La Corona de Aragón, instrucciones (políticas) de uso

17. enero 2014 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

POR BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

En su discurso de Fin de Año, la presidenta del Gobierno de Aragón Luisa Fernanda Rudi nos “recordó” como aragoneses y aragonesas el “deber” y la “responsabilidad con quienes nos precedieron” lo que, según ella, nos obliga “a cooperar en la difusión de lo realmente acontecido, en la difusión de la historia real de la Corona de Aragón”.

Resulta siempre de interés conocer la historia propia y como tal habría que saludar el proyecto anunciado por Rudi bajo el nombre “Corona de Aragón. Historia y arte”. El que esto suscribe se declara un apasionado por el devenir de los territorios que conformaron esa peculiaridad política que fueron las tierras y reinos de la Corona de Aragón. Pero resulta esencial cuidarse de quién se arroga la facultad de escribir “la historia real” y sus propósitos ocultos.

La derecha en España y aledaños no es un dechado de memoria histórica, al menos reciente. Pero sí saben deconstruirla a su antojo para uso propio. Quizá me digan exagerado, pero no logro entender que el anuncio de un acontecimiento cultural tuviera cabida en un discurso político salvo que exista detrás un trasfondo. Sólo deseo que la propuesta de Luisa Fernanda Rudi no suponga una mera contraprogramación del Partido Popular frente al mercadeo histórico de Artur Mas y sirva sólo para sacudir al catalán y jugar al despiste.

Al margen de sospechas políticas, no hay mucho que admirar para el 99% de la población que padeció los siglos por los que transcurrió la Corona de Aragón. Miseria, vejaciones y explotación. Nada tan ajeno al pueblo como las crónicas de reyes, infanzones y otros burócratas de corte. Sí, lo sé. Así fueron las cosas y así nos las contaron. Pero mal haríamos en olvidar la dialéctica de la historia y su paradójica repetición, como tragedia primero y como farsa después.

Walter Benjamin nos alertó sobre una concepción del progreso concebida como un huracán ciego que arruina lo que encuentra a su paso. Es tarea presente volver la vista atrás y redimir a los olvidados de la historia, sus víctimas anónimas. Semejante compromiso tiene trascendencia de futuro ya que nos permite tomar conciencia de la posición que como pueblo ocupamos en el curso oscuro de los siglos. A quienes nos precedieron les prometían el paraíso del mismo modo que a nosotros nos ofrecen ahora una reducción de la prima de riesgo como remedio a todos los problemas. No hay tanta distancia entre una teología y otra.

¿Quieren ustedes no olvidar “a quienes nos precedieron”, como pide Luisa Fernanda? No contemplen la historia como literatura de evasión. Dialoguen con ella sobre la actualidad: el trato a las minorías religiosas y étnicas en las tierras de la Corona; el poder de la Iglesia; los privilegios forales de las clases nobles; la bestialidad de la justicia y las guerras caciquiles; la explotación de los campesinos, etc… probablemente se sorprendan de lo poco que han cambiado las intenciones de quienes firman la autoría de la historia.

De este modo amable lector, “no olvidar a quienes nos precedieron” no se refiere a la casta de los que gobernaron, sino a esa masa anónima de su misma o parecida condición social en aquel contexto. ¡Ay del pueblo que se crea los fetiches que le cuenten sobre su historia! Afánense por buscar en ella la motivación suficiente para asumir su “compromiso” con el presente y el futuro, y que los reyes y reinas de Aragón se cuezan en sus lechos de mármol frío.

 

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