Los jubilados, ante el dilema de su pensión

26. julio 2010 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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La inmensa mayoría de los jubilados de este país se encuentran desorientados ante las diversas opiniones vertidas por los políticos del arco parlamentario.

 

Unos, los que sustentan al Gobierno, afirman que las medidas de ajuste que prevén suspender la revalorización de las pensiones para el 2011 (excepto las mínimas y las de viudedad, que suman más de tres millones de pensionistas) suponen un reajuste necesario. Otros, el conjunto de los partidos de la oposición, muestran su disconformidad absoluta con esa medida. La verdad es que el resultado de este debate, que afecta a los pensionistas, lo pierde el partido del Gobierno, pero como ello no es vinculante, todo queda en agua de borrajas. Conclusión: Lo que tenga que ser será y… a otra cosa mariposa.

 

Exactamente igual pasará en lo referente al previsible aumento de la edad de jubilación de 65 a 67 años, para llevarla a cabo a medio o largo plazo.

 

Mientras se discute al respecto, a los ancianos que percibimos la pensión mínima cada fin de mes, parece como si la cosa no fuera con nosotros y por ello continuamos jugando a la petanca, al dominó o al subastao, o simplemente nos dedicamos a pasear. Claro, que a quienes ha de importarles cómo queda este rifirrafe es a los que tienen pensiones de cierta envergadura. Ya que –como en todo en la vida– también en esto de las pensiones hay diferencia de clases.

 

Por una parte están los jubilados de lujo (con elevadas pensiones) y por otra – como ya queda dicho– están los pensionistas de hambre. En esa diferencia está el interés en mayor o menor grado referente a lo que se cuecen los políticos sobre este enrevesado asunto.

 

Una cosa es cierta, que el marrón de esta medida de reajuste en relación a las pensiones, se lo va a comer en solitario el PSOE, mientras que el resto de los grupos dan palmas con las orejas ante esa censurable actitud, que solo es equiparable a la de aquel tonto que echaba piedras sobre su mismo tejado.

 

Todos estamos de acuerdo en que la crisis económica es un problema que nos afecta igual que a los otros países que integran la Unión Europea, de la que formamos parte para lo bueno y lo malo. Ese macroestado, donde se intenta buscar por todos los medios el camino para salir de esta enorme crisis, está llevando a cabo severos planes de austeridad.

 

Los viejos no alcanzamos a profundizar si otros países de la UE también han echado piedras sobre su tejado. Lo que sí sabemos, aunque no demasiado bien, puesto que nuestra cabeza ya no rula a pleno rendimiento, es lo que aquí ocurre, y por lo que se ve y se oye, o bien estamos en manos de unos gobernantes que son tontos de remate o que por el contrario le echan lo que hay que echar, con un par, para salir del atolladero, sin importarles lo más mínimo perder la confianza –incluso la de sus votantes en las próximas elecciones– con medidas tan impopulares como las que vienen tomando para salir a flote de esta inmensa riada que se nos ha venido encima en todo el mundo mundial llevándose por delante todo cuanto pilla en su desbordado cauce.

 

A este respecto me viene a la memoria una frase del histórico político prusiano Otto von Bismarck, bajo cuyo gobierno logró –a costa de grandes sacrificios y enfrentamientos– la unidad de Alemania allá por 1880. Este gran personaje fue quien dijo que “el político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación”.

 

La incógnita a la hora de definir en nuestro país –en estos difíciles momentos– está en deducir a quién podemos catalogar de manera inequívoca para hacerse acreedor a cada uno de los dos conceptos de los que nos hablaba Bismarck.

 

Al margen de ello, y volviendo al tema que nos incumbe, uno piensa o quiere pensar –a la antigua usanza– que después de apretarle el cinturón a los más débiles, pronto será la hora de ajustarles las cuentas a los que tienen la pasta a raudales, a pesar de la crisis. Las medidas de reajuste que ahora se toman han de servirles de ejemplo a seguir, pero… ¡Ahí te quiero ver, escopeta! De no hacerlo, habrá que mandar el toro de la gobernabilidad a los corrales del desprestigio más absoluto.  

 

De cualquier manera, siempre se ha dicho que el poder desgasta, pero desgasta sobre todo al que no lo tiene. El tiempo pondrá en su lugar a cada cual.

 

Esperemos.

 

 

Foto: archivo Gobierno de Aragón

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