La marcha negra… una premonición

12. julio 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

Las minas y los mineros.

Todo un clásico.

Junto con astilleros y cosas así, siempre han marcado un antes y un después en las protestas, las reivindicaciones, las revoluciones.

Siempre.

Ahora se presentan en Madrid con su reivindicación sectorial, que no particular, representando el sentir mayoritario, inmensamente mayoritario, de la ciudadanía, una ciudadanía no representada por sus representantes legales.

Y lo hacen en autobuses, coches particulares, trenes, bicicletas o burros, pero también con el sudor y el sacrificio de recorrer muchos, muchos kilómetros a pie en esa marcha con el apellido del color del carbón de sus minas, de sus puestos de trabajo, del sustento de sus vidas, familias, pueblos, comarcas, personas, españoles.

Ni en sus mejores sueños creativos pudieron acertar tanto con este apellido, y no por la relación con su reivindicación sino por su carácter representativo de la ciudadanía española.

Ni en sus mejores sueños creativos pudieron pensar en la oportunidad de elegir tal apelativo en este momento, para este día en el que España empieza a cambiar, el día en el que España abre otro tiempo.

Vendida la soberanía, rendido el patriotismo e hipotecado el futuro, España y los españoles inician un nuevo camino en el que difícilmente confluirán las voluntades ciudadanas con las voluntades dirigentes, un camino que se muestra completo de baches y resaltos… y sobresaltos.

No tengo ni idea de si el tránsito por ese tortuoso camino será más o menos calmado o un campo de batalla, pero si no creí en aquel 15–M, ahora sí creo, y a pies juntillas, que ha llegado un 15–M aunque sea con otras siglas, nombres o fechas literalizadas.

Decían en mi pueblo que, a veces, para arreglar un brazo hay que terminar de romperlo.

Lo que tiene la sabiduría popular.

 

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