Los valencianos tienen su cruz de quita y pon

13. junio 2011 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

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Juan Perpiñá.- El miembro del Opus Dei (Obra de Dios) Juan Cotino, fiel a sus principios religiosos ha llevado a cabo el malabarismo de poner y quitar, en el hemiciclo parlamentario de Las Cortes Valencianas, su particular crucifijo en el acto de jurar su cargo como Presidente de las mismas. Con ello quiso mostrar –según sus propias declaraciones a la prensa– que el juramento lleva consigo el poner a “Dios por testigo, y para los cristianos la representación de Dios es la Cruz”.

 

Finalizado el solemne juramento, la Cruz fue retirada del hemiciclo y devuelta al despacho presidencial del seráfico Juan Cotino. En resumen, se trataba de una Cruz viajera que no ha servido más que para levantar ampollas en aquellos descreídos que se han empeñado en sacarle pelos a la calavera a un asunto que, en el fondo, sólo trata sobre la perseverancia de algunos a la hora de anteponer los símbolos de una parte (la suya) sobre los del conjunto de la ciudadanía.

 

Para el resto de los valencianos, toda esta parafernalia de La Cruz transportable, no es más que un intento de restregarles por el morro las creencias religiosas de quienes tienen la sartén por el mango y el mango también. En suma, una imposición más de las que desde hace años les imponen unos presuntos facinerosos (según la opinión de una minoría de valencianos) que han convertido aquella Comunidad Autónoma en una finca propia, sin importarles en absoluto implicaciones e imputaciones judiciales, y con el espaldarazo que proporciona una contundente mayoría electoral. Esa es la autentica cruz que sufre la ciudadanía valenciana.

 

Por eso llama la atención que este Juan Cotino (proveniente del mundo empresarial agrícola y de la Construcción) venga ahora a predicarnos que “estamos aquí (en referencia a todos los parlamentarios y a él mismo) para servir a los valencianos” y añade “que no se puede empezar esta legislatura ni con rencores estériles, ni con vocación de imponer”. A quienes ya conocemos la hipocresía que se gastan muchos de los que actúan a su aire ocultándose bajo la Cruz, no resulta novedosa esta forma de sermonear. Así lo hacía el fundador del Opus Dei monseñor Escrivá de Balaguer en sus controvertidas charlas, cuando decía: “¿Integrismo? El Opus Dei no está ni a la derecha ni a la izquierda ni al centro. Hay que estar como Cristo, que sobre la Cruz abrió los dos brazos y no solo uno de ellos”. 

 

Así pensaba el hombre que más pronto subió a los altares en la Historia del Cristianismo. Así era él y así pastoreaba a sus “ovejas” a las que sin tapujos les expresaba en el punto 28 de su obra “Camino”: “El matrimonio es para la clase de tropa y no para el Estado Mayor de Cristo”.

 

A este “Estado Mayor” del Opus debe de pertenecer Juan Cotino, ya que lleno de santidad, ahí permanece soltero y a mayor gloria de Dios, ocupando sillones de poder (concejal con Rita Barbera, director general de la Policía con Aznar, consejero del Gobierno de Camps, y ahora presidente de Las Cortes Valencianas). Con ello no hace más (según dice) que seguir el lema de “San Francisco de Sales: Nada pedir, nada desear y nada rehusar”.

 

Así le va bien al hombre ¿Para qué pedir y desear más? Le basta con no rehusar a nada de lo que La Divina Providencia se digne concederle. Sin duda ello será bueno también para la Obra de Escrivá de Balaguer.

 

Cotino cumple con creces el designio de Dios llevando su Cruz cargada a la espalda, como corresponde a un miembro del “Estado Mayor”, que lo es como célibe, según sermoneaba El Padre. La incógnita es saber si Fabra y Camps y los  miembros de su Sanedrín, están o no integrados en la Obra. Si así fuere, lo cierto es que al ser hombres casados, no son más que carne de cañón, o sea pertenecientes –según el nuevo santo Jose María Escrivá de Balaguer– a la simple tropa ¡Menuda tropa!  

 

 

Foto: Entrada principal de las Cortes valencianas (autor: Martorell)

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One Comment to “Los valencianos tienen su cruz de quita y pon”

  1. carlos dice:

    Me parece muy bien que el sr. Cotino jure ante un crucifijo. Es un acto personal, que expresa sus convicciones personales, que muestra la coherencia personal política y privada. Es un acto que debe ser respetado. No entiendo el tono irónico y crítico con que algunos, también articulistas, lo han tratado. Mezclar este gesto con el Pus Dei, San José Maria y la Providencia me parece un despropósito.