Las “Cajas de Ahorros” y los buitres que vienen

18. octubre 2013 | Por | Categoria: Economía, Magazine

El congreso de los diputados ha iniciado los trámites parlamentarios para aprobar una nueva ley de “cajas de ahorros” que levantará acta definitiva de su defunción. En realidad, a estas alturas ya no cabe hablar de cajas sino de bancos gestionados por cajas, que es el meollo de la futura normativa.

La historia de la degradación de estas entidades “sociales” corre paralela a la de nuestra democracia hasta convertirse en su metáfora perfecta. Un formalismo legal reiteradamente incumplido a base de caciquismo y un disimulado compromiso social con el que justificar su existencia. La plasmación más evidente era el circuito cerrado que formaban sus consejos de administración y las burocracias del partido de turno. Caja Madrid y las cajas valencianas son ejemplo de escarnio para el Partido Popular, como Caja Castilla La Mancha lo es para el partido “socialista”. Aquí era donde el turnismo trataba de perpetuarse en una democracia a la sombra, mientras los clientes quedaban arrinconados. Valga el recordatorio de las preferentes para entender el papel que se les asignaba.

La imagen de la serpiente que se devora a sí misma sirve para visualizar la foto de esta endogamia. Desentrañar dónde comienza la degeneración, si en el poder económico que simbolizaban las cajas o en el político de las estructuras de los partidos, constituye un ejercicio de reflexión imprescindible para no caer en una “económica política” de la corrupción.

Como sabemos, las cajas ahora han mudado todo su negocio financiero hacia una tercera entidad que es gobernada por una o varias cajas de ahorros, convertidas en fundaciones. En cierta forma sigue existiendo control de la caja sobre el banco. Hay que recordar que las cajas gestionaban más del 50% del mercado financiero español. Un apetitoso bocado para bancos, patrios y foráneos. La futura ley vendrá a romper todavía más este vínculo. Asistiremos a un apocalipsis caníbal a cámara lenta con la chicha financiera de las antiguas cajas como delicatessen. Y en muchos casos con el aderezo del dinero público. Un festín de piratas, vamos.

En este sentido, el debate parlamentario de la nueva ley tiene dos puntos esenciales: la separación completa de los órganos de gobierno de la caja respecto de aquellos que gestionan el banco (el filón financiero) y la obligación de constituir un fondo de provisiones a cargo del patrimonio de las cajas.

La primera cuestión ya ha suscitado críticas por parte de los grupos parlamentarios nacionalistas, cuyas cajas (La Caixa, Kutxa…) resistieron sin aparente destrozo el tsunami del ladrillo. Pero a la Troika no le importa que paguen justos por pecadores. El negocio es el negocio y la creación de bancos y su desvinculación de la matriz, la fundación de las cajas, prepara el terreno a futuras invasiones.

Con la segunda modificación se pretende que la obra social de las cajas avale los riesgos del banco. Una manera descarada de imponer las costas de las pérdidas financieras con cargo al patrimonio social de las cajas. Una argucia para desmontar su aportación social que se empleará para lavar las heridas de la banca. Un expolio histórico con la pompa de boletín oficial.

El ministro Guindos es un cínico si cree como ha afirmado que con estos cambios no se volverá a comprometer todo el sistema financiero. El fondo de su mensaje presupone que al no haber políticos en la gestión de los bancos de las antiguas cajas, su gestión será mejor. Un trabajo exclusivo para “gurús de las finanzas”. Olvida de forma hipócrita los rescates a las muy profesionales bancas inglesa y holandesa (ING); los destrozos en sordina de los irresponsables bancos alemanes (que estamos pagando toda la ciudadanía europea); las trapacerías de los bancos de inversión yanquis, o la venenosa influencia del capital riesgo en empresas como Panrico. Guindos, antiguo hombre de negro de Lehman Brothers, parece estar haciendo ya curriculum. Quién sabe para qué entidad buitre. Quizá para Goldman Sachs.

Foto: Luis García

 

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