La revista Turia homenajea a los artistas Agustín Alegre y Manuel Viola

20. junio 2016 | Por | Categoria: Cultura, Cultura y Ocio, Magazine

El nuevo número de la revista cultural Turia, que se distribuirá a partir del 30 de junio, brinda a sus lectores un variado repertorio de temas. En este ejemplar, dos artistas de gran relieve, Agustín Alegre y Manuel Viola, son objeto de estudio y divulgación.

En primer lugar, Turia se ocupa de rendir homenaje a uno de los más singulares nombres propios de nuestra cultura: Agustín Alegre, un pintor turolense más allá de las modas que, además de ilustrar esta entrega de la revista, protagoniza un amplio artículo en el que se da noticia y explica su dilatada labor creativa.

Por otra parte, este año se celebra el centenario del nacimiento del zaragozano Manuel Viola, lo que se traduce en una buena oportunidad para redescubrir al personaje y su obra. Máxime porque Viola siempre merece la pena dado el carácter poliédrico de su trabajo artístico. En definitiva, una aproximación certera y clarificadora que brinda Turia a través del artículo “Hubo un Viola José, y un Viola Manuel”, elaborado por Chus Tudelilla.

Compromiso con Teruel

Turia homenajea al pintor Agustín Alegre (Santa Eulalia del Campo, Teruel, 1936) y lo hace desde la perspectiva de que, hoy, artistas como él son raros y excepcionales. Aunque, como bien subraya Marta Marco Mallent en su artículo, su pintura sea “deudora de la tradición pictórica aprendida de Rembrandt, Velázquez, Goya, o los más próximos del XIX español, Gimeno, Pinazo, Zuloaga, y tantos otros”.

Agustín Alegre se comunica con el espectador a través de la pintura en su más tradicional concepción. Y lo hace, según Marta Marco, “teniendo en cuenta todo lo que en la historia ha sido creación y no moda pasajera”. Esa circunstancia “le proporciona un conocimiento amplio y profundo de la pintura, de una tradición que no imita, sino de la que se vale para continuar sin yugo un camino propio, auténtico y trascendente”. Agustín Alegre intuye que aquellas obras que se basan simplemente en la novedad (de un medio, de un estilo, de una reivindicación puntual, etc.) “morirán sin remedio si no les sustenta algo más, algo ajeno e independiente al tiempo en el que nacen y que las hace perdurables”. La postura de Agustín Alegre supone para el pintor contemporáneo un ejemplo de convicción, firmeza y claridad de ideas.

La revista cultural también detalla de manera pormenorizada la trayectoria profesional como pintor de Agustín Alegre. Una biografía creativa que se inicia muy pronto, dado su talento natural, y que le llevaría a iniciar su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Teruel.

Finalizados sus estudios en 1958, emprende una carrera artística ya reconocida con varios premios. Agustín Alegre “comienza una costumbre, la de viajar, que no cesará en toda su vida de pintor, como requisito imprescindible para su forma de entender la pintura del natural, fruto de la experiencia directa con las personas, los lugares y las cosas”.

El regreso a Teruel, en 1980, supone para Agustín Alegre una nueva etapa que le permite retomar “temas pictóricos locales muy queridos y recurrentes que le hacen popular entre sus paisanos”. Son años, hasta su jubilación en los que no ha cesado de afrontar encargos de envergadura, como la realización de los trípticos de los Amantes para el Ayuntamiento de Teruel, o las sucesivas exposiciones en galerías comerciales de arte en toda España.

La labor artística de Agustín Alegre ha sido, en definitiva, la de un pintor figurativo. De ahí que su haya actividad creativa se haya desarrollado durante décadas de manera ininterrumpida, regular, segura y coherente. Porque la pintura ha sido su modo de vida y su forma de interrelación con el mundo”.

Centenario de Manuel Viola

Revalorizar el interés que merece la obra de Manuel Viola (Zaragoza, 1916 – San Lorenzo del Escorial, Madrid, 1987) y, en particular, su trabajo desde que en 1949 retornó a España, es el principal objetivo del artículo que le dedica Turia. Se trata de un certero trabajo realizado por Chus Tudelilla en que se traza un pormenorizado análisis de este artista polifacético y se analiza con detalle su producción creativa desarrollada antes y después de la Guerra civil española, un episodio vital que marcó en gran medida su trayectoria. No en vano, y como como bien se subraya en el artículo desde su título “Hubo un Viola José y un Viola Manuel”.

Manuel Viola es el nombre que adoptó José Viola Gamón tras el conflicto fratricida. Fue en 1949 cuando retornó a España y participó activamente en el reconocimiento e internacionalización del arte abstracto en España y, concretamente en su caso, del informalismo. Formó parte del grupo pictórico de vanguardia El Paso, en el que se encontraban también el pintor Antonio Sura y el escultor Pablo Serrano.

Pero antes de ese Manuel Viola, hubo un José Viola que primero en Lérida y luego en Barcelona se impregnó y participó activamente de la actualidad artística y literaria, con especial interés por el surrealismo.

Durante la guerra civil combatió en el bando republicano, como miliciano del POUM. Cruzó la frontera francesa cuando los nacionales entraron en Barcelona. Allí se relacionó con artistas e intelectuales españoles, llegó a ser asistente de Pablo Picasso y conoció a Picabia y en los años siguientes tuvo participación en varias destacas exposiciones colectivas.

Sin embargo, en 1949 y convertido en Manuel Viola, volvió a España. Según Chus Tudelilla, lo hizo para resistir y, en su caso, triunfar, nada mejor que hacer suyos los consejos de Picabia: “Apruebo todas las ideas, punto; lo único que me interesa son las ideas, no lo que revolotea a su alrededor. Me repugnan las especulaciones sobre las ideas”.

Foto: Aragón Press

 

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