Los ancianos y sus vacaciones perpetuas

31. agosto 2010 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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Para muchos así es. Unos las pasan a lo largo de todo el año disfrutando –casi– de lo mejor que ofrece la vida. Desgraciadamente, ven cómo algunos de sus allegados o íntimos amigos se van quedando por el camino, pero es ley de vida y ante eso no cabe otra cosa que esperar pacientemente lo que el destino les reserva. Mientras el cuerpo aguante, en ese ciclo vacacional perpetuo que comienza el 1 de enero y termina el 31 de diciembre de cada año, hacen bien en sacarle todo lo que puedan a la vida ya que en definitiva eso es lo que se llevarán por delante.

 

Otros ancianos, menos afortunados, pasan sus vacaciones “anuales” como si fuera una cadena perpetua. Algunos de éstos, son abandonados completamente a su suerte por familiares e incluso por las propias instituciones, esas que tanto se pavonean “vendiéndonos” un Estado de Bienestar ficticio. Un claro ejemplo de ello se ha dado estos días en la Comunidad valenciana, en donde 1.800 personas de avanzada edad que estaban acogidas en residencias concertadas por el Gobierno autónomo, a las que venía costeando desde hace años el 80% del importe de su plaza, y que ahora con una desvergüenza que clama a los cielos los mandan a la puta calle a partir del 1 de septiembre, por no disponer de presupuesto para renovar el contrato con las entidades privadas que los acogían.

 

Esta falta de sensibilidad del presidente del Gobierno valenciano, el tan traído y llevado señor Camps, pone de manifiesto el abandono institucional más absoluto para quienes más necesitan ayuda. Y por si esta ignominia no fuera lo suficientemente demostrativa de la nefasta actitud de estos gobernantes, se da el caso de que la decisión no se ha hecho pública hasta que el vicepresidente tercero del señor Camps, Juan Cotino, ha comprobado que su familia ha vendido la participación que tenía su empresa (Sedesa) en 30 de estas residencias que estaban concertadas ¿Se puede llamar a esto “tráfico de influencias”? Habrá muchos que piensen que así es. 

 

La raíz de ello está en la deriva de privatizarlo todo que han tomado muchos gobiernos autonómicos (Aragón no es una excepción) liberándose con ello de crear sus propias residencias, sus centros de día y los servicios de ayuda a domicilio, pensando que con dinero concertado a estos gestores tenían resuelto los problemas de los ancianos. Lo malo de este planteamiento es cuando no hay partida presupuestaria para renovar estos contratos con las entidades privadas que les hacían la labor, entonces todo se viene abajo como esos castillos de arena tan bonitos que suelen construirse a orillas del mar en esta época veraniega.

 

En fin, ahí quedan las dos caras vacacionales de los ancianos en esa moneda del destino que les toca vivir. En una están esos viejos a los que no se sabe qué hacer con ellos condenándoles a una auténtica cadena perpetua para el resto de sus días. En la otra, los viejos que aún se valen por sí mismos y le echan vacaciones perpetuas, hasta que caiga el telón de sus vidas.

 

De cualquier manera, no he olvidado nunca la emoción con la que un líder gitano de Zaragoza me hablaba del respeto y de cómo la inmensa mayoría de sus viejos morían en los brazos de los suyos. Ellos no necesitaban residencias ni centros de día y mucho menos atención a domicilio. Les bastaba con el cariño y veneración con que los suyos les mostraban cada día a sus mayores. Eso es lo mismo que se hacía mayoritariamente entre los “payos” antes de entrar en la sociedad del consumismo y del “cariño” a los animales de compañía a los que se mima y cuida sin reserva alguna. Qué contradicción y sobre todo ¡Qué despropósito!

 

Así son las cosas, amigas y amigos de Crónica de Aragón. Con este sabor agridulce regresamos a la vida cotidiana tras un simulacro vacacional, integrado de lleno en esas “Vacaciones perpetuas” que comentábamos al inicio de estas reflexiones y denuncias que aquí quedan plasmadas.

 

 

Foto: Asilo de ancianos de Sueca, Valencia (autor: Shinxenius)

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