Marcelino y Josefina, mayores que dejan profunda huella

2. noviembre 2010 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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Marcelino Camacho y su fiel compañera Josefina Samper, la cual –desde siempre– en perfecta comunión, secundó y estimuló a su admirado Marcelino a lo largo de su azarosa vida de lucha, viene a confirmar la frase que dice que “detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer”. 

 

Ambos nos han dado a lo largo de su trayectoria sobradas muestras de su perfecta sintonía en pro de la libertad, de la justicia social y sobre todo, de la necesaria igualdad.

 

Marcelino ya era conocido por gran parte del pueblo español, pero Josefina, parecía estar en la sombra y en realidad era una perfecta desconocida en este país. Ha sido en estos días, con motivo de los actos de despedida al incombustible militante del Partido Comunista de España y fundador de las Comisiones Obreras, cuando los medios de comunicación (en especial los múltiples reportajes de televisión) nos han mostrado a esta heroica mujer cuando –como una pareja más de ancianos– se daban sus tranquilos paseos, donde sin duda debieron comentar una vez tras otra lo que fue su agitada vida militante.

 

Esa pareja de excepción, cargada ya de años, han dejado para la posteridad una profunda huella, su vida ejemplar en todos los sentidos, es algo que las generaciones venideras no olvidaran fácilmente. La tenacidad y penalidades con que Marcelino luchó en defensa del mundo obrero, con el apoyo absoluto de esa otra luchadora silenciosa que a lo largo de su vida fue Josefina, se hicieron patentes cuando esa legendaria mujer hablaba a la multitud congregada en la Puerta de Alcalá ante el féretro de su marido, y no dejaba de enviarles a todos y todas un sinfín de besos y abrazos cariñosos por estar allí presentes en ese emotivo acto.

 

Fiel hasta su muerte, Josefina Samper daba muestra de encontrarse más que satisfecha por verse tan bien acompañada por aquella riada de jóvenes, que auguraban que la simiente de Marcelino daba sus frutos.

 

El semblante nada pesaroso de la venerable abuela del mundo sindical y comunista no era para menos. El orgullo de Josefina por la admiración de todos por el que fue –y seguirá siéndolo mientras ella viva– su eterno compañero estaba más que justificado. Los gritos insistentes de “La lucha sigue, Marcelino vive” era un fiel reflejo de que el recuerdo del legendario luchador será imperecedero.

 

La historia a veces es justa y le da a cada cual lo que merece. Marcelino y Josefina son una pareja irrepetible, por eso nos han dejado su profunda huella ejemplar. Alguien dijo que el mejor homenaje que se le puede hacer a quien ha dado méritos sobrados para hacerse acreedor a ello, es el imitarles.

 

Pero en este caso, es tan difícil hacerlo…

 

Foto: Brocco

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