reflejado en sus rostros la impresión que les había causado la quiebra del atractivo de su añorado “Tubo”, no puedo menos que comparar lo que fue y en lo que se ha convertido hoy este lugar de atracción de visitantes a la capital del Ebro.

 

Mi espíritu crítico comienza a calentarse tras esta desagradable visita.

 

De toda su riqueza turística no queda más que el simbólico bar “Texas”, que por perder ha perdido hasta el olor a los fritos que sin parar hacían como reclamo al gentío, y el restaurante “Casa Lac” cuya lápida sigue recordándonos que su inauguración se efectuó en el reinado del Fernando VII. Prácticamente nada más queda de aquella rastra de bares y restaurantes que le daban vida y alegría a las callejuelas de “El Tubo”. 

 

En cuanto a establecimientos, otro tanto de lo mismo. Solo la ortopedia “La Francesa” sigue en aquel rinconcito, frente al desaparecido restaurante “Casa Tobajas”, si bien creo que este pequeño comercio tiene los días contados. Esta tienda de condones era el único material que vendía sin parar, mi buen amigo y paisano Juan Furió. Claro que en aquellos tiempos era prácticamente el único lugar que sin reparos acudían los folladores, no solo de la capital sino también de las zonas rurales que venían a la capital a echar una cana al aire.

 

Dada mi estrecha amistad con el propietario de aquel comercio condonero, compartí muchas horas de tertulia con él mientras probaba sin parar las famosas “gomas” en aquel canuto que las llenaba de aire, para mostrar a cada uno de los clientes que aquello estaba en perfectas condiciones para su uso inmediato.

 

Del café teatro de variedades “El Plata” mejor no hablar, ya que tras un cierre que duró años, ahora parece que lo abrieron con forceps para recordar su encanto. Eso es “El Tubo” hoy. Un lugar muerto de la ciudad, un zombi que va parejo con el moderno centro comercial “Puerta Cinegia” de alta moda, que por allí tiene una de sus puertas y cuyos establecimientos especializados están prácticamente vacíos de clientes la mayor parte del tiempo.     

 

No es de extrañar este sentido mortuorio que le he dado a ese entorno, ya que la monstruosidad del edificio que a derecha e izquierda de la entrada de lo que fue “El Tubo” se ha construido, rompe la armonía urbanística con aquellas grandes losas blanca y negras, más propias de un señorial panteón, que de un edificio propio ubicado en el mismo corazón de la ciudad, como lo es la Plaza de España.

 

En fin, con el tiempo todo pasa y la muerte del esplendoroso “Tubo de Zaragoza” ha pasado ya hace tiempo a la historia. Sólo nos queda la añoranza de un tiempo mejor, que es el que se vivió en la calle de los Mártires y adyacentes de la Zaragoza del pasado siglo con su alborotado “Tubo”. Sólo un recuerdo vivo queda de aquel entonces: la viejecita cigarrera que sigue vendiendo su tabaco, como si el tiempo no hubiera pasado para ella. Y eso que allí envejeció ella también.

 

 

Foto: Escarlati

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