Los despachos del Real Zaragoza sufren la llegada del huracán “Manolo Jiménez”, poniendo en evidencia la estructura del edificio

8. junio 2012 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

por Armando Sanjuán

El vetusto bastión Pedro Herrera, amarrado al hormigón mediante varillas de acero; impedían arrancarlo. En 19 años no ha habido persona, ni grúa del máximo potencial, capaz de moverlo. Ha sido un humano, quien haciendo uso de los básicos y obvios objetivos: seriedad, honradez, trabajo, psicología, valentía, y fe en sus convenciones, quien lo ha mandado a freír espárragos.  

Si el fichaje de Manolo Jiménez fue el oportunismo de la suerte, recuperando un Real Zaragoza a punto de sufrir un ictus, la “presunta incorporación” de Fernando Molinos, todavía pendiente del último trámite, supone una cimentación para un nuevo edificio, para un nuevo Real Zaragoza. Jiménez, (solito), haciendo uso de sus dotes deportivas y una buena dosis de psicología, ha obrado el milagro de la salvación del descenso, con jugadores inconexos.

La incorporación de Fernando Molinos (se da por hecha), ocupando la presidencia del Real Zaragoza. ¡Hace pensar! en el pulso que le ha echado Manolo Jiménez a Agapito, no ha sido un farol. La jugada de póquer, que vienen manteniendo durante estos días, le ha demostrado a Agapito que las cartas del rival han sido para derrotarle. Son… para doblar la rodilla ante su único salvador.

La figura de “Nando es alargada”. Es poner firma a un proyecto, mejor, un gran proyecto. Objetivos coherentes marcando los tiempos. Conocedores de la seriedad y conocimientos de Manolo Jiménez, podríamos asegurar que este fichaje se ha producido con su consentimiento. En cualquier caso, sin entrar en matices, es un gran fichaje.

El currículum de Fernando Molinos es envidiable. Nacido en Soria (de forma casual) resulta una “paradoja” la coincidencia de dos sorianos, antagónicos en las formas socio–deportivas. Formado en la cantera del Real Zaragoza, formó en el centro con el incombustible Violeta. Digamos fue como un puente entre los Magníficos y los Zaraguayos. No pudo triunfar por razones difícilmente explicables.

Pasó al RCD Español en 1974 y se erigió en un icono, imprescindible dentro del club. Licenciado en Derecho y Ciencias Sociales. Vinculado a Ibercaja, estuvo varios años como asesor y abogado. Uno de los hombres más valorados en la Federación Española de Fútbol. Muy ligado a la liga del fútbol profesional y al mundillo futbolístico. Destaca como un GRAN GESTOR en los organigramas estructurales del fútbol.

Modesto, humilde, conciliador y humano, no oculta su zaragocismo cuando la ocasión se presenta. Su calado y estima en el Español adquiere una valoración suprema. En la actualidad ocupa la vicepresidencia, incluso, con visos de presidencia. No oculta, con la mesura que le caracteriza, su españolismo tras las secuelas de los años allí vividos. Pero… tampoco el corazoncito de su Real Zaragoza, sufriendo las barbaries agapitenses.

Personalmente considero que el binomio Jiménez–Molinos, nos permite ser optimistas. Se complementan dos personas cuyo denominador común es coincidente. Seriedad, respeto, psicología, conocimientos futbolísticos, relaciones públicas, humanidad, zaragocismo,… valores sumamente estimables. 

Como proyecto imprescindible, ambos coinciden en la reestructuración de la Ciudad Deportiva, prestando especial atención a la formación de su base nodriza de un Real Zaragoza en momentos de auténtica austeridad.

La desaparición de Agapito del armazón del organigrama estructural, ¿será verdad? Es la mejor noticia para que el Real Zaragoza vuelva a ser lo que fue.

La afición y cuantos llevamos el Zaragoza en el corazón, si todo sale como está previsto, estas noticias son balones de oxígeno; todavía sin superar los “berrinches” agapitenses.

 

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