La regulación de la huelga en un “Mundo Feliz”

22. noviembre 2013 | Por | Categoria: Economía, Magazine

Del proyecto de ley de seguridad ciudadana al anuncio de una ley de servicios mínimos de huelga hay un corto recorrido a través del cual el gobierno del Partido Popular pretende llevar a la sociedad española a un “retorno al pasado” en el que todos somos sospechosos de vagos y maleantes. Sobre todo la clase trabajadora.

El éxito de la huelga de las empresas concesionarias del servicio de limpieza en Madrid ha asustado a más de uno al constatar que una de las armas de lucha de los y las trabajadoras sigue siendo válida. La contrarreforma adelantada por Rajoy responde a este hecho. Desde una perspectiva más amplia se está cumpliendo, punto por punto, las mismas pautas que tuvieron lugar en la Inglaterra de los años ochenta. A ella habría que dirigir las miras para analizar errores en la lucha, pues la estrategia política empleada es idéntica.

No había más que leer la prensa afecta al régimen neoliberal para comprender por dónde van los tiros de esa anunciada “regulación de la huelga”: “acabar con los privilegios de los trabajadores,” “acotar su duración máxima”… construir en definitiva un simulacro de reivindicación social hasta hacerla presentable y divertida cual parque temático. No dejemos que el 1º de Mayo se convierta en un Halloween primaveral.

En el estado de excepción en que nos encontramos el concepto “regulación de la huelga” es un oxímoron que denota miedo. Legislar la “Fuerza” de una clase a través del “Derecho” de la otra demuestra el conflicto básico esencial que subyace en el fondo de todo cuerpo social y demuestra un intento por desarticular una herramienta de lucha a través de la cual tratar de alcanzar una sociedad más justa. Para ellos, las utopías neoliberales se llaman Bangladesh y Suiza.

La clase dominante toma como rehén y excusa al “ciudadano” y al “consumidor”. Un argumento que pretende desestructurar y dividir una sociedad en la que el 90% vivimos del trabajo. Los conceptos de “ciudadanía” y “consumidor” son construcciones abstractas cuya pretensión es soterrar el hecho cierto de que nadie es una cosa u otra sin ser necesariamente trabajador. Y que como tales, en esta sociedad capitalista, vivimos en conflicto permanente. Su estrategia tiene por objetivo lanzarnos los unos contra los otros mediante la creación artificial del “enemigo”. Y nada mejor que nosotros mismos enfrentados a través de falsos roles sociales.

Su juego de máscaras se descubre cuando en esa apelación a la defensa de los “consumidores”no quieren incluir atentados como las “cláusulas suelo”, los desahucios o las preferentes. Fraudes colectivos contra los “consumidores” que sirven de rescate alternativo a la banca pero que no ha merecido la limitación de su derecho al abuso por parte de sus responsables. La razón es simple: bancos, grandes empresas y Estado pertenecen a la misma casta. Lo de las “puertas giratorias” no debería sorprendernos.

Una última reflexión: este anuncio ¿servirá al menos para espabilar al sedentarismo sindicalista oficial?

 

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