La Nación sin Estado

21. junio 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión, Sin fecha de caducidad

Oigo por la radio que el Presidente del Gobierno ha decidido que este año no hay Debate sobre el estado de la Nación, con un par.

Que yo sepa, durante el curso político son dos los debates de mayor importancia, véase, el de los Presupuestos Generales del Estado y el del estado de la Nación.

El de los Presupuestos es de importancia vital pues de él debe salir la operatividad del Estado. Bien.

El del estado de la Nación no tiene esa importancia operativa, de acuerdo, pero cumple otra función vital: la de examinar la situación del país abiertamente, de cara a los ciudadanos.

Esta crisis económica se está llevando por delante multitud de sueños e ilusiones, pero también está destrozando multitud de valores y amparando comportamientos contrarios a la Democracia y prácticas políticamente contradictorias con los valores democráticos.

Creo que nadie medianamente maduro espera que se nos cuenten pelos y señales pues la prudencia entraña sigilo, pero nadie medianamente maduro debe entender ni soportar que se le hurte la debida información y, por supuesto, la explicación que los representantes políticos nos deben.

Los ciudadanos no tenemos que olvidar que los políticos, opositores o gobernantes, son nuestros representantes, trabajan por y para nosotros y porque nosotros les hemos dado ese trabajo, así que no debemos aceptar justificaciones injustificables de actos o acciones u omisiones injustificables.

Espero que la presión de los partidos políticos de la oposición, de los medios de comunicación y de quien sea necesario, obligue al presidente a dar marcha atrás en su antidemocrática decisión, en su dictatorial decisión.

También debería, o deberíamos, esperarlo del Rey, pero no tengo tan claro que tome cartas en el asunto.

Está muy bien que la monarquía defienda la monarquía, está en su derecho, pero estaría mucho mejor que defendiera la Democracia no sólo ante golpistas militares sino ante todos los ataques, aunque sean presidenciales.

En su descargo sólo un detalle: parece obvio que si don Juan Carlos le da una colleja a don Mariano no nos enteraremos.

Así estamos.

Nos dan de tortas económicamente, nos dan de tortas socialmente, nos dan de tortas políticamente, y para colmo no nos enteramos de nada.

Pero un futbolista ha estornudado y eso ya lo sabe medio mundo.

 

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