Los pensionistas de hoy y del futuro

26. febrero 2010 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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En repetidas ocasiones he comentado la insuficiencia de nuestras pensiones (sobre todo las mínimas, que son la inmensa mayoría). Hoy, a la vista de lo que piensan llevar a cabo en el futuro los cabezas pensantes de la economía, estas cantidades miserables que recibimos cada mes, les parecerán gloria bendita a los que se jubilen allá por la década de los 30 ó 40 (vaya usted a saber con cuantos años de cotización y si la edad será a los 67 ó a los 70 años de su vida profesional).

 

Nosotros hoy, podemos dar palmas con las orejas si contemplamos las parcelas del estado de bienestar que todavía se mantienen en pie, como las Residencias y Servicios de Estancia Diurna –aun con déficit de plazas–, la atención sanitaria, con espléndidos hospitales públicos y personal al más alto nivel, los medicamentos gratis total, la atención a domicilio para ayudas domésticas –también insuficientes–, los viajes a precio de coste, los centros de ocio o de convivencia y un largo etcétera de los que nos hemos dotado los españoles que hoy somos pensionistas.

 

Sin embargo, tengo la sensación de que los futuros jubilados no temen perder todos estos derechos, o al menos nada hacen para defenderlos. Creo que no son conscientes de lo que se les puede venir encima, por que si no le echan un “par” a la situación lo van a tener muy crudo.

 

Como demostración de que el desinterés es general, ahí queda la imagen de soledad en que se encontraban los dos sindicatos mayoritarios en la manifestación convocada en contra de la jubilación a los 67 años. Que en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia asistieran unos grupúsculos de sindicalistas que no superaban entre todos cien mil personas teniendo en cuenta que en esas ciudades viven varios millones de trabajadores afectados, no significa más que dos cosas: o que los sindicatos han perdido totalmente la credibilidad o que los futuros pensionistas tienen tal grado de confianza con Rodríguez Zapatero que creen plenamente que impedirá el deterioro en los aspectos sociales.

 

Bajo mi punto de vista, si los pensionistas del futuro no se unen en una acción unitaria en la que todos deben comprometerse a defender lo suyo en el mañana, están más perdidos que “Carracuca”. Ellos, con su presencia en bloque pueden incluso cambiar el ritmo sindical en que se mueven CCOO y UGT, lo cual no quiere decir que haya que prescindir de ellos, ya que si así se hiciera, a ver quiénes y de qué manera podrían prestar la base organizativa que de hecho tienen nuestros sindicatos.

 

Claro que a lo peor salen voces a miles reivindicando la estructura del sindicato vertical de los tiempos nefastos de la dictadura, o la de los sindicatos amarillos que no defienden más allá que sus propios privilegios profesionales. Todo es posible, pero lo razonable es que los sindicatos (que amparados por la Constitución, tienen reconocido –entre otros– el derecho de huelga), sirvan como base fundamental para la defensa de los trabajadores.

 

Por lo tanto, si de ellos se prescinde es como hacer añicos una de las armas para la defensa de que se dispone. Y en la última manifestación eso es precisamente lo que de manera irreflexiva han hecho los millones de trabajadores de este país al quedarse en casa.

 

En cuanto a la confianza que pueda infundir todavía el Presidente del Gobierno, para no mover ni un pie en contra del proyecto relativo a pensiones, nada de nada.

 

O sea que a fin de cuentas, lo que les falta a los futuros pensionistas es la chispa necesaria para movilizarse en su propia defensa. A eso se le llama ser unos irresponsables.

 

Allá ellos. A nosotros, los jubilados de hoy, que sabemos que el negro porvenir no nos afectará para nada, porque para entonces ya estaremos en las “praderas de Manitú” junto a “Toro sentado” o el rebelde “Jerónimo”, hoy por hoy, lo mismo nos da leche que caldo–teta y sólo lamentamos que las generaciones que hemos creado, nos demuestren con sus actos que son unos perfectos “pasotas”.

 

En fin, con el pecado llevan la penitencia. Mientras tanto en casita se está mejor, sobre todo si hay fútbol en TV.  

 

 

Foto: G.dallorto

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