Mirada retrospectiva sobre la geriatría

11. marzo 2011 | Por | Categoria: Magazine, Mayores

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En un tratado de medicina práctica del año 1983, titulado “Medicine”, he podido leer a lo largo de las últimas semanas las características de las enfermedades en geriatría y con ello la Patología de la senilidad.

 

En dicha publicación, el por entonces Presidente de la Sociedad Española de Geriatría, doctor Salgado Alba, manifestaba que en “España, donde la geriatría ya es una especialidad médica reconocida oficialmente, la sociedad empieza a reclamarla con insistencia”.

 

Y explicaba con amplio detalle que “el objetivo primordial de la geriatría es mantener al anciano en condiciones funcionales independientes y con una digna calidad de vida, que favorezca su salud física y mental y proporcionarle una vida activa. La geriatría debe valorar todas las necesidades de los ancianos, tanto sanitarias como sociales y asistenciales”.

 

Y añadía que, “es un error confundir geriatría con asistencia a enfermos crónicos. Y que la geriatría no es sólo la asistencia a enfermos crónicos, es fundamentalmente una rama de la medicina que persigue: evitar la aparición de la enfermedad; si la enfermedad se presenta, impedir que evolucione hacia la cronicidad o invalidez; conseguir que los casos que lleguen a la dependencia total sean los estrictamente inevitables. No se puede identificar geriatría con residencias de ancianos. La rehabilitación no debe limitarse al campo físico, sino abarcar también el psíquico y social, por ello la rehabilitación en geriatría, que debe ser precoz y continuada, tiene como objetivos la resocialización y la integración familiar del anciano”.

 

Cuando uno mira con detenimiento las actuaciones médicas que están a la orden del día 28 años después y las compara con todo lo dicho por el doctor Salgado, se lleva las manos a la cabeza, ya que en la pura rutina en que se ha convertido la asistencia médica al anciano, no es otra cosa que introducirse de lleno en el “error de confundir geriatría con asistencia a enfermos crónicos” que ya denunciaba el mencionado doctor.

 

Aquí y ahora todo se intenta solucionar a base de atiborrarnos a los mayores con fármacos o enviándonos a los especialistas urólogos, digestólogos, neumólogos y cardiólogos entre otros. Así son las cosas. En materia de geriatría bien poco hemos adelantado.

 

Para colmo de la situación concreta, el número de geriatras con que se cuenta es casi ridículo en una sociedad adelantada como se suele decir que es la nuestra.

 

Como demostración de que ello es así, no hay más que echar un vistazo a lo expuesto en el congreso de esa especialidad celebrado en Valladolid el pasado año, donde el actual Presidente de la Sociedad Española de Geriatría don Pedro Gil Gregorio denunciaba que la Comunidad de Castilla León, que lidera el índice de envejecimiento europeo con más de 600.000 personas mayores de 65 años, tan sólo son atendidas por una veintena de geriatras que trabajan en la Red Sanitaria Pública.

Es más, el referido doctor Gil Gregorio denunció que “peor es la situación en Andalucía donde la Red Pública no cuenta con especialistas geriatras” y añadía – sin tapujos– que “podemos seguir utilizando las mismas estructuras en medicina que en el siglo pasado”. O sea – pensamos viendo el panorama como está–  que tanto a nivel médico como administrativo le estamos dando la espalda a la importancia médica de la geriatría.

 

En el referido Congreso de Valladolid, se oyeron voces lamentando la situación y entre ellas merece la pena destacar la del doctor Blanco Varela quien afirmó que “se debe dar una atención integral que además de evitar recaídas y cronificación de enfermedades, resulta más rentable económica y sanitariamente”. Cosa que sería posible si de manera coherente se aplicaran las ventajas que lleva consigo todo cuando encierra la geriatría como rama –utilísima– de la medicina.

 

Pero aquí por lo visto parece ser que estamos todavía en el inicio de un camino, que recorremos a paso de tortuga ¡Qué le vamos a hacer!

 

Sería deseable que dentro de otros 28 años, la trayectoria fuera distinta a la que desgraciadamente hemos recorrido nosotros. Si todo sigue al mismo compás que hasta ahora y no se de la importancia que en el sistema asistencial público tiene la medicina geriátrica, y no se dota a la sociedad de las estructuras necesarias para crear comisiones sectoriales geriátricas que planifiquen y dirijan toda la asistencia geriátrica, se seguirá irreversiblemente dando palos de ciego en el cuidado que merecen las personas de avanzada edad con sus múltiples enfermedades a cuestas.

 

En definitiva, si las cosas no van por ese buen camino, el cuidado integral será poco menos que una quimera y los ancianos sus victimas propiciatorias.

 

 

Foto: archivo Gobierno de Aragón

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